29 enero, 2015

Amor químico.

En el blog de Pseudópodo se discute a menudo si la visión científista agota la visión de la realidad. ¿Hay otros modos de hablar de lo humano que tengan sentido? ¿Dice algo de la realidad el lenguaje religioso? ¿Aporta algo la visión poética de lo humano?
O la realidad es SOLO lo que dice la ciencia.

He encontrado un poema (en Buscando leones en las nubes) que enfrenta dos modos de hablar del amor.

HIPÓTESIS CIENTÍFICA
Nada dice acerca del amor
la hipótesis biológica
de que se trata de una reacción química.
No tengo ningún inconveniente en admitir
que te aman mis jugos interiores
que tu ausencia me intoxica la sangre de negra bilis
que al contemplarte
sube la tasa de mi monóxido de carbono
y los linfocitos se reproducen alocadamente.
Si me pongo lírica
y se me traba la lengua
¿cómo no reconocer que alteras mi metabolismo basal
y entorpeces mis digestiones?
Mis narinas tiemblan
aumenta la presión de la sangre
enrojezco y me altero
o sudo y palidezco.
Mi amor es gutural e instintivo
como el celo de los animales.
Cualquier metáfora que erija
como un vestido sobre la epidermis
será artificio.
Y sin embargo,
cuando te hablo,
evoco leyendas antiguas:
Tristán, Iseo, la cruel Turandot,
Dido, la enamorada, y la indiferente Helena
se amontonan en mi boca,
viajan,
en ríos blancos de saliva.
Hipótesis científica
o cultura,
lo mismo da:
mis vísceras no distinguen,
aman, sin preguntarse qué es el amor.
Cristina Peri Rossi
“Otra vez Eros”.

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