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04 febrero, 2015

Promesas eróticas.

Woody Allen decía, creo que en El dormilón, que las mujeres de la revisa Play Boy no eran reales.

He encontrado este texto de Medardo Fraile en “Buscandoleonesenlasnubes”.

Escuche... Antes de venir aquí he estado viendo un rato la televisión; había una revista. Las chicas del conjunto eran todas igual de altas; tenían todas caras inteligentes -¡figúrese usted!-, todas parecían alegres -¡figúrese!-, y los muslos de todas eran un verdadero sueño. ¿Cree usted que son de verdad los muslos de las mujeres? No, yo le digo que no. No hay en ellos cansancio, ni dolor, ni carne, ni sangre, ni hueso, ni un fallo, ni sirven para andar. Los muslos de las mujeres son sueño, intangible sueño que siempre se escapa; gracia, aire, luz; río de sueño que no podremos nunca apresar con los dedos o contar con palabras; fuente de sed, campo de aterrizaje de cortos e inacabados sueños; sueño que se sueña a si mismo.


No creo que se pueda decir mejor. 

19 enero, 2015

La voz femenina.

Para un amigo, la belleza de la voz de una mujer era muy importante. Yo no lo entendía. La voz de alguien ¿es también ese alguien?

Ahora lo entiendo cuando escucho la música de Buscandoleonesenlasnubes, que tanto gusta de voces femeninas. En la hermosa voz de una mujer está ella y escucharlas, además de musical es una experiencia sensual y, en un sentido amplio, sexual.

28 diciembre, 2014

Sin testosterona. Gatos y Hombres.

Mi gato aún no está castrado. Dicen que, para vivir en un piso, se vuelven más tranquilos sin las hormonas que generan los testículos.

Con Escitalopram estoy como un gato castrado. Cuando veo una chica guapa disfruto, pero no pasa de ahí, no tengo deseo sexual ninguno. Es extraño, pero estoy muy a gusto.

25 julio, 2012

Mi padre y las ganas de vivir.

Mi padre está viejo. Nació en el año 21. Está muy bien de salud, puede andar, pintar (era profesor de dibujo y pintura), comer de todo, leer. Pero le pican los ojos (síndrome de ojo seco) y le escuecen. Eso le amarga la vida. No hay colirio ni remedio que le alivie y siempre se está quejando de los ojos. Le decimos que a los 91 años es lo mínimo que se puede tener pero eso no le consuela.


Mi padre tiene un miedo terrible a morirse y es eso lo que le hace sufrir tanto con los ojos. Yo creo que es una especie de somatización de su miedo a la muerte que por fuerza sabe cercana.

A mi padre no le escuecen los ojos si está pintando muy concentrado y tampoco cuando hablas con él de sus cuadros y sus cosas. Al hombre le gusta como a todo el mundo que la gente se ocupe de sus cosas. Pero los hijos estamos pendientes de nuestra vida y no le hacemos mucho caso.

Hace dos semanas mi padre perdió prácticamente la visión del ojo derecho. El médico le ha explicado que se trata de una especie de infarto. El ojo deja de ser regado por la sangre y pierde la visión. No se puede hacer nada. Él solo en ocasiones puede recuperarse pero no le han dado muchas esperanzas.

Lo que quería contaros precisamente tiene que ver con la visión.

Hoy, mi mujer y yo íbamos a pasar con el coche justo por delante de la puerta de su casa cuando vimos a mi padre salir de ella. Nos acercábamos lentamente al semáforo y nos tocó parar de modo que podíamos verlo desde dentro del coche a cierta distancia sin que él nos viera a nosotros y pudimos observarlo el minuto y medio que tardaba en abrirse el semáforo.

De repente mi padre se paró en seco. Le dije a mi mujer “se ha olvidado algo”. Pero entonces vi dos chicas jóvenes con falda y brazos desnudos que caminaban en dirección contraria a la suya. Como me conozco y se que de tal palo tal astilla le dije a mi mujer “se ha parado para ver a esas dos”. Las chicas avanzaron tranquilas los metros que las separaban de mi padre que no eran muchos mientras mi padre apoyado en su bastón las esperaba mirándolas fijamente. Cuando pasaron a su lado fue volviendo lentamente todo el cuerpo junto con la cabeza hasta quedarse casi de espaldas mirándolas marcharse. Luego continuó su camino despacio aunque aún echó una echó una última mirada atrás.

Mi mujer se reía mucho. Y me hacía reír a mí.

Parece que aún sabe disfrutar las pequeñas alegrías de la vida. Y eso que solo tiene ya un ojo.




Entradas relacionadas: Primavera, Play with me? 

04 abril, 2012

¿De qué manera influye la pornografía digital en la vida de pareja?

Es sabido que existen multitud de páginas pornográficas en internet lo que indica que un porcentaje de hombres las visitan habitualmente. No sé si existen datos estadísticos sobre el asunto pero voy a hacer una pura especulación.

Si los hombres que visitan estas páginas son hombres casados o con pareja su relación podía ser perjudicada por la pornografía. Así se deduce de lo que he leído en el libro “La evolución del deseo” de David M. Buss donde he encontrado este párrafo.

“Las imágenes de los medios de comunicación que nos bombardean diariamente, tienen, no obstante, consecuencias potencialmente perniciosas. En un estudio, varios grupos de hombres, tras haber contemplado fotografías de mujeres o muy atractivas o de atractivo medio, tuvieron que evaluar su propio compromiso con su pareja sentimental. Es preocupante que los que habían visto las fotografías de mujeres atractivas consideraran después que su pareja era menos atractiva que los que habían visto fotos análogas de mujeres de atractivo medio. Quizá sea aún más importante el que los primeros se consideraran menos comprometidos, menos satisfechos, menos serios con su pareja y menos cercanos a ella. Resultados paralelos se han obtenido en otro estudio en el que un grupo de hombres contempló fotografías de mujeres atractivas desnudas: posteriormente consideraron que se sentían menos atraídos por su pareja. “

Es posible que la aparición de internet y la facilidad de cualquiera on line para visitar estas páginas debiliten el vínculo que le une con su pareja en la vida real. Me parece creíble.

Al mismo tiempo no estoy seguro. También pudiera ser que funcionara como las queridas o las prostitutas de antes. En realidad más que debilitar el matrimonio tradicional muchas veces lo apuntalaban. Así creo entender que lo cuenta Rodríguez Adrados en su libro “Sociedad, amor y poesía en la Grecia Antigua”.

