04 junio, 2016

Curso de iniciación a la meditación.

En la asociación Amigos del Desierto ofrecen cursos de iniciación a la meditación. El curso pasado me quise apuntar pero llegué tarde. Este curso parece que se me logrará. En un correo, me explicaron que los de iniciación ya no los da Pablo d’Ors sino sus colaboradores. No hay problema, no quiero conocer a este señor, sino aprender a meditar.

Hace dos días me volvieron a escribir. Del día 30 de septiembre al 2 de octubre hay un curso deiniciación en La hospedería del silencio. Ya he telefoneado y el lunes ingreso una señal.  

Aunque el curso es de iniciación voy a llevar un trecho andado porque todo sigue viento en popa con el libro de Jalics. En el libro reproduce conversaciones entre el maestro de meditación y los discípulos, conversaciones que recomienda no leer todas seguidas, sino muy poco a poco, para irlas asimilando y que sirvan para aprender de la práctica diaria del silencio. Así lo hago. Estoy realmente contento. Otros defectos tengo, pero constancia no me falta y cuando le pongo fe y ganas a algo me entrego por entero. Realmente progreso, o eso me parece. Las indicaciones me son realmente útiles y como el libro va por pasos (tiempos, los llama) creo que avanzo. Estoy en el segundo tiempo y los venticinco minutos diarios que hago centrándome en percibir la respiración a lo largo de todo su recorrido son bastante más centrados que los de  hace unos meses, cuando caminaba casi a ciegas.
En los primeros tiempos, releí mucho Biografía, y pensaba que ya me lo sabía de memoria. No era cierto. Hoy estuve repasando algunos capítulos y resultó maravilloso. Muchas cosas me parecían absolutamente nuevas.

Esto es como la llamada de Jesús. Convertíos y creed en el evangelio. La primera vez la recibes como un hecho novedoso, pero cuando pasa un tiempo la llamada vuelve a ser nueva.

Recuerdo un cuento que leí de joven. ¿Los tambores? Aún debe estar por casa de mi padre. En una ciudad aparece un hombre con un tambor gritando por las calles: “Nos vamos a otra ciudad”. El primer día lo meten en la cárcel por escándalo público pero poco a poco se le va uniendo gente hasta que los seguidores son una multitud que abandonan la ciudad. Recorren mil lugares buscando un nuevo asentamiento y todo el cuento transcurre en esa búsqueda. Al final cuando ya han construido una nueva ciudad y están asentados en otro lugar, así acaba el cuento, un día aparece un hombre por la calles con un tambor gritando “no vamos a otra ciudad”.

Cada cierto tiempo, me parece que tengo las claves de la vida. Cada cierto tiempo creo que voy a cambiar, que ahora sí.


Vivo de nuevo ese momento. 

2 comentarios:

  1. Quería saludarte y decirte que sigo tu afán meditativo desde la distancia. Puedo comprende tu ansia de verdad y silencio. Ánimo.
    Por otro lado, como seguramente verás, he cerrado el blog definitivamente. No es un paso fácil pero es necesario.
    Un cordial saludo.

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  2. Parece que te hubiera picado un extraña mosca. Cierras el blog antes de que se acabe el curso.
    Y lo más sorprendente: ni se pueden dejar comentarios ni se pueden ver los anteriores.
    :o

    ¿Cuándo sabremos que abres el siguiente?

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