03 septiembre, 2013

Tranquilizante ocasional o antidepresivo habitual.

Al final del verano, mi amigo B., médico de familia, de modo informal y charlando de otras cosas, me dijo que yo era un caso claro de TAG. Trastorno de Ansiedad Generalizada. No me parece mal diagnóstico. También me siento como un bipolar light. Pero él dice que eso no es un bipolar, que es un ciclotímico. De repente las tres siglas aparecieron como un foco que iluminaba mi vida. La vida misma es ciega y nada como tener un concepto para poder ver la realidad. Mi vida, a la luz de esa idea, aparecía sencilla, previsible, explicable y explicada.
Por lo que yo le entendí, ese trastorno se comprende dentro de la neurosis. Y la neurosis oscila entre dos extremos. Uno es la depresión o tristeza y el otro es la ansiedad y el miedo. Yo claramente estoy en manos del miedo. A mí la vida me parece algo lleno de peligros. Unas veces los vivo con más angustia y otras veces con menos, pero siempre hay mil peligros acechando. Siempre hay algo malo que PUEDE pasar. Cuando volví de Londres y me vi en casa entero, sin daño ninguno y que todo había salido muy bien sin problema ninguno me costaba creerlo. Ni el más mínimo problema en todo el viaje. Entonces pensé que esa buena racha no podía durar tanto. Que algún mal habría de venirnos a Pilar y a mí. Que aunque solo fuera por eso de la distribución estadística ahora nos tocaría sufrir un poco. Y tuve miedo. Es para echarse a reir sino fuera dramático. Otra vez el miedo, el miedo de que no haya sucedido nada mal y que por fuerza alguna vez tendrá que pasar. Si no me creyera tan listo pensaría que soy estúpido. En realidad lo soy. Estúpido, digo. Emocionalmente no soy muy inteligente. Si lo fuera viviría más tranquilo. Y vivo siempre con un grado determinado de tensión.
Es una tensión que ignora la proporción real de los problemas. Me ahogo en un vaso de agua. Cualquier pequeño trastorno se convierte en un problema que me agobia. Y cuando no hay nada real me invento peligros posibles y futuros. Es como si la ansiedad estuviera instalada en mí y lo que hiciera mi cabeza fuera buscar amenazas y peligros que hagan razonable la situación de miedo constante. En fin, todo esto está descrito muy  dramáticamente. También tengo ratos muy tranquilo pero mi estado natural es el estado de alerta.
Pero lo que quería contaros es la alternativa que supongo que un médico británico me propondría si yo fuera a verlo y le contara todo esto.
Puedo vivir sin medicación, tomando tranquilizantes de vez en cuando, como ya conté aquí y aquí y también puedo tomar de modo continuo un antidepresivo. De esta última posibilidad es de la que me habló mi amigo B. A veces mi estado de ánimo, estado de ánimo de cierta irritabilidad, repercute negativamente en otros. En Pilar, sobre todo. ¿Sería preferible encontrar un antidepresivo que me serenara y olvidar esta lucha por encontrar cada día el equilibrio? No lo sé. De momento no me decido a tomar un antidepresivo de manera habitual.  En otro post, si Dios quiere, os explicaré por qué.


1 comentario:

  1. Anónimo4/9/13 9:09

    Perfecto ese si Dios quiere de la última línea.

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