13 junio, 2015

Noche con gato.

Es de noche.

Hemos traído por primera vez al gato a pasar el fin de semana con nosotros a la caravana. Hizo el viaje de una hora en su trasportín y una vez en la caravana, aunque este estaba abierto, no salía fuera de él. Hemos puesto el arenero debajo de nuestros asientos y también hemos hecho un hueco allí para su manta. Una vez colocado ha pasado toda la tarde allí dentro, sin decir ni pío, como asustado. Ya lo sé, lo de no decir ni pio, es natural siendo un gato.

Mi mujer sufría por él. La tarde ha sido larga y parecía que no fuera a acostumbrarse nunca. Ahora, al comienzo de la noche ha revivido, salió de su agujero, se paseó por todos lados y lo olisqueó todo. Ya no se le ve tenso. Vamos a dormir más tranquilos.

Ahora mismo, mientras mi mujer ya duerme, con la caravana a oscuras, la única luz, la de ésta pantalla, he abierto una ventana, con la mosquitera puesta para que no salga, y él lleva un rato largo de pie sobre sus patas traseras asomado, escuchando los ladridos de un perro lejano, el canto del grillo y supongo que atento los aromas que le llegan del camping. Ha sido él quien me ha ayudado a escuchar esos sonidos a mí.


Si uno pudiera morirse dulcemente y elegir el momento por su calma… éste sería un instante perfecto.

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