21 junio, 2016

Saber de arte. Una idea equivocada.

Alain de botton explicaba en Religión para ateos que hacemos mal uso del arte. En lugar de sentir las obras de arte nos centramos en saber sobre ellas. Entender de arte no es disfrutar con él sino saber cosas sobre el artista o los nombres de sus pinturas o las características de su obra. Se trata de saber, no sentir o contemplar. Así creo que ha sido en mi vida, al menos.

Leí cien páginas de Contra la juventud, de d'Ors. Me aburría y lo devolví a la biblioteca.

Ahora estoy con El estupor y la maravilla del mismo autor. Son las reflexiones del vigilante de un museo. Bastante raras, pero más interesantes que el otro libro.  

También es superior el tiempo que se dedica a leer lo que está escrito en la cartela del cuadro que el dedicado a la contemplación  del cuadro mismo. Por alguna razón, mucho más que la pintura en sí, lo que realmente interesa es saber quién o cuando la pintó e informarse sobre las dimensiones exactas y otros pormenores del lienzo: materiales utilizados, museos de procedencia, año de adquisición... El visitante común quiere saberlo todo del cuadro que va a mirar, pero luego no quiere mirarlo, ésa es la verdad. 

Quizás un poco exagerado, pero tiene mucha verdad. Yo he sabido lo que es contemplar a mis cincuenta y seis años. A ver si ahora que lo sé lo pongo en práctica.

2 comentarios:

  1. Supongo que lo que pasa es que sin información complementaria es difícil valorar un cuadro. Si ves un cuadro sin información de ningún tipo es difícil enjuiciarlo sin una fuerte sensibildad y cultura previa que lo contextualice artísticamente. Si vemos las pinturas de las cuevas de Altamira ¿por qué tienen valor esos trazos? Es difícil sin una información previa que ayude a entender su importancia. Fuera de contexto el arte es difícil de apreciar. O uno es un verdadero observador, sutil y penetrante, algo que no es así en la inmensa mayoría que acude masivamente a los museos. Yo no soy muy amigo de museos. La mayoría me horroriza. Solo una muestra pequeña de apenas sesenta cuadros es lo máximo que puedo procesar. Ir al Prado es demencial. O al Louvre, salvo que uno pueda acudir siempre que quiera y entonces pueda ir a observar cada día un cuadro o dos. Ciertamente se ha pervertido la idea de contemplación de la obra artística. Es un consumo más de la sociedad de masas.

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  2. Recuerdo una amiga a quien dejé o mandé una cinta de un cantante italiano desconocido en España. Entonces no había internet y no podía uno informarse fácilmente. Me dijo que necesitaba saber algo más de esa música para poder disfrutarla. Me pareció una prueba clara de que no sentimos el arte, sino que de alguna manera lo pensamos. ¿Por qué no disfrutar de la música sin necesidad de ubicarla en el panorama cultural?

    Eso creo que nos pasa con el arte. Lo miramos intelectualmente, pero no lo contemplamos. Tendríamos que disfrutar del arte como lo hacemos de una película, implicándonos en la historia, dejándonos llevar por los sentimientos que intenta suscitar. No analizando los traveling, los picados o contrapicados.
    Es cierto que hay entender el código en el que está escrito. Pero no hablo del arte moderno. Creo que hemos sustituido "sentir el románico", por ejemplo, por "saber del románico". Una bobada.

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