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15 abril, 2015

Un recuerdo que venía a cuento.

Mi padre me contó hace muchos años algo que me impresionó. Solo se lo oí contar una vez, pero creo se mantienen en mi memoria porque entonces no pude entenderlo.

Su padre, el abuelo que nunca conocí, murió de una pulmonía durante unas navidades, siendo él aun un chico joven. Fueron días muy tristes para todos, como es natural, pero además de la pena, él sentía rabia en su interior porque aquello hubiera sucedido precisamente en navidades, matando la alegría de esas fiestas. Y lo que viene a continuación es lo que me impresionó y lo que aún recuerdo, aunque solo se lo oí contar una vez.

En voz baja, cuando estaba solo, cantaba villancicos.

Hace unos días subí con mi madre de la mano a la terraza de su residencia. Lucía un sol espléndido y se divisaba desde allí gran parte de la ciudad. Le llamé la atención sobre el hermoso día, pero no parecía apreciarlo. Yo, por el contrario, me sentía feliz, exultante y feliz, aunque tenía allí al lado a mi madre enferma. El sol transmitía tal alegría que nada la podía hacer desaparecer. Ni la triste vida que lleva mi madre ahora. 

Y entonces me acordé de los villancicos de mi padre. 

25 marzo, 2015

OFERTA GERIÁTRICA.

Mañana pienso colgar este cartel en la sala de profesores. 




PARA LOS QUE YA NO TIENEN PADRES.

Tengo a mi madre en una residencia con demencia tipo Alzheimer y la visito bastantes días a la semana durante una hora. Tiene días distintos. Unos habla sola y está de buen humor, otros  parece enfadada y algunos ¿los más? llora desconsolada sin un motivo conocido. Cuando no tiene visita, la mayor parte del día, pasa el tiempo sentada y el rato en que la visito, la paseo, cogida de la mano, para que no se anquilose, aunque ya anda muy torpemente por una avanzada artrosis en las rodillas. Muchas veces la abrazo y le doy besos, especialmente cuando llora. En estos tres meses le he dado más abrazos y besos que en mucho tiempo.

Tranquilos, nunca hemos llegado al incesto. 

¿Perdiste a tus padres de súbito (o en breve tiempo) y te perdiste esa etapa de la vida en la que nos convertimos en padres de nuestros propios padres?

¿Disfrutaste de aquella etapa pero fue hace mucho tiempo y te gustaría revivirla?

¿Tienes unos padres jóvenes pero quieres entrenarte para cuando te llegue el esperado momento en que tengas que cuidar de ellos?

ES TU OPORTUNIDAD, NO LA PIERDAS.

Por una módica cantidad mensual estoy dispuesto a darte permiso para que le hagas el número de visitas que quieras, de la duración que desees, con la única restricción del horario de visitas que impone la residencia.

Si quisieras implicarte más y deseas tenerla en casa para una atención más personal, mis hermanos y yo, con los ahorros de mis padres, estaríamos dispuestos a contratar una mujer, que viviría en tu casa interna, y que haría lo que podíamos llamar el trabajo sucio (levantarla, ducharla, vestirla, darle de comer, limpiarla...) mientras que tú te dedicarías solo a la parte afectiva. En este caso, nosotros correríamos con los gastos de la trabajadora, incluyendo seguridad social, mientras que los gastos de manutención y medicinas correrían de tu cuenta.

Aparte, naturalmente, de un dinero mensual negociable que habrías de abonar por el disfrute de cuidar a una anciana a tiempo completo.

Si estás interesado en cualquiera de las dos modalidades, ponte en contacto conmigo.




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Y si piensas que esto es humor negro y una falta de respeto hacia mi propia madre no sabes lo que dices. Es mi madre y hago de ella las chanzas que me da la gana. Que para eso es mi madre y para eso la cuido. Y si te parece mal me lo dices a la cara y te explico con los puños lo que yo pienso de ti. ¿A que no tienes redaños de decirme en persona que esto te parece un puro disparate? ¿Acaso sabes tú lo que yo quiero a mi madre? ¡¡Majadero!! Yo por mi madre… ¡¡MATO!! ¿Te enteras?


