Lo primero que quiero decir es que me gustó el titular de “El Mundo” en el día de las elecciones: “Democracia real hoy”.
Los del 15 M me producen simpatía y rechazo a la vez. Entiendo su protesta y al mismo tiempo los veo despistados. Los que están acampados son parte del pueblo pero no son “El pueblo”. Y existe un peligro real de querer sustituir la calle por las urnas. Una foto tomada en la puerta del Sol es significativa a este respecto. Un tipo llevaba en el pecho colgado un cartel que decía algo así como "El pueblo declara ilegal a la Junta Electoral Central". Me sorprende que tan poca gente(en proporción) y tan poco organizados hayan podido suscitar tanta expectación. El viernes antes de las elecciones en el bar en el que descanso dos grupos a los que escuché hablar hablaban de ellos. Yo mismo he mirado las noticias sobre ellos todos estos días con un interés inusitado.
La verdad es que espero muy poco de ellos. Pero al mismo tiempo me gustaría poder esperar más. Conozco dos alumnas de 15 años que apoyan esta movida en Salamanca y conozco la ingenuidad de sus ideas y al mismo tiempo su buena voluntad. Con esos años es dificil que se puedan tener ideas claras pero por lo que he oído y leído no parece que sus hermanos mayores (es decir, los que aún están en Sol) no las tienen mejores.
Yo lo que creo es que a todos nos gustaría que la democracia fuera mejor y de ahí nace la expectación y el apoyo popular que tiene. Pero al mismo tiempo la vida suele ser más prosaica que los sueños y creo que el descontento de los jóvenes nace también de ese hecho. La democracia es muy interesante en teoría pero en la práctica, la mayoría de las veces, cuando estás en un Consejo Escolar –elegido democraticamente- decidiendo mil asuntos que muchas veces no te incumben directamente la democracia es una pesadez.
Y para terminar. Creo que tampoco vendría mal una mirada materialista histórica al asunto. Si no hubiera tantos parados, tanta gente que no puede pagar la hipoteca, en una palabra, tanta crisis un movimiento como éste no hubiera aparecido. No digo que se reduzca a queja económica pero desde luego ese descontento es el mejor caldo de cultivo para cualquier protesta.
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A lo que voy. Creo que una manera de hacer la democracia más real es tener en cuenta no solo lo que la gente quiere sino la fuerza y la convicción con la que lo quiere. No unicamente debe contar lo que piensan las personas sino qué cantidad de esfuerzo están dispuestos a hacer para que sus ideas sean las que dirijan la sociedad. Es sabido que existen grupos más concienciados, más radicalizados, más interesados en dirigir la sociedad. Se debe dar oportunidad de que esas “ganas” se noten en las urnas. SIEMPRE QUE SE MANTEGA LA IGUALDAD DEL VOTO, naturalmente. ¿Cómo se podría medir la calidad del voto? Con más votos. Por ejemplo, si hubiera que votar varias veces (por ejemplo tres) a lo largo de varios meses (por ejemplo tres). El resultado final sería el cómputo global de las tres elecciones pero creo que el resultado sería diferente al de un solo día de votación y creo que habría menos divorcio entre las urnas y la calle.
Creo que esto favorecería a los partidos pequeños (ya sé que también se podía eliminar o modificar la ley D'Hondt, pero no estoy hablando de eso ahora) porque normalmente en los partidos mayoritarios puede haber mucha gente arrastrada por la masa. Creo que la exigencia de la repetición del voto nos libra en cierta medida del voto poco reflexivo y le da mayor importancia a los que creen que su modo de pensar es importante y ponen empeño en que la sociedad marche por donde ellos creen que debe de marchar. (No voy a resolver una duda que me surge al paso ¿no será beneficiar a los radicales y fanáticos?)
El parecer de cada uno debe contar igual que el de cualquier otro pero mi procedimiento no lo impide. El voto de todos vale igual, pero con las votaciones sucesivas, eso será así siempre que tú le des importancia a tu voto. Si vas más veces contará más veces, si por la razón que sea vas menos veces contará menos. Doy por supuesto que el que se toma la molestia de ir tres veces, está más convencido que el que va dos y más que el que va una. Nadie puede decir que su parecer no se tiene en cuenta y “la fuerza” con la que vota únicamente depende de su deseo de votar. La masa silenciosa que nunca sale a la calle tiene derecho a existir, claro que sí, y a decidir con su voto, faltaría más, pero con mi procedimiento se le pide que muestre su compromiso con un mayor esfuerzo.
Un pequeño problemas que aún no he resuelto. ¿Qué pasa con el voto por correo? Las molestias que este modo de voto ocasiona no podría resolverse en un solo día para las tres elecciones, para que el nuevo procedimiento funcionara habría de suponer tres ocasiones de trastornos sucesivos.
Y lamento mucho no haber llegado a tiempo para que Pseudópodo hubiera podido citar
aquí también mi reflexión.