30 diciembre, 2014

Carta a un amigo.

Te contesto por aquí lo que me preguntaste por guasap.

No voy a poder ir. Lo tenía en mente al comienzo de las vacaciones, incluso estuve pensando ofrecerte la posibilidad de ir otro día. Pero ha sido una semana muy agitada esta última y me he olvidado completamente de nuestra cita habitual. Creo que ya sabes que mi madre estaba perdiendo la cabeza, pues en las últimas semanas ha comenzado a tener alucinaciones y ya disparata constantemente. Sigue usando el lenguaje, pero no termina lo que comienza. Si uno quiere inventar frases más peregrinas y que vengan menos a cuentos no se le ocurren. Y es muy difícil memorizar lo que dice porque como no tiene lógica ninguna no hay manera de encontrar asidero en la memoria.
Se podría decir que es Alzehimer, o algo parecido, pero las demencias solo las diagnostican con fiabilidad postmortem, analizando el cerebro. Últimamente creemos que puede ser otro trastorno parecido llamado “cuerpos de Lewin”.
El caso es que ayer nos vinimos a Arenas para descansar de tanta agitación. Hace unos días hemos decidido ingresarla en una residencia y hemos estado muy liados con todos los preparativos. Mi padre se quedará aún, cuidado por una mujer, en su casa, porque está mejor entre sus libros. Él ahora mismo está muy bien, pese a la enfermedad de mi madre. Superó una depresión con antidepresivos hace tiempo y aún encuentra motivos para vivir en la lectura de cada tarde.
Mañana mismo, precisamente, por la mañana, mis hermanas llevarán a mi madre a la residencia y yo volveré de Arenas a medio día para acompañar a mi padre en esa primera tarde solo. Aunque sé que vosotros os marcháis pronto de León, los próximos días también los tengo comprometidos pues mis hermanas se van de viaje y yo me quedo de guardia en Salamanca para visitar a mi madre en estos primeros días tras su ingreso.

Ya te contaré. 

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