Solo te lo aviso una vez… si tú quieres hablar de mi madre… antes… te lavas la boca. 

:)

17 febrero, 2015

SIMILITUDES.

El lenguaje construye de algún modo la realidad. Por ejemplo, si comenzamos diciendo que un niño nace “averiado” (como decía Arcadi Espada) terminamos concluyendo que no debería existir (no recuerdo si antes de nacer o una vez nacido, Singer defendía que incluso una vez nacido).

En un libro de Stanislav Lem, no recuerdo cuál, se describe un lugar en el que se amontonan apilados e inservibles robots retirados de la circulación. Como algunos tienen aún batería se les oye repetir mensajes incoherentes o hacer movimientos automáticos y ya sin ninguna finalidad.

Mi madre, de vez en cuando, dice frases absurdas, como si quisiera mantener una conversación, pero sin terminar una sola frase, ni responder nada adecuado. Es como si aún mantuviera la inercia de conversar pero no supiera llenar de contenido lógico el mecanismo aprendido. También los niños pequeños antes de decir algo concreto parlotean como si estuvieran hablando contigo.

La visión de los ancianos en la residencia de mi madre y esto que he contado me llevaron, sin querer, al desguace de Stanislav Lem.

Las similitudes que uno establece afectan también a la construcción de la realidad, del mismo modo que el lenguaje.


Ayer leí la entrada de otro profesor cuya madre también perdió la razón. Me reconozco en muchas cosas que dice, aunque no en todas. Compara a su madre con una piedra. Y su última frase tiene trampa.

06 febrero, 2015

ESO Y ELLA de Agustín García Calvo, (Spoiler)

Hay un cuento de Agustín García Calvo que se llama Eso y ella. Voy a hacer un spoiler.

El protagonista visita a un amigo cuya madre murió hace unos años. Es un viejo doctor que tiene en su sótano, en peceras y urnas, todo tipo de animales exóticos. Uno de ellos, de tamaño casi humano, un gran gusano-pez-serpiente, llama la atención del protagonista.

El doctor le cuenta que un día descubrió que su madre tenía una especie de gusano en el intestino. Poco a poco la tenia crecía e iba sustituyendo los órganos de la madre. Al comienzo solo el abdomen, pero más tarde todo el interior. Hasta que un día, la madre dijo con lo que le quedaba de voz: "ponme en agua".

El resultado podéis imaginarlo.

El cuento termina cuando el doctor le dice al amigo: "De algún modo, eso es ella".

El cuento, una reflexión sobre la identidad, puede referirse a cualquier transformación, pero puede ser,  específicamente, si me permitís el disparate, una metáfora sobre el Alzheimer.

12 enero, 2015

Vivimos en las palabras.

Decía el día pasado que no le tengo miedo a las palabras. Que no me importa usar la palabra loca para hablar de mi madre.

Era ingenuo lo que escribí. Es suponer que la realidad es ella misma y las palabras son inocentes vehículos que simplemente nos la acercan. Lo cierto es que vivimos en las palabras. E interpretan lo que la realidad es. El mundo en el que vivimos es el que construimos con ideas, y las palabras las fijan en nuestra mente.

Aunque decir que "vivimos en las palabras" puede ser calificado de idealismo. Habría que añadir que además vivimos en la realidad, por eso nuestra edad llegará a matarnos, con independencia que digamos que estamos viejos o mayores. O quizás no. Quizás llamarnos mayores nos anime a vivir y nos haga vivir más.

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También puede haber perversión cuando las palabras se usan para ocultar la realidad.

Mis hermanas no están contentas con la residencia de mi madre porque parece que pasa mucho tiempo atada en un sillón. Mientras ellas usan la palabra atada, en la residencian hablan de que está sujeta con el cinturón ventral.

¿Sabéis a qué llaman  "defensa de goma" los policías?

31 diciembre, 2014

Mi suegra y mi madre.

Mi suegra tiene, más o menos, la de mi madre. Son diferentes pero siempre se han llevado bien y con la edad cada vez han tenido más trato.

