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29 julio, 2013

DE NUEVO EN LA TATE MODERN



He vuelto a la Tate Modern. Me he sentido decepcionado porque lo que más me gusta de la Tate es el enorme hall de entrada (la sala de turbinas) y resulta que están haciendo obras y no se puede visitar. Solo he podido verla desde el piso de arriba con los andamios puestos. En la foto puede uno hacerse idea de las dimensiones del lugar porque se ve a dos obreros trabajando.



En realidad sigo yendo a los museos por costumbre. Mi padre siempre me llevó. Precisamente la primera vez que visité la Tate fue con él. El arte no deja de interesarme pero no me alimenta. Durante este curso he leído la mitad de un libro reciente “¿Qué estas mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos” que precisamente está escrito por quien fue director de la Tate durante varios años: Will Gompertz. No lo terminé porque tuve que devolverlo a la biblioteca precisamente cuando llegaba a la parte más reciente. La verdad es que lo que leí me interesó aunque tengo que decir que no por eso entendí mejor a Kandisky.

El problema del arte moderno es distinguir lo verdadero de lo falso. Yo les propongo a los organizadores del museo la siguiente broma. Que dejen a unos cuantos jóvenes colar sus “invenciones” entre las obras “consagradas” o supuestamente “importantes” y luego pidan a la gente que las identifique. Que, por ejemplo, cada veinte obras que se exponen en la Tate, una de ellas haya sido pintada o esculpida o diseñada por un joven artista de la carrera de Bellas Artes. Se le anuncia al público y se organiza una especie de concurso.
Podían anunciárselo al público y organizar una especie de concurso. ¿Creéis que la gente acertaría cuál es el “abstracto” falso o la instalación de pega?

Lo dudo. No creo que las obras “coladas” tuvieran significativamente más votos que las otras. No creo que el público supiera decir, de las cosas raras que allí se ven, cuál corresponde a un artista consagrado y cuál es la ocurrencia de un novato. Desde luego yo no sabría, lo cuál dice mucho en contra del arte moderno.





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Entradas de otras veces que estuve en la Tate.

17 febrero, 2012

¿Tendrá Tapies algún valor?

Se quejaba mi padre, ya noventa años y profesor jubilado de pintura y dibujo, de las alabanzas en los periódicos a Tapies estos días después de su muerte.

Y me contaba de nuevo una anecdota que ya le he oido varias veces. Era una entrevista a Tapies.

Entrevistador: En otros tiempos usted decía que el arte debía estar al alcance de todos y que se podían exponer grandes reproducciones de grandes artistas en las calles. Cuadros de Velazquez, de Rembrandt, etc... ¿Sigue usted pensando lo mismo?
Tapies: En ese aspecto he cambiado. Hoy pienso que el arte debe ser expuesto en un lugar que invite a la visión tranquila. El arte requiere un entorno adecuado que concentre la atencíón para apreciarlo bien.
Así decía la entrevista y mi padre remataba:
"Naturalmente que no quiere que se exponga las obras de arte en la calle. Se da cuenta que si sus "tapias" se exponen en la calle no las apreciaría nadie."

Hoy he encontrado un enlace a un artículo de BOADELLA en que lo pone verde. Según él el éxito de Tapies consiste en haber convencido a los demás de que es tonto el que diga que el emperador va desnudo. Voy a ver si imprimo el artículo y se lo paso a mi padre para que disfrute.

ICONOCLASTA BOADELLA, como a mi padre y a mi nos gusta.

11 enero, 2008

A VUELTAS CON EL ARTE



Paul Klee decía que “el arte hace visible lo invisible”. Aunque supongo que no se refería a ésto.
Mi padre me transmitió una interpretación trascendente del arte. La auténtica obra artística profundizaría en la realidad, penetraría en el misterio de las cosas y de algún modo se aproximaría a esa esencia escondida que constituye su fondo último y que no se revela a la mirada cotidiana.

He crecido con esa interpretación. El arte como ventana a "lo importante".


Tengo la sensación de que el arte ya no se entiende así. Creo que se lo he leído a Verdú o a algún otro. Hoy el arte se ha trivializado y es sobre todo entretenimiento. Provocación, escándalo, distracción. Todo eso es lo mismo. En una palabra sola: espectáculo.
¿Transmite una concepción del mundo? ¿nos enseña algo, aunque lo que aprendiéramos no fuera verbalizable u objetivable? Lo dudo.