La prostitución (o la amante) funcionaba historicamente como una válvula de escape para la pareja monógama.

…………………………….

Me gustaría que algún estudioso pudiera decirme de qué modo están cambiando o han cambiado los vínculos sexuales con la aparición de internet.

Por ejemplo… ¿realmente es perjudicial (como dice Buss) la pornografía –una especie de infidelidad light- porque debilita el vínculo?

Otra pregunta ¿Es esta infidelidad light un incentivo para buscar infidelidades de más intensidad o al contrario es un sucedáneo y en ese sentido un freno de infidelidades más serias?

En fin, como ustedes comprenderán a este post no le voy a poner la etiqueta “personal” ni nada parecido porque el asunto constituye para mí un tema puramente teórico, of course. En todo caso para ayudar a algún amigo descarriado.

:)

19 junio, 2008

PRIMAVERA

El animal está inquieto. Tiene delante una hembra joven, un espécimen hermoso ideal para el apareamiento, y lo mira de hito en hito sin decidirse. En primavera es sabido que el buen tiempo favorece estas cosas, pero el animalito se consume en su deseo sin pasar a la acción.

El animal está inquieto. La presencia tan cercana de una hembra disponible despierta en él instintos atávicos, instintos que han sido cincelados a fuego en su código genético durante multitud de generaciones a lo largo de millones de años. Machos como él, antepasados suyos, montaron a hembras fértiles y sanas, o al menos suficientemente sanas como para darles descendencia y pasar sus genes (parte de ellos) a la generación siguiente.

El animal está inquieto. No es que piense en dejar más descendencia, ni siquiera piensa en el ayuntamiento directamente. Únicamente se demora mirando al ejemplar del otro sexo que tiene delante y experimenta sensaciones que cree que podrían quedar muy satisfechas con él.

El animal está inquieto. Sentado en su silla apenas puede concentrarse en los exámenes que está corrigiendo. La mujer que tiene en frente en la mesa de la biblioteca pública está claro que viene de un linaje de mujeres fértiles y hermosas y le proporcionaría una descendencia numerosa amén de algunos momentos de placer efímeros pero muy intensos.

Él es casi cincuentón y tiene el presentimiento de que muy pronto estas hembras le estarán vedadas. En realidad ya no son para él aunque siga agitándose en la silla y dándole vueltas a los deseos dentro de su cabeza.

Es primavera, el animalito está inquieto.

15 junio, 2008

CULO

A las 10 de la mañana del domingo, cuando pensaba ir al gimnasio me doy cuenta de que ya no tengo pagado el mes de junio. Primero pagué un semestre, hasta febrero. Luego un trimestre. Junio ya no entra.

En vista de eso salgo a correr. Antes leo media hora el ABCD, el suplemento cultural de ayer. ¿El artículo que escribía Muñoz Molina contra el toreo en el Babelia de ayer, lo haría después de leer el de Andrés Ibáñez en ABCD hace una o dos semanas? Me gustó más el de Ibáñez aunque no comulgue con sus argumentos, pero no he conseguido encontrarlo en internet.

Al final de mi recorrido veo una pareja de turistas que buscan el astronauta en una de las portadas de la catedral. No puedo deciros como iba vestido él. Ni siguiera como iba peinada ella. Sólo recuerdo que ella llevaba unos elásticos negros que ocultaban/mostraban un culo biodegradable inolvidable. En serio, no tenía desperdicio. Uf. Qué redondez, que armonía.

Les digo que tienen que acercarse más para poder distinguir el astronauta, él me pide que les diga dónde está para ahorrarse tiempo y yo les indico el lugar, más o menos.

Antes de irme vuelvo a mirar el culo de la chica. Es un culo muy bien terminado. Tengo noticia que esto es lo que etimológicamente significa “perfecto”.

30 mayo, 2008

LA POSIBILIDAD EN ZUBIRI

1-

El ser humano es un animal de realidades. ¿Qué quiere decir esto? Pues que mientras el animal ve en las cosas estímulos que de un modo claro y unívoco le indican cómo debe actuar ante ellos, y a eso se reduce su relación con ellas, el ser humano no sólo percibe estímulos que le afectan, sino que además capta su realidad. Se da cuenta de que las cosas son algo “de suyo”, con independencia de lo que significan para él. Este modo aprensión de la realidad, que no existe en el animal es lo que lo diferencia radicalmente de ellos. Y precisamente porque las cosas son algo que tiene una realidad en sí misma sucede que el hombre inventa para las cosas múltiples posibilidades. El ser humano capta la realidad y por eso se abre ante él el mundo de LA POSIBILIDAD. Esa es su esencia: ante el fuego el animal humano alumbra múltiples usos. Calentarse, cocinar, usarlo para limpiar rastrojos…

¿Por qué os explico todo esto?

Muy sencillo, se trata de mi relación con las mujeres. No puedo ver una sin recrear en mi cabeza las múltiples posibilidades que la vida con ella ofrecería. Es cierto que ya tengo una mujer y dos hijos con ella y en un sentido mi faceta sexual y paternal está realizada. Sin embargo, como buen animal de realidades, a cada paso encuentro mujeres (sobre todo las jóvenes) con las que no me es dificil imaginar innumerables situaciones bastantes satisfactorias en las que me realizaría como ser humano y particularmente como varón.

Y a veces mi mujer pregunta: ¿Qué pasa con esa chica que la miras tanto?

No, nada, estaba pensando en eso que dice Zubiri de que el ser humano es un animal de realidades.


2-

Para Zubiri hay un significado de la palabra bien que no tiene sentido moral. El bien es la realidad en tanto en cuanto el ser humano puede hacer su vida con ella. Tomado así casi todas las cosas son bienes para los hombres porque en ellas alumbran muchas posibilidades que les permiten realizarse con ellas y vivir. Los bienes son aquellas cosas con las cuales nos es más fácil hacer la vida porque están llenas de posibilidades. Es el significado que tiene la palabra “bienes” en castellano.

¿A dónde quería yo llegar con esta caracterización del “bien”?

Muy sencillo: a la definición de “tía buena” que se deduce de las ideas de Zubiri.

Una tía buena es una mujer a la que un hombre le ve “muchas posibilidades”.

