15 octubre, 2013

La vida: regalo o castigo.

Estoy leyendo un libro muy breve: “Origen” de Thomas Bernhard.
Me habló de él mi compañero Alberto Sansegundo y lo recomendaba encarecidamente en “Todos los libros un libro” hace tiempo.

Me parece interesante pero triste. Su autor no solo es un hombre amargo sino amargado. Parece que viviera la existencia como una maldición. Yo soy un tipo masoquista, que se tortura por nimiedades, que se regodea en imaginar males futuros, que sufre por sufrir, muchas veces. Pero a mí la vida me parece maravillosa y disfruto como un niño al menos dos veces por cada una que me lamento.

Cuando leo la descripción que Bernhard hace de sus años de educación pienso: pobre hombre. En la reseña que he enlazado más arriba, Alberto dice que tiene una gran lucidez. A mí me parece que solo ve lo malo de la vida.  Juzgo únicamente por una primera impresión, pues en realidad solo he leído la mitad de un librito de 130 páginas. Pero frases como la que os copio a continuación no dejan lugar a muchas dudas.

… porque todo lo que el nuevo ser (el recién nacido) recibe y percibe en esos primeros días y semanas y meses y años lo es luego para toda su vida futura y, como sabemos, cada una de esas vidas que se viven, cada una de esas existencias que se existen es siempre sólo una vida turbada o una existencia turbada, una vida perturbada o una existencia perturbada y una vida aniquilada o una existencia aniquilada, turbadas y perturbadas y aniquiladas. 

Y esta otra:

   El nuevo ser es convertido en sus tres primeros años, por sus procreadores o sus representantes, en lo que tendrá que ser durante toda su vida y no podrá cambiar por ningún medio: en una naturaleza desgraciada como ser humano totalmente desgraciado…
En realidad, hablo de este autor para contraponerlo a una cosa de actualidad: la muerte de María de Villota, la piloto de coche que sobrevivió a un gran accidente y que ha muerto hace pocos días.
Me ha llegado noticia de que el libro en que contaba su vida se llama “La vida es un regalo”. Sería estúpido querer comparar ambos libros literariamente. Bernhard será, como dice Sansegundo, uno de los grandes autores de la literatura del siglo XX, lo que quería comparar son las dos experiencias vitales. Recibir la existencia como algo que hay que agradecer o experimentarla como una maldición.

Experimentar la vida como un regalo es lo que a mí me parece una experiencia religiosa (con independencia de que esta mujer sea teóricamente creyente o no, que lo ignoro). En mis años jóvenes me enseñaron que no se trata de que el hombre religioso busque a Dios, sino al contrario es que se encuentra su amor. Dios es el primero que actúa: nos ama. Y la vida del hombre religioso es la respuesta a ese amor. La caridad cristiana no es algo que uno se tiene que esforzar en tener para con los demás. Es la única respuesta que cabe frente a los otros cuando uno se siente feliz y agradecido de existir.

Si habéis leído lo que cuento en relación con mis padres podéis adivinar que yo no he experimentado el amor de Dios. Pero aún hay clases. Al lado de Bernhard –pobrecillo- soy un místico.




Y para terminar una pregunta y una respuesta:

¿Habríais querido ser Kafka aun a riesgo de llevar la vida infeliz que él llevó? Yo no.

6 comentarios:

  1. No sabemos lo que sufrió Kafka a pesar de lo aparatoso de su relato, sólo lo pudo saber él al igual que sólo tu sabes hasta que punto te atenazan tus tribulaciones.
    Según cuentas lo de Bernhard, siempre me ha llamado la atención por qué personas consideradas tan inteligentes no son capaces de dar otro enfoque a la vida. Si él es consciente de toda esa determinación fatal está a un paso de darle otra interpretación, quizá que no importa ¿por qué va a importar si ya está determinado?. Trabaja con ella, es lo que tienes, intenta transformarla. Me dirá, "no, porque también eso está determinado", pues vale, pero en esa acción, en ese intento quizá se descubra algo, se aprenda... No lo sé, tampoco soy yo la alegría de la huerta.

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  2. Yo he leído poco de Kafka, pero por lo que le escribe a su padre, por sus cartas de amor y por todo lo que sé de él en general fue un tipo que las pasó canutas. Así de claro. Son “grandes nombres de la literatura” no porque supieran llevar su vida muy bien (desde el punto de vista de la inteligencia emocional) sino porque todo ese sufrimiento lo supieron expresar muy bien y nos hacen un bien a todos mostrándolo. Nos ayudan a conocer el alma humana, aunque ese beneficio sea a costa de lo muy torturados que vivieron. Y parece ser que Kafka vivió su infancia, que le marcó para siempre bastante torturado.
    Isaac, un tipo que creó el universo kafkiano era porque lo conocía bien.

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  3. Me haces un favor. Ya le pones a mi comentario tú las comas donde correspondan, que tengo prisa.

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  4. Isaac, existe el idiota sabio (no recuerdo la expresión en francés). Es decir, puede ser que seas un genio en un aspecto concreto y un necio en otro.
    Doy por supuesta toda la inteligencia que Sansansegundo atribuye a Bernhard, pero tengo la sensación que ese hombre, en cuanto a disfrute de la vida: cero patatero.
    Y seguramente no es su culpa. A mí me da pena por él. Yo prefiero la sonrisa de María de Villota (a la que he conocido después de muerta) que la atormentada e inteligente angustia de Bernhard.

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  5. La verdad es que yo sé muy poco de Kafka, metamorfosis y alguna otra cosilla. Lo que quería decir, y quizá me equivoco, es que una cosa es el sufrimiento y otra la percepción del sufrimiento que tiene cada uno de sus penas. Sabemos que con problemas de diferente gravedad, al menos objetiva, el sufrimiento no es proporcional en unas personas y en otras. Quizá lo que nos parece tremendo en el relato genera un sufrimiento de intensidad no tan lejana a lo que sufren otros con menos, no lo sé. Es como eso de que el hombre se acostumbra a todo, a veces es sorprendente como algo que en un principio nos parece desagradable, luego acaba tomando cierto caracter de normalidad. Es un tema delicado y por lo que dices yo tampoco me querría ver en la piel de Kafka y menos por querer tener un prestigio intelectual.

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  6. Una inteligencia que a través de un análisis lógico-racional de la vida llega a la conclusión de la determinación y fatalidad puede también buscar alternativas, al menos para mitigar el sufrimiento. Si no me equivoco así lo hizo por ejemplo Schopenhauer que también es considerado bastante pesimista. A pesar de esa Voluntad que él interpreta como determinación, causalidad inevitable, encuentra vías de escape o al menos de amortiguación: la contemplación de la Naturaleza, el arte, la música. Y aunque la genialidad en estos ámbitos esté reservada a unos pocos, la aproximación a ellos no está vedada a nadie.
    Esa diferenciación de inteligencia emocional no me acaba de convencer, si hay inteligencia debería ser en todos los sentidos ¿no?.

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