Hoy un museo, un museo que se precie, apenas si se diferencia de un parque temático. Esto tiene la ventaja de que se puede ir con niños. Ya os hablé de los toboganes de la Tate. Pero sus gestores no dejan de asombrarnos (espectáculo). Actualmente, el suelo de la llamada Sala de Turbinas de la Tate Modern está fracturado, dividido en dos por una grieta de 167 metros de largo. Como si hubiera habido un terremoto que hubiera abierto el piso del edificio en dos. Es una escultura de la artista colombiana Doris Salcedo. Yo, a quien en principio, el asunto parece otra tomadura de pelo, estuve allí para verlo y la verdad es que no sé bien qué pensar.

¡Qué queréis que os diga! Me gustó. Será que soy un snov , pero no puedo mentir. La foto superior, que es buena, la he encontrado en internet. La otra, también. Las que yo hice os las evito.

Sobre la absurda necesidad de llevarte a casa en tu propia cámara lo que todo el mundo fotografía y de lo que ya existen postales espléndidas ya escribiré otro post.






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El que quiera hacerse una idea general
puede verla aquí. Aunque no se ve completa.


En algunos lugares la grieta es muy ancha y la gente hace el tonto. Puede verse aquí.














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No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente no ser ciego
para ver los árboles y las flores.

Alberto Caeiro, heterónimo de Fernando Pessoa

10 noviembre, 2007

LOS TOBOGANES DE LA TATE

Creí que os había hablado de los toboganes de la TATE. En realidad, escribí un email a los amigos sobre ellos antes de tener el blog. Lo cuelgo ahora aquí. ¿Aún quedará alguno de aquellos amigos que me lea?



Vi una exposición hace poco en el DADOS, (es una sala de exposiciones que abrieron en Salamanca con motivo de la capitalidad cultural) Es la antigua carcel reconvertida en museo y donde exponen siempre arte actual. La que vi eran fotos y videos, sobre todo. O todo. Por cierto, lo mejor era una pieza musical de Bach, un violonchelo solo. Sonaba en una sala donde en video se veía al músico fingiendo que la interpretaba pero sin violonchelo. En el cartel explicativo decían que el instrumento había sido borrado digitalmente de manera que no se sabía si aquello era un truco fotográfico o un mimo (el colega fingiendo que tocaba el chello). Lo que yo sabía apreciar era la música que Bach que sonaba estupenda.

Con el arte actual tengo dudas si soy un absoluto ignorante o como el niño del cuento que denuncia que “el rey está desnudo”. Por cierto, ¡qué gran cuento el del rey desnudo!

En realidad me sucede como a alguno de mis alumnos de filosofía. Siempre hay alguno que ante los razonamientos de Descartes, Kant o Hume dice: “¡Vaya bobadas que se le ocurrían a los filósofos!.”
Yo sé que no son majaderías (aunque por lo visto no acierto a hacérselo ver a los alumnos), es más, sé que aunque mis alumnos crean que piensan por sí solos y que se inventan sus ideas de la nada, deben su modo de pensar a autores como Comte, Kant o Nietzsche, entre otros.

¿Me pasará a mi lo mismo con el arte actual? ¿Seré un ignorante que no se entera de nada? Es muy probable. Aunque no se me quita de la cabeza la otra posibilidad: la del engaño total y la terrible tomadura de pelo.

La Tate Modern en Londres, con todo su prestigio, no queda libre de esta sospecha de fraude. Actualmente presenta (como esculturas, "¡agárrate la cola!" que diría mi suegra) unos toboganes cerrados en espiral (iguales a los tubos esos que hay en los parques para los niños, exactamente iguales pero más largos) que bajan desde el quinto, el tercero o el segundo piso de la sala de exposiciones.

Por lo que me cuentan, el “artista” (que habrá contratado a un ingeniero para que le diseñe unos toboganes que resistan) explicaba que se trata de experimentar cómo se siente uno dentro de una escultura. Como idea puede estar bien, pero los toboganes son una chorrada que ayuda a que los padres puedan visitar el museo con sus hijos o a que majaderos como yo se hagan fotografías según bajan.

El artista seguramente es aficionado a Woody Allen. Y seguramente la idea de estar dentro de una escultura la aprendió de él. Uno de sus personajes, quejándose de su escasa vida sexual, dice “La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la libertad.”
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A mí me gusta el arte cuando llega a las alfombras. Es entonces, cuando llega al gran público, cuando está popularizado en camisetas y otros objetos, cuando digo “¡qué alfombra más bonita!. Es aquí cuando debería aparecer el artista actual y decirme “pero, mentecato, ¿no te das cuenta que es un Miró, un Mondrian o un Rothko?

