02 febrero, 2015

Ascender en la escala jerárquica (otra vez)

En una entrada anterior contaba que en ocasiones siento alivio cuando se jubilan viejas “vacas sagradas” en mi centro. Son profesores muy conocidos, porque por sus clases han pasado muchas generaciones de alumnos o porque son muy exigentes, o porque enseñan mucho y sus alumnos consiguen muy buena nota en selectividad.

La alegría de su desaparición solo sé explicarla de una manera: “ascender o no bajar en laescala jerárquica de la tribu”. Se es alguien por comparación con los otros, y si ellos desaparecen mi figura destaca.

Es un tema que me ha preocupado siempre. A veces me doy cuenta que cuando se habla de algo en un claustro el tema es lo de menos. Con las intervenciones se marca el propio territorio en el centro, como el perro que va meando por las esquinas.

Hará un año, mi instituto, que es bilingüe en francés, tenía la posibilidad de serlo también en inglés. Esto es algo bueno para un centro,  porque recibes más alumnos y mejores. Pero para ello necesitábamos que hubiera un determinado número de profesores que pudiera acreditar tener el B2  o se “comprometieran” a alcanzar ese nivel en los próximos años.

Los que se ofrecieron aparecían ante todos como un benefactor del centro, como alguien necesario en el instituto.

Yo, ni he conseguido aún el B2, ni quise significarme como posible profesor bilingüe en el futuro.

Hubiera podido, pero de haberlo hecho me hubiera sentido absolutamente comprometido en ese asunto y no quería.

Un compañero, y amigo, dijo que él se comprometía a hacerlo. Va para año y medio y no se ha puesto a ello. Este curso le invité a que nos matriculáramos en la Escuela de Idiomas y dijo que no. No tiene la menor intención de hacer el esfuerzo de estudiar inglés. En aquel momento del claustro se le calientó la boca, apareció como muy majo ante todos los compañeros y al día siguiente si te he visto no me acuerdo.

Se lo he reprochado muchas veces a él. Pero me cuesta mucho perdonarlo. No soporto que aquel día abriera su cola de pavo real y apareciera ante todos como el macho alfa. Yo, con más motivo, podría haber hecho lo mismo, con un plumaje más bonito y más justificado, pero el miedo al compromiso, o a lo que fuera, me retuvo.

¿Por qué me duele tanto su fanfarronería? Mi motivación está clara. Lo veo a él ascendiendo en la escala jerárquica de la tribu y yo paralizado por mil miedos infundados.

Un amigo decía que por qué tenía que seguir esforzándome para conseguir nuevas metas si ya tengo ganada mi oposición y mi vida resuelta ¿Para qué tanto afán -también él estudia inglés- si no existe una necesidad objetiva de luchar tanto?

Está claro... ascender o no bajar  en la escala jerárquica de la tribu. 


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