En una ocasión, cuando comencé el blog, encontré una página que evaluaba blogs. No sé por qué dejé un comentario allí y le invité a que evaluara el mío.

No se hizo esperar y en seguida me dijo que le parecía el blog pre-pitopaúsico y que estaba desperdiciando mi talento. Lo que debía hacer, siendo yo profesor de filosofía, era intentar divulgarla aplicándola a la vida cotidiana.

Eso intentaba hoy pero creo que no me termino de escapar de la calificación de pre-pitopaúsico.

25 abril, 2008

EROS

He estado en un concierto de música en "La Taberna del Villano” en Mombeltrán. Al principio no me animaba a bailar, pero la música me ha ido inspirando más y al final he terminado bailando completamente libre.

Hablemos de mujeres. Desde el comienzo había una morena con una cola de caballo colocada muy alta que ha llamado mi atención. Era bonita, aunque no tenía cara de buenos amigos. Más bien parecía bravía. Lucía grandes pendientes de aro, un pantalón ceñido y un jersey que dejaba ver completamente desnudo su hombro izquierdo, sin ningún tipo de tirante.

Al final, cuando ya estábamos todos en trance ha aparecido una chavalita de ventitantos que me ha dejado noqueado. Su cara era dulce y sin sonreír abiertamente mantenía un gesto de simpatía que la hacía aún más bella, pero lo que se imponía con una fuerza descomunal era su escote. No es que tuviera grandes pechos pero era tan interesante lo que se veía de ellos y eran de una redondez tan perfecta que no creo que ni a uno solo de los hombres que estaban allí le hayan pasado desapercibidos. Su piel se adivinaba suave y homogénea y la media sonrisa que apenas se insinuaba hacía a su persona acogedora. Me ha mirado varias veces sin disgusto, seguramente alertada por mis ojos que no podían mentir. Words don´t come easy to me. Daría lo que fuera por poder recoger en palabras aunque sólo fuera una parte de su belleza. Con el tiempo me voy haciendo más exigente y encontrar una mujer así no me sucede muchas veces. Dios mío, qué mujer. Luego se ha debido quitar la cazadora que en un principio llevaba abierta porque he podido ver mejor su figura. Su blusa o camiseta o lo que fuera tenía también escote por detrás hasta muy abajo, pero únicamente se veía un tercio su espalda porque una chaquetilla oscura de punto muy cortita le cubría los brazos y los omóplatos. Personal atuendo.

¿Que hacer ante una mujer así? ¿Que sentir? ¿Como seguir viviendo tranquilo?

Una mujer hermosa promete todo. Es como una visión fugaz del paraíso. Viéndola uno cree que si estuviera con ella no echaría nada en falta.

Me he pasado la vida mirando mujeres inaccesibles. O si no inaccesibles, mujeres a las que de ningún modo pensaba acceder. Su interés consistía en estar siempre fuera de mi alcance. Tengo casi cincuenta y me parece que ya es hora de terminar con ésto. ¿O no?

Recuerdo que cuando tenía yo veinte años, viendo pasar a unas mujeres espectaculares le comenté a un cura amigo que lo que más me gustaría en la vida sería estar con unas chicas así. “Pues no sé que haces perdiendo el tiempo. Si es lo que más te interesa ponte a ello”. Nada más que lo dijo me di cuenta de que yo no quería conseguir mi deseo. Otros dirán que tenía miedo al riesgo, puede ser.

Mas bien creo que es como si siempre quisiera estar tensando el arco sin soltar la flecha. Es como si la verdadera satisfacción la encontrara en desear y soñar con lo que no tengo, imaginando que pueden dar más de lo que dan. No cumplir los deseos es un modo de mantenerlos siempre vivos. Nunca satisfacer el impulso de modo que su cumplimiento nunca decepcione es un modo de divinizar a Eros. Amar la búsqueda en lugar de su consecución.

Tengo edad para acabar con esta historia. Ya vale de tonterías. O me decido a irme con una tía buena o dejo de soñar con ellas. Mi actitud es inmadura, adolescente, es la de un hombre disminuido. Como un niño tímido que ve a otros jugar y no se atreve a meterse en el juego. ¿Quiero o no quiero estar con una tía buena?

Tengo que pensarlo, pero… ahora o nunca.

18 abril, 2008

SUEÑO GAMBERRO

Anoche tuve un sueño. Estaba en un plató de TV: en el “Diario de Patricia”, un talk-show de esos en los que un hijo va a pedirle perdón a su madre por lo mucho que la hace rabiar, dos hermanos que no se han visto hace 20 años se reencuentran o un exmarido se declara a su antigua mujer en busca de una segunda oportunidad.
¿Qué hacía allí? ¿Quién me había llevado en sueños a un programa que no veo y al que en la vida real nunca iría?
¿Queréis saber quién? Lafoca.
Lafoca es el nick de alguien que deja ocasionalmente comentarios en este blog y con el que he tonteado varias veces en el blog de Tierralibertad. Nadie en TierraLibertad (al que acude sobre todo de gente de Avilés) la conoce en persona. Saben que es una joven despierta, con conocimientos de informática, ágil con el google, ingeniosa en sus comentarios, presta a la polémica política y descarada en el lenguaje y las formas. Todo el mundo la imagina “tía buena” pero nadie la ha visto jamás. Y ella explota esa imagen que nadie ha podido contrastar. TierraLibertad está lleno de cuarentones, cuando no cincuentones, mujeres que siempre son conocidas de alguien, y algún otro personaje que completa el cuadro. Es natural que Lafoca sea allí un enigma y un pequeño mito sexual.

Amiguitos, en mi sueño se desvelaba la identidad de Lafoca. Era ella la que había conseguido que yo estuviera allí sentado delante de una cámara y estaba a mi lado en persona pidiéndome que abandonara a mi mujer y a mis hijos y me fuera a vivir con ella para siempre a su lugar de nacimiento. ¿A Avilés?
De ningún modo.
Lafoca no había pisado Avilés en su vida y de joven tenía muy poco, Lafoca era en realidad una mejicana muy pizpireta pero de 50 años. Yo tengo 48, aclaro, aunque aparento 47. Y me explicaba que el amor no tiene edad y que podía abandonar mi trabajo sin problema, que ella tenía rentas suficientes para vivir hasta la vejez juntos en su ranchito de Tijuana. Allí delante de Patricia, la presentadora y al lado de una pareja de homosexuales de 18 años que hacía unos minutos acababan de salir del armario “delante de toda España” me requería para que le dijera un sí definitivo.
No hace falta que os diga que lo pasé mal. La camisa sudada se pegaba a mi piel. No sé si la causa eran los focos o Lafoca por no ser “exactamente” como la había imaginado tras sus graciosos comentarios digitales.
Sí, amiguitos, allí estaba aquella mejicana fondona, cual Cirano de Berjerac inverso, diciéndome que su papá, un acaudalado señor con mostacho del que enseñó una foto a cámara, tenía instalados dos ordenadores en red donde podríamos seguir con nuestros comentarios en TierraLibertad desde Tijuana. Que me fuera con ella, me rogaba, que nunca nadie nos separaría.

