10 noviembre, 2007

LOS TOBOGANES DE LA TATE

Creí que os había hablado de los toboganes de la TATE. En realidad, escribí un email a los amigos sobre ellos antes de tener el blog. Lo cuelgo ahora aquí. ¿Aún quedará alguno de aquellos amigos que me lea?



Vi una exposición hace poco en el DADOS, (es una sala de exposiciones que abrieron en Salamanca con motivo de la capitalidad cultural) Es la antigua carcel reconvertida en museo y donde exponen siempre arte actual. La que vi eran fotos y videos, sobre todo. O todo. Por cierto, lo mejor era una pieza musical de Bach, un violonchelo solo. Sonaba en una sala donde en video se veía al músico fingiendo que la interpretaba pero sin violonchelo. En el cartel explicativo decían que el instrumento había sido borrado digitalmente de manera que no se sabía si aquello era un truco fotográfico o un mimo (el colega fingiendo que tocaba el chello). Lo que yo sabía apreciar era la música que Bach que sonaba estupenda.

Con el arte actual tengo dudas si soy un absoluto ignorante o como el niño del cuento que denuncia que “el rey está desnudo”. Por cierto, ¡qué gran cuento el del rey desnudo!

En realidad me sucede como a alguno de mis alumnos de filosofía. Siempre hay alguno que ante los razonamientos de Descartes, Kant o Hume dice: “¡Vaya bobadas que se le ocurrían a los filósofos!.”
Yo sé que no son majaderías (aunque por lo visto no acierto a hacérselo ver a los alumnos), es más, sé que aunque mis alumnos crean que piensan por sí solos y que se inventan sus ideas de la nada, deben su modo de pensar a autores como Comte, Kant o Nietzsche, entre otros.

¿Me pasará a mi lo mismo con el arte actual? ¿Seré un ignorante que no se entera de nada? Es muy probable. Aunque no se me quita de la cabeza la otra posibilidad: la del engaño total y la terrible tomadura de pelo.

La Tate Modern en Londres, con todo su prestigio, no queda libre de esta sospecha de fraude. Actualmente presenta (como esculturas, "¡agárrate la cola!" que diría mi suegra) unos toboganes cerrados en espiral (iguales a los tubos esos que hay en los parques para los niños, exactamente iguales pero más largos) que bajan desde el quinto, el tercero o el segundo piso de la sala de exposiciones.

Por lo que me cuentan, el “artista” (que habrá contratado a un ingeniero para que le diseñe unos toboganes que resistan) explicaba que se trata de experimentar cómo se siente uno dentro de una escultura. Como idea puede estar bien, pero los toboganes son una chorrada que ayuda a que los padres puedan visitar el museo con sus hijos o a que majaderos como yo se hagan fotografías según bajan.

El artista seguramente es aficionado a Woody Allen. Y seguramente la idea de estar dentro de una escultura la aprendió de él. Uno de sus personajes, quejándose de su escasa vida sexual, dice “La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la libertad.”
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A mí me gusta el arte cuando llega a las alfombras. Es entonces, cuando llega al gran público, cuando está popularizado en camisetas y otros objetos, cuando digo “¡qué alfombra más bonita!. Es aquí cuando debería aparecer el artista actual y decirme “pero, mentecato, ¿no te das cuenta que es un Miró, un Mondrian o un Rothko?

Por cierto, a este último abstracto Rothko (de gran importancia), no lo conocía y me llamaron sobre él la atención en la Tate Modern. Me parece perfecto para alfombras. O para un enorme y decorativo tapiz en la pared del salón.
Supongo que el mérito de estos señores de colores abstractos consiste en habernos abierto una nueva sensibilidad para el color. Cuando yo digo, hoy, que me gusta una alfombra abstracta de colores no soy muy consciente de que estoy “educado” por los creadores que se inventaron esas combinaciones cromáticas hace un montón de años.
Aunque en realidad, lo que soy es “un antiguo” academicista. Recuerdo un suplemento dominical, hace muchos años, en el que Saura hacía un garabato sobre un odalisca de Ingres y “creaba” una nueva obra de arte. Yo, ¡qué le voy a hacer, señores!, me quedo con la odalisca de Ingres sin garabatear. Lo que os decía: como un alumno ignorante.

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