23 noviembre, 2013

El apetito de mi padre.

Mi padre atravesó una temporada en la que decía que él comía porque se forzaba a sí mismo, pero que realmente no le apetecía comer. Mi hermano médico explicó que no había que preocuparse mientras no perdiera peso, y lo cierto es que no perdía.

Poco a poco empezamos a tomarnos a broma su poco apetito. 
Las comidas transcurrían de la siguiente manera.

-          No me pongas mucho puré que no tengo gana.

Y al rato le ofrecías un poco más y aceptaba.

Con cierto desdén se tomaba también el segundo plato. Y luego…
-          Tomaré solo medio plátano.

Y pasados unos minutos decía:
-          Bueno, pásame el otro medio.

Y tras tomarse un yogur aún preguntaba:
- ¿quedó de ayer carne de membrillo?

Mi hermano dio con la descripción perfecta.
Mi padre es “un inapetente de café copa y puro”.  

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