Suddenly se me ocurrió. El comodín de la llamada. Sé que es una opción de otro programa, un concurso, pero como los sueños no son muy coherentes la presentadora aceptó. Intenté hablar con mi mujer y luego con mis hijos pero ninguno cogió el teléfono. La presentadora informó al público de que mi familia estaba viendo el programa en directo pero no sabía por qué no aceptaban mi llamada. Yo sudaba, eso ya lo he dicho, pero es que es lo que más recuerdo, y Lafoca me sonreía desde la butaca de al lado esperando ansiosa una respuesta afirmativa a su petición.

De repente aparecieron todas las mujeres de Tierra Libertad, (si los hombres estaban camuflados entre el público no los vi) cada una con su nick estampado en unas ceñidas camisetas iguales, para que yo pudiera reconocer con facilidad a las que no conocía. Que venían a salvarme, dijeron. Todas ellas querían ser mis amantes, TODAS, y no estaban dispuestas a que Lafoca me abdujera de aquel modo. Querían formar para mí un harén tierralibertino en el que yo pudiera vivir, pasando gozosamente de una a otra, lo que me quedaba de vida. Incluso había venido Pedro Zerolo, que nunca ha aparecido por el blog. Su presencia en el harén improvisado fue la que más me desconcertò. “Pero usted es un hombre...” le dije.
“Eso no es óbice” respondió. Así. Textual: Eso no es óbice.

El mundo onírico es muy raro. ¿Verdad?

Lo que más me preocupa de este extraño sueño es que si todas las mujeres querían estar conmigo... ¿por qué la única que me conoce de verdad no quiso aceptar mi llamada?

09 marzo, 2008

COMO ULISES

Yo, como Ulises, no quiero vivir sin oir el canto de las sirenas.

Sé, como Ulises, que ellas arrastran a los marineros hacia los arrecifes y los hacen naufragar contra las rocas.

También, como Ulises, quiero seguir mi ruta hacia Ítaca, mi reino, mi casa, allí donde descansaré y Penélope me espera.

Prudente, como Ulises, me ataré al palo mayor y me extasiaré con la belleza de su canto, aunque me desgarre el dolor de no poder acudir a su llamada.

Las sirenas son letales, quiza su canto me mate, pero tengo que correr ese riesgo.
No concibo mi vida sin escucharlas.

03 marzo, 2008

AMANTES

Hace muchos años un amigo cuyo blog está enlazado a la izquierda me llamaba la atención sobre un bolero que entonces le oíamos a Alberto Pérez. (Creo que es de Antonio Machín)

No te puedo comprender,corazón loco,
no te puedo comprender,y ellas tampoco.
Yo no me puedo explicar,
cómo las puedes amar tranquilamente,
yo no puedo comprender,
cómo se pueden querer,
dos mujeres a la vez, y no estar loco.
Merezco una explicación,
porque es imposible seguir con las dos.
Aquí va mi explicación,
pues me llaman sin razòn, corazón loco,

Una es el amor sagrado Compañera de mi vida
Esposa y madre a la vez
La otra es el amor prohibido
Complemento de mis ansias
Y al que nunca olvidaré
Y ahora ya puedes saber
Como se pueden querer
Dos mujeres a la vez
Y no estar loco


Es como veis una concepción bastante antigua y tradicional de la amante. He comprado el libro de Adrados: "Sociedad, amor y poesía en la Grecia Antigua" en la que distingue "filia", el amor que se tenía a la esposa y a los hijos y "eros" el amor pasional-divertimento (que se podía tener incluso con jovencitos). Creo que de aquellas maneras de entenderlo procede la canción de Machín.

Hay otro poema más moderno, aunque quizás en la misma tradición, que es de Leonard Cohen.


Mi esposa y yo hicimos el amor esta tarde.
Nos escondimos juntos de la luz de nuestro deseo, frente contra frente.
Más tarde me preguntó: ¿Tuve para ti un sabor dulce?
Querida compañera así fue.
Esta noche me quedé mirando con placer
cómo se desnudaba y se ponía su pijama de franela.
La estreché con fuerza hasta que se quedó dormida.
Después cerré la luz, abandoné la habitación cuidadosamente

y bajé aquí contigo.




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¿No es impresionante?

- Esta entrada se la dedico a Azahara, lectora anónima.
- ¿anónima? Anónima significa sin nombre.
- Quiero decir que no la conozco.
- Si sabes su nombre y sabes que te lee... de algún modo la conoces.
- No, no la conozco. Me han dicho que lee este blog, pero nada más.
- ¿Y a una lectora de la que solo sabes el nombre la llamas : lectora anónima?
- También he visto una fotografía suya.
- Entonces puedes escribir: "Para Azahara: lectora anónima y sin rostro"...

08 febrero, 2008

INFIDELIDAD

En mi caso, la mejor manera de ser fiel es tener siempre a mano la posibilidad de no serlo.
Si uno siente que puede hacer algo se alegra. O dicho a la inversa: nada entristece más que la impotencia. No sé cuál será la razón que llevará a otros hombres a cometer adulterio. Sé, o eso creo, (aunque desde Freud vaya usted a saber) cuál sería el motivo que me llevaría a cometerlo a mí. Y el motivo sería confirmar mi poder. Necesito saber que puedo gustar, seducir y conquistar a otra mujer. Me hace falta ese íntimo convencimiento pero me es suficiente con tenerlo, no confirmarlo con los hechos.
Mi amigo Emilio dice que esto es de una inmadurez pasmosa, y es posible que así sea, pero no me convierto en maduro por más que le dé la razón y reconozca que la lleva.
No voy a decir que han sido muchas las veces que he tenido a mano la posibilidad real de ser infiel a mi esposa –mentiría-, pero cuando la he tenido –y la he tenido- no he querido hacerlo. No digo que no lo haya deseado, pero no es lo mismo desear que querer.
Podréis decir, para tentarme, que en realidad no sé si puedo conquistar a otras mujeres, puesto que el movimiento se demuestra andando. Según vuestra malévola e hipotética provocación, necesitaría cometer adulterio para saber si está en mi mano. Alguien puede decir que soy víctima de un autoengaño. No importa, aunque así fuera, me basta esa convicción interna –esté o no fundada en lo real, que yo creo que lo está- para no necesitar hacer aquello que a cada momento digo que deseo hacer.