Hace unos días estuvo mi suegra en casa y la bajé un ratín para que viera a mi madre. Le habíamos contado que disparataba mucho pero la última vez que la había visto aún mantenía cierta cordura.

Mi madre que estaba de buen humor se comportó como la que charla con una amiga pero no solo no respondía coherentemente a lo que mi suegra preguntaba sino que no terminaba ninguna frase. En algún momento dijo: “cuando venga Marcos” y me tenía al lado.

Las hice despedirse y mientras mi madre se quedó en la habitación con la que la asiste, mi suegra me siguió por el pasillo apoyada en su muleta. Cuando me volví, se había detenido y tapándose la cara con la mano que le quedaba libre se había echado a llorar. La abracé y le di un beso. “Os tiene que dar mucha pena” dijo.


¿Tendré el corazón de piedra?

30 diciembre, 2014

Carta a un amigo.

Te contesto por aquí lo que me preguntaste por guasap.

No voy a poder ir. Lo tenía en mente al comienzo de las vacaciones, incluso estuve pensando ofrecerte la posibilidad de ir otro día. Pero ha sido una semana muy agitada esta última y me he olvidado completamente de nuestra cita habitual. Creo que ya sabes que mi madre estaba perdiendo la cabeza, pues en las últimas semanas ha comenzado a tener alucinaciones y ya disparata constantemente. Sigue usando el lenguaje, pero no termina lo que comienza. Si uno quiere inventar frases más peregrinas y que vengan menos a cuentos no se le ocurren. Y es muy difícil memorizar lo que dice porque como no tiene lógica ninguna no hay manera de encontrar asidero en la memoria.
Se podría decir que es Alzehimer, o algo parecido, pero las demencias solo las diagnostican con fiabilidad postmortem, analizando el cerebro. Últimamente creemos que puede ser otro trastorno parecido llamado “cuerpos de Lewin”.
El caso es que ayer nos vinimos a Arenas para descansar de tanta agitación. Hace unos días hemos decidido ingresarla en una residencia y hemos estado muy liados con todos los preparativos. Mi padre se quedará aún, cuidado por una mujer, en su casa, porque está mejor entre sus libros. Él ahora mismo está muy bien, pese a la enfermedad de mi madre. Superó una depresión con antidepresivos hace tiempo y aún encuentra motivos para vivir en la lectura de cada tarde.
Mañana mismo, precisamente, por la mañana, mis hermanas llevarán a mi madre a la residencia y yo volveré de Arenas a medio día para acompañar a mi padre en esa primera tarde solo. Aunque sé que vosotros os marcháis pronto de León, los próximos días también los tengo comprometidos pues mis hermanas se van de viaje y yo me quedo de guardia en Salamanca para visitar a mi madre en estos primeros días tras su ingreso.

Ya te contaré. 

09 diciembre, 2014

Besos.

La relación con la vejez de mis padres va cambiando. Al comienzo creo que me sentía afectado personalmente. Su vejez era la que yo sufriría un día. Ahora la vejez y la enfermedad son suyas. Les atiendo pero, siendo ellos los sufrientes, de algún modo, estoy a salvo. Me he distanciado.

 A veces estoy con mi madre, terriblemente trastornada y perdida, y no siento pena. Supongo que es una defensa. No puedo estar compadeciéndome de ella todos los días. La acompaño, la abrazo, le doy más besos que antes, pero no siento pena. Me acuerdo mucho de ella en su ausencia, pero no siento propiamente compasión. Es como si en lugar de estar preocupado, estuviera solo ocupado. Como el enfermero que atendiera a alguien con terribles dolores pero que, por salud mental, no pudiera compadecerse ante cada gemido del enfermo.

También mi contacto físico con ella ha cambiado. Hace unos meses solo la besaba cuando llegaba y cuando me iba. Eran los besos formales de un saludo. Cualquier otra muestra de cariño me parecía improcedente. Me hubiera producido vergüenza hacerla. Más allá de aquellos besos formales del saludo, el contacto físico me producía cierto rechazo. En las últimas semanas ha estado tan mal, ha llorado tanto, que me he acostumbrado a besarla con frecuencia y a acariciarle la cara y la espalda. Ahora me gusta. No es que sienta una ternura sin fin, pero lo hago con gusto. Es el único modo que tengo de intentar consolarla y mostrarle que la acompaño en su enfermedad.

