03 febrero, 2015

Mi padre fue a verla.



El día pasado quería yo justificar que mi padre no hubiera ido aún a ver a mi madre. Según mi hermana es un autista emocional. Yo me niego a aceptar que sea tan egoista como ella piensa pero es cierto que él cuando habla de mi madre parece que solo lo enfoca desde su punto de vista y de lo que él ha perdido. No parece pensar en mi madre. O al menos, no en primer lugar. Dice: ya no le puedes contar nada, ya no te puede contar nada. Y del mismo modo que yo sigo teniendo madre, aunque casi no me reconozca, él sigue teniendo mujer y no tiene sentido que diga que se siente como viudo, porque ella sigue viva. Y él puede seguir queriéndola.

Quizás no quiero pensar que es un egoísta porque mi madre siempre dijo que yo era igualito a él. Y siempre he admitido esta idea, sin cuestionarla nunca.

Hoy he estado con él en la residencia. Hacía más de un mes que no se veían. Él le daba besos pero no sé si mi madre sabía con quién estaba. Creo que no, porque lo mismo iba de su mano que de la mía, que de la mano de la asistenta. No diferenciaba, o eso me parecía a mí. Mi padre decía que la veía más bajita.


Había dos sillones en la habitación. Pero él pidió que la sentáramos en sus rodillas. En seguida quisimos hacerle fotos. No dejaba de tener cierta poesía el encuentro pero desde luego era menos poético de lo que hubiera sido en una película. Ya en el coche de vuelta mi padre comentaba que la ve “muy acabada”. Hoy llovía en Salamanca. Creo que tardará en volver.


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