Ahora bien, si alguna de las mujeres que esto lee, cree que para que yo sucumbiera a la tentación bastaría que alguna de ellas lo intentara en serio conmigo la reto a una cosa. Que lo intente. Creo que resistiré, nada me complace más que llevar razón. Pero si es ella la que gana, nunca habré dado a nadie la razón con más gusto.







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Foca, de la invitación final está usted excluida. Tiene usted más peligro...
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Este texto está escrito hace muchísimo tiempo. Quizá más de un año. Salvo el final, que es una broma, siempre me ha parecido un texto íntimo. Es uno de los textos que quería haber publicado en el blog secreto. Hoy no entiendo porqué tenía reparo de publicarlo aquí. Quizá siempre he pensado que a una mujer no le gusta que su marido vaya tan desnudo por el mundo. Si en algún momento vuelve a parecerme impúdico lo quito.

31 enero, 2008

DESEO


Hay hombres que cuando ven una mujer hermosa, la miran, la desean e inmediatamente siguen con lo que estaban haciendo. Sé que existen tipos así, porque los he visto, aunque para mí son gente sin sangre y seres de otro planeta.

Yo no. Cuando veo a una mujer hermosa, la miro, la deseo, resoplo, suspiro y luego me digo a mi mismo:
¡Caramba!
Uf.
Si no lo veo no lo creo.
Ay.
¿Será posible?
¡dios!
Tremendo.
¡Lo que hay que ver!
Impresionante.
¡Qué fuerte!

Y así un rato, hasta que se me pasa, que a veces tarda.

Hay otros tipos que no. Son tipos prácticos y hombres de acción. Si no les van a dejar tocar prefieren no mirar. Existe gente que donde pone el ojo pone la bala y como no van ir disparando a todos los blancos, se ahorran apuntar.

No soy así, tengo claro, porque así me lo ha dejado mi mujer, que “se mira pero no se toca”, por eso, dentro de los frailes, yo soy más bien de los de vida contemplativa. Del “ora et labora” siempre preferí el “ora”. Soy de los de clausura, encerrado dentro de mi mismo con mis pasiones. Eso sí, ya les digo, soy muy expresivo, si no lo digo reviento.

Dicen que los curas al hacer voto de castidad renuncian a las mujeres. Debería decirse que renuncian a “la mujer”, en singular. A las mujeres también he renunciado yo. ¿No te fastidia?




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Este post está dedicado al escote amplio, sudoroso y húmedo de Leonor Watling. La redondez de su pechos pone en jaque al estructuralismo, al marxismo, al positivismo, la ética discursiva de la Escuela de Frankfurt y por supuesto hace saltar por los aires el pensamiento debil de la postmodernidad.

Esa mujer es, ella solita, la negación de la metafísica, el ocaso la lírica y la muerte de la novela.

25 julio, 2007

HACE AÑOS, OTRA PRIMAVERA

Estoy en una plaza chiquita que hay al lado de la Clerecía y de la casa de las Conchas por donde pasa la Rua Antigua.
He salido a dar un paseo en un día de primavera espléndido y me he sentado un rato a ver pasar a las muchas estudiantes que caminan por allí.
Están estupendas estrenando sus vestidos ligeros. Da gusto verlas.
Pasa una chica esbelta, con paso diligente con sus carpetas bajo el brazo..
Pasa otra de pelo largo con él anudado atrás en lo alto de la cabeza y enseñando la nuca. Pasan chicas de todo tipo. Chicas de piel pálida y lisa. Pieles sin mácula para demorarse en cada poro. Pasan chicas morenas, alguna negra. Pasa una chica de pelo rizado y cortito, muy jovencita, podría ser alumna mía, pero no, debe estar en primero o en segundo. Pasan chicas con ropas aún de invierno aunque ya sin abrigo. Son chicas de aquí de Salamanca estudiosas y ocupadas que no han tenido aún un respiro para sacar de los altillos del armario la ropa de primavera. O quizás son estudiantes forasteras que no pueden cambiarse, y que están esperando este fin de semana para ir a su pueblo y venir ya con la ropa ligera del verano.
Pasa una chica muy alta. Y además lleva tacón. El pantalón es largo pero no cae hasta el pie. Termina muy alto, por encima del tobillo. Esto permite que se vea un tatuaje que tiene a lo largo de todo el empeine. Calza unas sandalias de tiras muy ligeras y un motivo abstracto le baja desde el tobillo adornando todo el pie. Pobrecita esta chica todo el invierno enfundada en botas y mirándose el tatuaje sólo al acostarse, todas las noches, como quien revisa un arma secreta que sólo aparecerá en el momento justo causando (eso sí, en aquel momento) un efecto fulminante.
Pasan chicas con escotes. Chicas con mucho pecho. Desproporcionado para su altura. Pasan otras más discretas con el pecho ceñido y arrogante, bonitas.
Pasa una con el bolso en bandolera, con la cinta del bolso separando y marcando ambos.
Hace dos días pasamos Pilar y yo por aquí. Le dije que en esta placita me sentaba a veces al salir de la biblioteca de la casa de las Conchas. “esta plaza es muy calorosa” dijo. Qué razón tenía. Me están entrando unos calores.
Hermosas mujeres que pasan y se van. Unas deprisa y otras despacio, pero todas van desapareciendo a lo lejos entre la multitud.
Pasan chicas que enseñan el ombligo. Respiro hondo. Otras muestran la parte del vientre por debajo del ombligo, pero no el ombligo. Esto se lleva mucho ya desde hace unos años. También tiene su gracia.
Algunas llevan peircing. Me gustan los ombligos sin peircing, como diría Manolo Escobar, con la cara lavada y recién peiná.
Pasan chicas que me miran. La mayoría no, pero algunas sí. Me miran y nuestros ojos se cruzan unos segundos. Ellas no podrán olvidar nunca mis ojos. Es imposible olvidar algo que no se ha memorizado antes.
Yo las miro a todas y soy feliz. Soy feliz viéndolas pasar y la pena que me produce su lejanía apenas se nota ante la presencia cercana de otra chica nueva.
Muchas pasan solas. Pero también van en grupos. Pasan dos amigas riéndose, felices, muy cerca de mí, con gran alboroto.
Pasa una mujer vestida completamente de blanco. Cubre su pelo también con una tela blanca. Es una monja. No enseña el ombligo. A primera vista no parece que lleve tatuajes pero nunca se sabe.
Pasan chicos también. Supongo. Supongo que pasan chicos, aunque yo no los veo. Me corrijo, a veces si los veo, cuando se interponen entre mí y alguna de estas chavalitas de las que os hablo.