08 diciembre, 2014

Razones para llorar

Mi mujer recuerda una escena antigua, de cuando novios. Yo tenía entonces mi primera depresión. Y sentados juntos en el bar de la estación de autobuses en Bejar, lloraba porque en Israel, los soldados partían los brazos a los niños palestinos para que no volvieran a arrojarles piedras. No dudo que aquello me llevara a las lágrimas, pero hoy creo que lloraba mi propio dolor interior. Mi llanto, inconscientemente, buscaba una causa digna, cuando en realidad no podía encontrar una razón real en mi vida para la amargura que sentía.

A mi madre le sucede estos días lo mismo. Está convencida de que le escondemos una tragedia. Cree que le ha pasado algo grave a alguno de mis hermanos y no se lo queremos decir. Quién se ha muerto, pregunta y de poco sirve querer convencerla de que nada ha sucedido.

“Decidme qué ha pasado”. Y esto lo dice, ya, deshecha en lágrimas, antes de que le desvelemos la horrorosa tragedia que supuestamente le ocultamos.


No sé si todo responde solo a los mecanismos de su locura, pero para mí tiene una lógica rotunda, que es la misma que a mí me hacía llorar hace tantos años. En algunos momentos es consciente que está enferma, sabe que nada será como antes y aunque se olvide muchos ratos, una pena mortal la traspasa. Una tristeza que no quiere ser egoísta, una amargura inconsolable que, como la mía de entonces, busca un motivo en el mundo exterior que haga su llanto altruista y razonable. 

26 noviembre, 2014

Mi madre otra vez.


Ya son bastantes la noches que bajo a acostar a mi madre. La mujer la deja a las 9:30, con el camisón puesto casi siempre, pero llegando las diez, en el último momento, la acompaño yo. Mi padre lo ha intentado solo algunas veces pero montan una pelotera. Es mejor que lo haga yo. (¡Leche! El “solo” de la frase anterior es un poco ambiguo, para que luego diga la academia, quiero decir "en soledad".)

Hoy me preguntaba si había una razón para que no estuvieran en su casa. Que si le podía explicar por qué era conveniente que estuvieran allí. “¿Es que habéis hecho algún contrato por el que tenemos que estar aquí?” Le explico que está en su casa pero dice que aquí se siente observada. Que se puede encontrar con un hombre cuando va al servicio, como si creyera que está en una especie de pensión en la que compartieran baño. “Aquí estamos de paso. ¿No?”

A las incoherencias que dice, uno quiere encontrarle una lógica, para entender en qué mundo vive, pero no existe coherencia alguna. No es posible entenderla porque ni siquiera ella se aclara y muchas veces lo reconoce. Alguna vez le dije que ella tenía problemas con su cabeza y que por eso creía que estaba en otra casa. No le fue útil escuchar eso. Hoy le seguí la corriente, pero se disgustaba porque no le daba una explicación de por qué estaban allí.

Se quedó seria ya metida en la cama. Le di unos besos, pero no pude ponerla de buen humor. Se había tomado una de Zolpidem y me subí para casa. Le dije a mi padre que tardara un poco en entrar a acostarse él, que esperara a que se durmiera.

Por otro lado estoy feliz de haber encontrado en el blog de San Segundo, en esta entrada, una hermosa canción, que debe ser muy famosa, pero que no conocía:


Autunm Leaves. 


20 noviembre, 2014

Consuelo

Anoche llegué a casa y escuché a mi madre llorar en voz alta metida dentro de la cama. Todas las luces estaban encendidas porque mi padre aún estaba zascandileando por la casa. Antes, hace meses, cuando él estaba deprimido, estaba ansioso por coger la cama y tomando el postre ya decía que quería que llegara el momento de tomarse la pastilla. La cosa ha cambiado y ahora tras la cena se demora lavándose los dientes, enzarzándose con alguna lectura de último momento o poniéndole y quitándole volumen al televisor para enterarse de poco o de nada.