Por cierto, a este último abstracto Rothko (de gran importancia), no lo conocía y me llamaron sobre él la atención en la Tate Modern. Me parece perfecto para alfombras. O para un enorme y decorativo tapiz en la pared del salón.
Supongo que el mérito de estos señores de colores abstractos consiste en habernos abierto una nueva sensibilidad para el color. Cuando yo digo, hoy, que me gusta una alfombra abstracta de colores no soy muy consciente de que estoy “educado” por los creadores que se inventaron esas combinaciones cromáticas hace un montón de años.
Aunque en realidad, lo que soy es “un antiguo” academicista. Recuerdo un suplemento dominical, hace muchos años, en el que Saura hacía un garabato sobre un odalisca de Ingres y “creaba” una nueva obra de arte. Yo, ¡qué le voy a hacer, señores!, me quedo con la odalisca de Ingres sin garabatear. Lo que os decía: como un alumno ignorante.

20 junio, 2007

SÓLO CUENTO LO QUE VI

Lo que se ve en la foto es un imagen del video "Bouncing balls" del artista Francesco Vezzoli.
Es uno de las obras que se puede ver en la exposición "Idilio" en el DADOS de Salamanca.

Como explica el folleto: "vemos una atlético cuerpo masculino de pie delante de un impresionante paisaje montañoso, dando la espalda al espectador. Al ritmo de los melódicos sonidos de una pieza para piano de Mozart, inclinándose ligeramente hacia delante, sacude rítmicamente sus genitales. Mediante esta cómica acción, Vezzoli contradice tanto los ideales físicos como los idílicos."






Dura casi ocho minutos. Los huevos se balanceaban a izquierda y derecha al agradable ritmo de la música. Reconozco que van bastante acompasados. Núnca antes había visto a un tipo en esta posición y me da la impresión de que los testículos le cuelgan demasiado. Quizás sean falsos. A lo mejor es que yo los tengo pequeños. O más pegados al culo, como los tigres. Tampoco me he visto en semejante posición. Desde luego el movimiento que consigue este hombre es espectacular y los huevos casi tocan los muslos a un lado y a otro. En determinado momento se quedan en el centro y avanza hacia delante y hacia atrás. Además el marco es incomparable. Aunque a mí me recuerda a un concurso de pedos del que tuve noticia y que se celebró en un colegio mayor.
No sé si estuve un minuto viendo este video. ¿Dos quizás?

Desconozco si al finalizar la pieza musical y después de los ejercicios de ballet el tipo se vuelve hacia el público y saluda.

11 junio, 2007

MUCHO CON POCO



Parece ser que conseguir transmitir mucho con muy pocos medios es una muestra de ingenio creador. Al menos así lo explica José Antonio Marina.

La foto que encabeza este texto está tomada de una pared cercana al Museo de arte actual (El DADOS) que han abierto hace pocos años en Salamanca. A mi me parece un prodigio. Con un bote de spray negro y usando una línea quebrada de ángulos muy cerrados el graffitero ha conseguido hacer aparecer una figura en el marco de una ventana tapiada. Yo he visto cosas dentro del museo que me parecen menos ingeniosas y novedosas que esa. Asombra cómo con tan poco se puede sugerir tanto.

Creo que el valor de “La Regenta” no se basa en esta técnica, pero quizás si el de los haikus, el de las greguerías y de los refranes.

En lo que a mí me atañe, sin querer, tiendo a extenderme. A veces corrijo frases quitando cosas innecesarias para evitar ese vicio pero escribo reiterativo y largo. Pero que conste que la teoría me la sé: la síntesis es una virtud y lo “bue” si “bre” dos veces “bue”.

Supongo que conocéis el cuento más breve de la historia. Es de Monterroso. Se reduce a una línea: “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.” Él contaba que aprendió a ser breve leyendo a Proust. Era una ironía. El ínclito autor francés dedicó siete volúmenes a “recuperar el tiempo perdido”. Yo sólo he leído, a trozos, el primero y el segundo. Por cierto el segundo ya sólo por el título merece la pena “A la sombra de las muchachas en flor” ¡Que fuerte!

Para hablar de la brevedad esto ya es demasiado largo.





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A mí el cuento de Monterroso no me gusta pero sin embargo me parece muy gracioso aquello que decía de que “los enanos tienen una especie de sexto sentido para reconocerse entre ellos.”