¡Dios mío! ¡Qué feliz soy aquí sentado!

Pasan chicas bajitas, muy manejables.
Pasan otras muy altas, como para dos veces.
Todas tienen su interés. Algunas caminan conscientes de su atractivo, altivas, sin mirar a nadie, sabiéndose observadas. Otras, ignorantes su belleza, me miran sin saber la inquietud que su mirada me causa. O al menos eso parece.
Algunas no advierten que tienen bienes muy preciados que exponen impúdicas y en exceso y que quizás debían proteger de la mirada envidiosa de otras mujeres y de la codiciosa rapacidad de los hombres.
Pasan algunas destacando el pecho, sin sentido de la medida, como quien lleva una escopeta cargada apuntando distraídas en todas direcciones. No entiendo como la gente no se aparta.
Pasan otras, sin embargo, curvando la espalda hacia delante, disimulando el pecho.
Pasa una con ropa de deporte corriendo sudorosa, excitantemente sudorosa. Los charcos de sudor de su camiseta parecen de agua bendita.
Pasan chicas de ojos grandes, de ojos pequeños, de ojos oscuros, claros, con gafas, de pestañas cortas, de cejas grandes, de cejas depiladas, alguna tuerta pasa también.
Tienen labios jóvenes. Mis ojos los miran y querrían retenerlos todos, poder reproducir cada uno dentro de mí. Si no puede uno besarlos, al menos saberlos reproducir centímetro a centímetro dentro de mi cabeza.
Viéndolas, uno lamenta no tener muchas vidas, para dedicar una vida entera y feliz a todas ellas.
Cientos de vidas para casarse con cada una y tener dos hijos, uno natural y otro adoptado.
Se hace tarde y aunque sigue habiendo luz ya hay que dar de cenar a los niños para que se acuesten a su hora. Me vuelvo para casa

Es primavera y el mundo es feliz.
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Esto lo escribí hace años, con la habitual crisis primaveral.
Es demasiado largo, había que recortarlo y dejar sólo lo mejor.

25 junio, 2007

PLAY WITH ME?

Algunas tardes, para hacer más llevadera la tarea de corregir exámenes, me acerco a la biblioteca de la Casa de las Conchas.

Hay unas mesas rectangulares y amplias con sitio para sentarse a ambos lados. Por azar me senté enfrente de una chica guapa. Lo repito, por azar. Era un mujer joven con una camiseta de esas, caídas por un lado, que dejan ver uno de los hombros desnudos. El tirante de su ropa interior cruzaba impecable su piel en la que no se apreciaba imperfección ninguna. Me acordé de las medidas de superficie que está estudiando mi hija y pensé que para medir aquella piel, el centímetro cuadrado era absolutamente improcedente. Habría que inventar una unidad de medida nueva, exclusiva para ella.


Corregir exámenes. A eso había ido y no iba a cambiar de cometido.

En seguida me di cuenta de que la camiseta lucía unas letras en el pecho. Aquellas palabras iban a ser mi perdición. PLAY WITH ME? Por todos los demonios. ¿Cómo resistirse y no contestar aquella pregunta? ¿Cómo podían los hombres que había en la sala permanecer impávidos ante semejante invitación? ¿Cómo era posible que los que estaban a mi lado no se dieran cuenta del fuego que ardía en mi pecho cada vez que levantaba los ojos y leía aquella pregunta? Me sobresaltó una duda. ¿En inglés correcto no debería decir “Do you play with me? ¿Perdía algo aquella joven por hacer su invitación en un inglés tan simplificado? Algo perdía, pero era tanto lo que tenía...
Había un móvil junto a sus cosas, pero no era de las que lo mira cada cinco minutos. Calculé que yo la miraba a ella cada tres. Y pensé que quizás podía consultar el reloj y observar exactamente cada cuanto la miraba. En seguida reparé en la imposibilidad del estudio. El que mide interfiere en lo medido por ser en este caso la misma persona. Le vi cierta similitud con el principio de incertidumbre de Heisenberg. ¿Debía hablarle a ella de esta ley de la física, para iniciar la conversación? No se me ocurría la manera. El problema es que no sé a cuento de qué sacarlo, pero tengo que decir que nombrando este principio y otras pedanterías similares he cosechado grandes éxitos en mis relaciones con las mujeres. Todos ellos en la imaginación, naturalmente.


En vista de que no me concentraba en los exámenes y para despejarme un poco, decidí hacer un descanso. Cuando sale a fumar un cigarro, la gente, deja allí sus cosas sobre la mesa. A mi atribulado corazón uní ahora el emocionante riesgo de dejar allí mis exámenes dentro de la carpeta. Con el desastre que hubiera supuesto si alguien se los llevaba. Pero no podía abandonar completamente aquel sitio y perder la oportunidad de estar de nuevo frente a aquella chica.

En la calle todo me hablaba de ella.

Las otras mujeres eran paja, comparadas con la hierba fresca. Anduve unos pasos nervioso.

Me paré delante de una tienda de ropa. Me pareció absurdo entrar a preguntar si tenían una camiseta con la inscripción: “Yes, I do.” Pero teneis que reconocer que hubiera sido un buen golpe de efecto presentarme vestido así en la biblioteca. Volví a caminar.

En el escaparate de una tienda de aparatos electrónicos sólo uno reclamó mi atención: La Play-station.


Volví con paso rápido ante el terror de que se hubiera marchado.