Rezaba en voz alta al tiempo que lloraba. La saludé y le pregunté qué pasaba. Estaba enfadada porque mi padre no le deja hacer nada sola. ¿Pero es que he hecho algo malo para que me tenga que vigilar así? ¿He hecho algo malo? ¿Le he pegado a alguien o algo? Le expliqué que si la vigilaba era porque la quería, que quería cuidarla, que no quería que le pasara nada malo. La idea parece que le sorprendió. Le di unos besos mientras ella lloraba. Estaba metida en la cama con el embozo hasta el cuello y yo me inclinaba sobre la cama cada cierto tiempo para besarla. Yo estaba tranquilo y ella se fue tranquilizando poco a poco. Me dijo que mi padre se pone muy pesado cuando la acuesta. Él tiene sus manías y cree que estas también son importantes para ella. Mi madre lleva muy mal que sea él quien la cuide a ella. No lo soporta. Y no soporta que le dé órdenes, túmbate más allá, pon las piernas más acá… y cosas así.


En fin, me fui contento de su casa. Por un día había conseguido convertir su angustia en tranquilidad. Hoy también bajé y la dejé tranquila. Mañana será otro día. 

19 noviembre, 2014

Dar consuelo.

Ayer publiqué lo que había escrito el domingo por la noche. Contaba allí lo deprimente que es  enfrentarse al dolor de mi madre. No conté la frase que más me dolió, la frase que desde el domingo no he podido olvidar.

Era la hora de meterla en la cama. Yo le iba a dar las yerbas que toma como laxante, le iba a poner el camisón y a acostarla. La había estado consolando, porque no se sentía en su casa, y parecía que después de unos besos y unos abrazos estaba un poco mejor. Yo quería terminar cuanto antes y aunque no le metía prisa, no parecía que aquello fuera a durar mucho. Entonces, como una sutil amenaza, o quizás no, quizás solo como una muestra de su dolor y una expresión de la pena que sentía dijo señalando la cama: “Ahora me meteré ahí y lloraré.”

Podría haber servido para lo contrario, pero el recuerdo de sus palabras me ha impedido bajar alguna de las noches de esta semana a verla. Pensando en ello, en la biblioteca, he descubierto de nuevo mi egoísmo. A veces, si no sabemos, si no podemos, si no queremos cargar con el dolor ajeno nos es suficiente con mirar para otro lado.

Esta noche he bajado y la he encontrado rezando y llorando en la cama. Mi padre la había acostado pero no la oía, estaba en el salón, aún levantado, con sus libros. Gracias a Dios en pocos minutos conseguí consolarla y que quedara mucho más tranquila que cuando llegué. Me he quedado muy contento. Dentro de lo que cabe. Os lo cuento mañana.

17 noviembre, 2014

Triste futuro.

Anoche estuve con mi madre después de volver de Cáceres. Para ella es casi constante la sensación de no estar en su casa. A veces hay que explicarle dónde está el servicio y cosas así. Dicen que no hay que discutir con este tipo de enfermos y no lo hago, pero... La verdad es que las cosas que dice son desoladoras. Por ejemplo, que esto suyo no es vida. Que para vivir así es mejor morirse. Tenemos que buscarle alguna actividad en un centro de día o lo que sea. Se aburre mortalmente.

Una amiga de Cáceres me cuenta los males de su madre, que tiene la enfermedad mucho más avanzada. Ya no sabe vestirse sola, ya no sabe comer por sí misma, hay que ducharla... Su carácter se ha vuelto muy dulce, algunos enfermos sufren ese cambio. 

Da miedo pensar en el futuro que nos aguarda. 

05 octubre, 2014

Mi madre está triste.

La mujer que cuida a mis padres me cuenta que esta tarde mi madre se derrumbó. Tenía un bajón y en conversación telefónica con una nieta, entre lágrimas, le pedía que rezara por ella porque pronto se moriría.