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19 enero, 2015

La voz femenina.

Para un amigo, la belleza de la voz de una mujer era muy importante. Yo no lo entendía. La voz de alguien ¿es también ese alguien?

Ahora lo entiendo cuando escucho la música de Buscandoleonesenlasnubes, que tanto gusta de voces femeninas. En la hermosa voz de una mujer está ella y escucharlas, además de musical es una experiencia sensual y, en un sentido amplio, sexual.

04 enero, 2015

¿Estamos aquí para matar el tiempo? Palíndromos

Encuentro en Buscandoleonesenlasnubes varios programas dedicados a los palíndromos. Se dice en la introducción que han suscitado mucho interés a lo largo de la historia. No se me ocurre cosa más tonta que los palíndromos. Una frase que se lee lo mismo al derecho que al revés. ¿Y qué? ¿Qué sacamos con ello?

Yo dono rosas, oro no doy.
Muy bien. ¿Y?

Adán no cede con Eva y Yavé no cede con nada.
Muy ingenioso. ¿Y?


Pero vamos a ver… ¿No hemos quedado que la vida es corta? ¿No sabes que te puedes morir mañana? ¡Pero alma de cántaro…! ¿No tienes cosas mejores que hacer? ¿No habíamos quedado que no estamos aquí para pasar el rato?

19 diciembre, 2014

El sentimiento de un maestro que se jubila.

En Buscando leones en las nubes encontré este cuento de Medardo Fraile.
Cuenta los sentimientos de un maestro. Aprovechando que olvidó el libro de dictados les dicta a los alumnos una carta personal que llevaba en la cartera. Un alumno la copia en la pizarra para que los demás al final corrijan. Como sé que sois gente muy ocupada transcribo solo el final. 

-Señor profesor, ¿borro?

-¡No!

Se sintió arrollado, invadido. «¡Señor, qué falta de reposo! ¡Que manía insaciable de agitación, de prisa! Querían pasar a otra cosa, les estorbaban ya aquellas palabras viejas que hacía un instante eran desconocidas para ellos y hasta respetables, lejanas, con su posible, agazapada, trampa ortográfica. Querían borrarlas, borrarme -pensó-, echar al suelo el tierno, untuoso resplandor blanco de esas palabras, reducirlas a polvo, aventarlas como un montón de células resecas que les estorbase para crecer, como el vaho de un cristal que les impidiera ver el camino, como a un viejo caballo tirado en la carrera sin freno, porque había que escribir y llegar lejos, y borrar y escribir de nuevo, y crecer y borrar, y escribir otra vez y ser hombres. Y él, ¿dónde? ¿Debajo de qué frío montón de verbos, adverbios, adjetivos, nombres, preposiciones que fueron...?

-¿Borro yo?

-¡No! ¡He dicho que no!

Defendía sus palabras ahora como un acorralado. Pidió silencio. Los niños olfateaban ya la hora de salir. La proximidad les inquietaba. Miraban las ventanas, a los que estaban atrás, los abrigos colgados en las perchas... Don Eloy Millán era bueno. Estaba distraído. Tal vez le dolía la cabeza o estaba cansado. Vieron un resplandor y oyeron a lo lejos un trueno. Los niños miraron las nubes un instante, un poquito pálidos, un poco alborotados, como si vieran acercarse una majestuosa carabela, silenciosa, mortífera. Les puso a hacer un ejercicio del libro. Preguntó a Cubero la última lección. Se paseaba por el centro, entre las mesas. Miraba desde el fondo sus palabras escritas en el encerado, sus palabras «suyas». Las nubes ahora iban rítmicas, robadas, de prisa, hacia otros lugares del mundo.

-Señor Millán, ¿borro?

-¿Borro yo, don Eloy?

Sonó el timbre. Los niños se levantaron, sacando con estrépito las carteras, los libros, arrastrando sillas, mesas; tirando abrigos, llamándose unos a otros. Uno se lanzó al borrador y limpió tenazmente, de arriba abajo, de izquierda a derecha, con posturillas desorbitadas, felinas, contundentes, todo el encerado.

Don Eloy Millán recogió en su mesa despacio su cartera y su abrigo.

-¡Adiós, profesor!

-¡Hasta mañana, don Eloy!

-¡Adiós, señor Millán! ¡Hasta mañana!