Allí estaba aún. Con sus manos blancas de uñas cuidadas. Con sus ojos que, recatada, no levantaba de la lectura. Con sus labios, que eran una llamada, aunque no los abriera. Con su pelo, su hombro desnudo, su cuello. En una palabra: todo. Aquella mujer tenía de todo y lo tenía todo. Hasta una inscripción sobre el pecho. De repente, recordé que “play” también se utiliza para “tocar un instrumento”. ¡Qué acordes no habríamos hecho sonar juntos ella y yo!

Entonces sentí curiosidad por lo que leía. Eran unos folios, unos apuntes. Pero a su lado había un libro de educación infantil. Ahora tenía más sentido la palabra de su camiseta, que volvía otra vez a la significación originaria.

Si me decidía a abordarla lo primero que habría que decirle es que de ninguna manera quería, yo, jugar con ella. Que mis intenciones eran completamente serias.

Hice un esfuerzo sobrehumano y lo conseguí. Me centré en la corrección de los exámenes y cuando quise darme cuenta ella se había ido. La tristeza que me envolvió no tiene parangón posible. Maldije el nombre de Antonio Angulo Pachón que era el examen que tenía entre las manos cuando me di cuenta. Sólo un hombre al que le arrancan la vida puede sentir algo igual.

Hace unos días volví por allí y me senté en el mismo sitio. Ni rastro de ella. Enfrente había una chica que sólo me inspiraba un profundo respeto como ser humano. Más allá un joven llevaba una camiseta con otra inscripción: “Fuck you”. Esa tarde, corregí más exámenes.

18 junio, 2007

LOS OJOS DE UNA MUJER

Entro en un bar casi vacío y pido una caña.

En seguida advierto que hay una chica joven que está sola y me mira. Está sentada con una pierna recogida, con su muslo pegado al pecho. Apoya el talón en el asiento, la rodilla hacia arriba y la pierna doblada oculta el resto de su cuerpo.

No puedo ver tampoco su rostro completo. Tiene colocados los puños cerrados delante de la cara apoyados en la rodilla. Sólo puedo ver sus ojos, su frente y su pelo. No puedo verla pero sé que es guapa, más guapa que cualquiera de mis alumnas, lo noto.

Y no para de mirarme.

Disimulo un rato mientras bebo unos tragos y me tomo el pincho que me han puesto. Cuando vuelvo de nuevo mis ojos hacia donde está ella, ella sigue con la vista fija en mí. Y no la retira cuando yo la miro.

Aunque no puedo ver su boca, por sus ojos sé que sonrie.

Nunca me había pasado una cosa así. Al menos que yo recuerde.

Sin embargo, sé que es inútil acercarme y decirle algo.

¿Por qué? Pensareis. ¿Por qué inutil?

Sé que es inútil.

Ya sé que hay chicas de su edad a las que les gusta charlar y tontear con un hombre de la mía. Haberlas haylas. No es eso.

No es, tampoco, que piense que Pilar puede enfadarse si se entera. No es ése el problema

Podéis suponer entonces que es timidez, temor a no saber qué decir y a no dar la talla.

No, de verdad, estais equivocados. Es aún más sencillo

La hermosa mujer que me mira, inmóvil y sonriendo, lo hace desde una foto de tamaño natural que hay instalada en la máquina del tabaco.



x.x.x_-_-_x.x.x_-_-_PIPURRAX, MIRA LOS COMENTARIOS x.x.x_-_-_x.x.x


Esto está escrito hace años, algunos lo recordaréis. Espero que a los demás os agrade tanto como gustó a los que lo leyeron entonces.

05 junio, 2007

FICCIÓN (Cualquier parecido con la realidad...)

Desconozco qué tal se os dan a vosotros las faltas de ortografía. A mí muy bien. No necesito especial entrenamiento para cometerlas y me sale naturales desde muy pequeño. Es un don que Dios me ha dado, lo mismo que a otros les da buena vista.

Y se trata de una gracia que me ha abierto muchas puertas, sobre todo en el mundo académico. Os cuento un ejemplo.

Para formar a los “Responsables de medios audiovisuales” que este año ha nombrado por primera vez la Junta de Castilla y León asistí a dos microcurso-convivencia, uno en Valladolid y otro en el Espinar. El primero fueron dos días enteros, con sus noches, y conocí gente de Burgos y Soria, algunos muy simpáticos. El segundo fue más breve, sólo duró un día y aunque eran dos conferencias y una reunión, todos los “responsables” de una misma provincia nos sentábamos juntos en torno a una mesa, con lo cual conocí, aunque muy poco, a mis compañeros de Palencia.

Nos fuimos de aquella reunión con la promesa por parte de los organizadores de que abrirían un foro en Internet para que todos los participantes compartiéramos los problemas que encontrábamos en nuestros centros. Ya en casa, pasados unos días, no conseguía encontrar en la web de Castilla y León el prometido foro. Gracias a que había tomado apresuradamente el correo electrónico de cinco o seis de los asistentes de Palencia (como si no hubiera diferentes nombres de mujer en el mundo dos de ellas se llaman Cristina) resolví escribirles y preguntar por dónde demonios se entraba en la página prometida. En caso de que existiera.

De los seis correos que mandé (éramos doce en la mesa, pero no había cogido todas las direcciones) sólo recibí una respuesta: la de una tal Cristina Fortes. Muy amable y correcta en su redacción, me explicaba en qué dirección estaba lo que buscaba y me invitaba a que nos “vieramos” por allí. Se refería al foro.
Naturalmente respondí con un correo muy agradecido haciendo gala del gracejo que me caracteriza que aunque me esté mal el decirlo se agudiza si la persona con la que hablo es una mujer.

En la última línea de ese “mail”, amiguitos, y aquí viene la pifia ortográfica, no sabiendo cómo terminarlo y como siempre tengo que hacer un poco el oso, se me ocurrió poner “muchas cenquius again” en lugar de “muchas gracias otra vez”. Con tan mala fortuna que me hice del encéfalo un ovillo y al ser la primera ocasión que escribía aquello puse “muchas cencius”. Confundiendo el sonido de la “c” con el sonido de la “qu”, que ya hay que ser burro. ¡Dios mío, que horror! El caso es que al día siguiente releyendo lo enviado, al descubrir el error, lleno de vergüenza, pensé que aquella profesora iba a creer que la licenciatura me la habían dado con el periódico del domingo. Para arreglarlo un poco le escribí lo que sigue:
“Fe de erratas: “Puse "muchas cencius" donde debí poner "muchas cenquius". A veces en castellano se me pasa alguna falta de ortografía y no le doy demasiada importancia pero cuando escribo en inglés me gusta escribir todo correctamente”.

