05 junio, 2016

Los alumnos jugando a las cartas y mi suegra.

A veces, por la razón que sea -una huelga, una excursión-  hay pocos alumnos en clase y les dejo que charlen y se muevan con libertad por el aula. Pero no les permito asomarse a las ventanas, pues daría mala impresión que los vieran desde fuera, en la escuela y ociosos.

De la misma manera, en la asignatura de alternativa a la religión, me resisto a dejarlos jugar a las cartas. Al final les digo la verdad. “No es una actividad propia de la escuela, y además, me fastidiaría que en algún momento entrara el jefe de estudios o el director y vieran que os permito lo que no debo permitiros.”

Y mi suegra ¿qué pinta en todo esto?

Cuando faltaban pocos días para casarme con su hija, a la pobrecílla lo que le preocupaba no era que pasáramos las noches en la casa que ya teníamos alquilada sino el que la gente lo supiera.


Yo me quejaba entonces: ¿Pero qué es lo importante? ¿Que se hagan cosas mal o el que se sepa?

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