Se quedó solo, poniéndose los guantes, Pensó: «Ni siquiera me han borrado despacio». Miraba la pizarra negra, rectangular, como un hueco preciso, hondo, oscuro. La pizarra en silencio. Él estaba escrito en ella y ahora borrado. ¡Y con aquel encono, tan aprisa! Notó que el corazón se le nublaba. «¿Cuántos -pensó- habrá como yo ahora, detrás de ella, olvidados, perdidos, borrados para siempre como si tal cosa?».

Se quedó un buen rato frente a la pizarra, buscando con angustia una brizna de palabra suya, media palabra, nada, un rabito, el punto de una i; buscándose, buscando espantado en el rectángulo negro.

El cuento entero se llama Punto final. Y podéis leerlo aquí. Y también lo he encontrado aquí en inglés. 


25 noviembre, 2014

...guijarros lanzados al fondo de un negro estanque...

Hoy no pensaba poner nada pero acabo de encontrar en el último programa de Buscando leones en las nubes una poesía bonita.

La última luz. 

10 octubre, 2014

La vida humana, ¿un instante entre dos tigres?

Hay una vieja fábula oriental que cuenta la historia de un viajero sorprendido en la estepa por una bestia furiosa. Para escapar de la bestia, el viajero salta al interior de un pozo sin agua, pero en el fondo del pozo ve un dragón con las fauces abiertas, dispuesto a devorarle. Y el infeliz, sin atreverse a salir por temor a convertirse en presa de la bestia feroz, ni a saltar al fondo del pozo para no ser devorado por el dragón, se agarra a las ramas de un arbusto salvaje que crece en las grietas del pozo, y así queda colgado. Los brazos se le debilitan y siente que pronto tendrá que abandonarse a la muerte, que le espera a ambos lados, pero sigue aferrándose, y mientras se aferra, mira alrededor y ve que dos ratones, negro uno y blanco el otro, giran regularmente en torno al tronco del arbusto del cual está colgado, y lo roen. De un momento a otro el arbusto se quebrará, y él caerá en las fauces del dragón. El viajero lo ve y sabe que su muerte es inevitable; pero, mientras continúa suspendido, busca a su alrededor, y halla sobre las hojas del arbusto algunas gotas de miel; las alcanza con la lengua y las lame. Así me aferro a las ramas de la vida, sabiendo que el dragón de la muerte me espera inevitablemente, preparado para despedazarme, y no puedo comprender por qué soy sometido a este tormento. E intento chupar esa miel que antes me consolaba; pero esa miel ahora no me da placer, y, entretanto, el ratón blanco y el negro roen noche y día la rama de la que cuelgo. Veo claramente el dragón, y la miel ya no me parece dulce. No veo más que una cosa: el ineludible dragón y los ratones, y no puedo apartar la vista de ellos. Y esto no es una fábula, sino la auténtica, la incontestable, la inteligible verdad para todos.

Este texto está sacado de “Confesión”, el breve e imprescindible libro de Tolstoi. En los últimos años de su vida Tolstoi se volvió muy religioso. No recuerdo bien, ya, “Confesión” pero creo que la visión tan pesimista que transmite esta página es superada por la creencia religiosa. Solo la trascendencia puede salvarnos de la seguridad de que caeremos al pozo.

El célebre JordiSavall, cuenta la misma historia de un modo más optimista.

Un hombre paseando por un bosque ve de pronto que lo persigue un tigre, se pone a correr y llega hasta un barranco y desesperado comienza a bajarlo y comprueba de que abajo hay otro tigre. Entonces angustiado se detiene y se pregunta qué va a hacer. Mientras tanto ve unas fresas y empieza a comerlas. Y se dice: “Qué maravilla de gusto tienen estas fresas”.
Pues así la vida humana. Nuestra vida es un instante entre dos tigres. El secreto de la felicidad está probablemente en las fresas.

Ambos textos los he encontrado en uno de los programas deRadio Universidad. Uno leído y otro escrito. Se puede bajar el postcast en MP3 aquí. Es un programa bonito, habla de la vida y son textos muy interesantes, aunque casi todos bastante pesimistas.

Estoy muy contento de haber encontrado este blog (que ya he recomendado otras veces) en el que me puedo bajar programas (música y textos) y con el que “leo” la poesía de Borges sin leerla o la de Pessoa, o la de Whalt Whitman. Blog como estos son un servicio efectivo a la cultura y debían ser promocionados y apoyados más por las autoridades educativas. 

Os vuelvo a invitar a descargaros el programa que más os interese y que probéis a escucharlo. No creo que os arrepintáis.