La broma no tiene demasiada gracia pero no sé por qué me da en la nariz que esto puede ser el comienzo de una larga amistad. O del rollo de una noche. Para qué os voy contar si nos conocemos todos, ya sabemos como va esto, y el que no lo hace a la entrada lo hace a la salida.

En el próximo encuentro (nos convocarán otra vez en el último trimestre y espero que haya que hacer noche), ya me lo estoy imaginando. Lo típico, ella, “muy simpáticos tu correos”, y yo, “¿te hizo gracia?”, ja, ja, ja, ji, ji, ji, zumba y dale, y una cosa lleva a otra... Que la tengo en el bote, en una palabra.

Lo más de peor es que había dos Cristinas entre las responsables de Palencia y os prometo que me es imposible recordar si Cristina Fortes, era la que me gustaba o la que no.

27 mayo, 2007

Natalie Portman


¿Habéis visto “Closer”? Trabaja la mujer de la foto. Una expléndida Natalie Portman que en determinado momento hace de estriper luciendo tipito y belleza.

Sin embargo te deja frío. Natalie es tan bella, tan inocente, tan “buena” que no dice nada como mujer.

Aunque me dijo mucho de niña. La conocí en un papel secundario en “beatifull girls”. Con trece años o menos era la Lolita que enamoraba al protagonista y al que pedía que la esperara: que pronto le saldría el pecho. Como no podía ser de otro modo quedé prendado. (Ya me pasó con el erotismo blanco de “El nido”, aquella película de Jaime de Armiñán en que me enamoré de Ana Torrent durante mucho tiempo.)

Natalie actuó luego para Woody Allen. Y fue la reina Amidala en “La guerra de las galaxias”.

Siempre me ha gustado.

Menos en Closer. El papel de striper le sienta como a un cristo dos pistolas.
No sé qué relación guardan la seducción y la maldad pero alguna debe tener, porque a esta chica le falta malicia en la cara para atraer sexualmente. Le falta picardía (que no tengo ni idea de lo que es). El erotismo nenuco que desprendía cuando era una mujer sin hacer (su atracción no era sexual) me ponía mucho más que el erotismo explícito de ahora. Mejor dicho, aunque esté contoneándose en la barra vestida sicalíptica, no aprecio el erotismo por ningún sitio.
Podéis pensar que soy de natural menorero y me disgustan mayores. El hecho de que me guste Demi Moore tira esa hipótesis por tierra.

Me parece enigmática esta idea. ¿Cómo puede un hombre querer que en el rostro de la mujer que lo seduce exista maldad?

A no ser que cuando hablemos de “malicia” o “picardía” estemos hablando de “lujuria” simplemente. Creo que no. Es necesaria alguna maldad en la expresión de la que carece completamente esta joven.

¿Alguien sabe por qué no me gusta Natalie Portman haciendo de mujer?

24 mayo, 2007

DIARIO DE UN GIMNASIO (Cero)

Hoy he ido al gimnasio por primera vez. Lo aclaro, no es que no hubiera pisado ninguno antes. Fui el año pasado, durante tres meses, a uno municipal que tenía de todo, pero quedaba muy lejos de casa y tenía que usar coche, lo cual era una lata, además del inconveniente del tiempo adicional que perdía en el trayecto. Hoy es mi primer día en este gimnasio.
Fui pedaleando y tardé escasamente diez minutos de reloj. Se me quedaron las manos muy frías. Otro día me traeré guantes. La bici la dejé encadenada al lado de la puerta.
La encargada de recepción (quien me matricula y a la que pago) es una chica joven que no me gusta. Esto es insólito pero es así. Lleva un escote amplio en el que no me fijo. ¡Vamos a ver! Advierto que lo lleva, lo noto, pero como no me gusta me desentiendo. Palabra de honor. Y esto no es un chiste sobre su forma.
He decidido venir al gimnasio para conservar la barriga. Para conservarla como está, quiero decir, que no aumente más. Si quisiera que desapareciera necesitaría que el gimnasio estuviera en Lourdes o en Fátima.
Si voy es porque me sienta bien hacer ejercicio y cuando llego a casa estoy feliz. Además esa noche duermo mejor.

Comienzo a correr sobre una cinta.
Me he colocado por puritita casualidad detrás de una chica que está en una de esas máquinas para fortalecer los glúteos. No parece que los de esta chica necesiten fortalecerse. No sé al tacto, (Dios me libre) pero a la vista da la sensación de que no pueden estar más duros. Por su firmeza parecerían pelotas de tenis, aunque por su tamaño son bastante más grandes. Digamos que son como pelotas de balonmano. No me gustan las mujeres tan fibrosas pero dedico un rato a estudiarla con atención. Observo que de la cintura para abajo tiene todos los músculos que corresponden a un ser humano. Los glúteos (mayor, mediano y menor), el piriforme, el tensor de la fascia lata, los geminos (superior e inferior), el cuadrado del fémur, el obturador medio, el recto interno, los abductores (mayor y menor, el largo sólo se vería por delante) el bíceps femoral, el vasto lateral y el semitendinoso, el sartorio, el semimembranoso y los gemelos.
Tras mirar una pierna compruebo que tiene exactamente los mismos duplicados en la otra.

Supongo que la señora de cincuenta años que anda sobre otra cinta a su lado está igualmente equipada. No voy a entrar en mis motivos pero desisto de examinarla con el mismo detenimiento.

A mi lado corre un joven. Es muy moreno, muy velludo y se está dejando barba.
Un poco más allá corre otro señor. Debe tener mi edad y se está dejando calva.

Una vez terminada mi media hora, de vuelta en los vestuarios aprecio como huelen los machos de verdad. Son cuatro ventimuchos que vienen sudorosos de hacer boxeo o algo similar. Bromean entre ellos y comentan los combates, al tiempo que se van desprendiendo de guantes con largos lazos y se pasean desnudos sin pudor delante de mí. Como si el olor que despiden no me hubiera intimidado ya suficiente o no me hubiese dejado claro qué posición ocupo en la manada.

Mañana será otro día.