25 octubre, 2013

Tarde con mi madre

Mi madre ayer tuvo una alegría. La llamaron dos antiguas amigas para que saliera un rato. Alguien les debía haber dicho que mi madre está “olvidadiza” y quisieron sacarla un rato para entretenerla. Fueron a buscarla a casa, se tomaron un café por ahí y la acompañaron de vuelta antes de la cena. Esto de acompañarla de vuelta, y eso que llovía, indica que la veían frágil, desvalida y necesitada de auxilio. Hasta ahora siempre que mi madre salía con amigas iba ella sola hasta donde hubieran quedado y luego volvía sola. ¿Qué razón las hizo venir a buscarla y luego traerla? O alguien les había contado algo o al hablar por teléfono, parece que la felicitaron el día de su santo, se dieron cuenta de que no estaba en condiciones de salir de no ser así.
Cuando volvió, venía contenta, pero enseguida dijo que “habían hecho una obra de caridad con ella sacándola para que se distrajera un poco”. ¿Por qué decía eso? ¿Es que ya es consciente de que ella ya no puede darle una conversación entretenida a nadie? A veces te quiere hacer creer que está normal (o se lo cree ella) y otras se adivina que barrunta la gravedad de su mal.

El caso es que lo que ayer parecía una alegría –la salida con las amigas- se convirtió hoy en tristeza y confusión. Si anoche la dejé contenta después de volver de la salida, cuando llegué esta estaba hundida en su sillón. Mi padre había, por su cuenta y riesgo, pedido ya una cita para el psiquiatra. Decía que nosotros, por mis hermanos, la hemos llevado al neurólogo pero que estas tristezas que tiene son de depresión y debe atenderlas un psiquiatra.

Estuve un rato con ella y me explicó lo que le pasaba. No recordaba bien a las amigas y cuando quería recomponer sus recuerdos sobre ellas no lo lograba. No recordaba bien de qué las conocía. No sabía si la que tenía una madre muy mayor y enferma era la una o la otra. Está claro. Había estado con ellas, había estado bien, pero decía que no sabía muy bien con quien había estado.
Quería llamar por teléfono a alguna para que le aclarara sus confusiones. Estaba yo ya mirando en su agenda para marcarle el número (ella no ve nada, quizás con una lupa hubiera encontrado el número después de buscar una hora) cuando tuve ocasión de hablar con la mujer que los atiende, que venía entonces de la farmacia.
A solas, me explicó que mi madre ya había telefoneado esta mañana a una de ellas y que en esa conversación, había intentado aclarar algunas de sus dudas.

Me quedé ojiplático. O sea, se levantó por la mañana confusa, telefoneó para aclararse y por la tarde se había olvidado completamente que había llamado, seguía con las mismas dudas que antes del teléfono y con la misma intención de llamar.

Se me ocurrió llevarla un rato a casa de mi suegra por ver si se entretenía y se olvidaba de todo. De momento parece que lo logré. Ha llegado de buen humor para cenar. No sé lo que durará. Le dije a mi padre que, por favor, ni se le ocurriera nombrarle a Carmen y a Josefina.


Yo, a todo esto, en la TV de mi suegra vi un rato de la ceremonia de los premios Príncipe de Asturias. Me recordó cómo uno de mis antiguos compañeros de instituto consiguió una foto con su Majestad la Reina. Pero lo de criticar a un compañero lo dejo para la entrada de mañana.

1 comentario:

  1. Llegué a tu blog siguiendo el rastro de Uriarte y me he quedado por lo de tu madre, por ver como lo llevas y porque me hace bien sentir que no estoy sola.
    Yo tambien voy todos los días a ver a la mía y tambien se que por mucho que vaya siempre me queda la duda de si habré hecho bastante.
    Es doloroso, sobre todo esta etapa en que cada dia pierde un puñado de neuronas y ella se da cuenta. Pero te digo que es una fuente inagotable de conocimiento de mi misma. Es la última enseñanza que recibo de ella y no me la quiero perder.
    un abrazo

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