09 septiembre, 2015

Hacer el bien y sentimiento de culpa.

Este verano decidí que iba a hacer mis vacaciones como otros veranos, con independencia de cómo estaban mis padres. Me he ido a Arenas la mayoría del tiempo y una mujer ha ido a pasear a mi madre una vez al día. Mis otros hermanos han ido a verla cuando les ha parecido. Tampoco mucho. Mi padre se quedó atendido con dos mujeres (durante la semana y el finde).

El psicólogo que visito con mi mujer cree que el sentimiento de culpa no es útil y debemos librarnos del él. Le pregunto: ¿Y no sirve para que, huyendo de él, hagamos lo bueno?

Me contesta que existen otros muchos modos de aprender a hacer lo bueno. Usemos otros en lugar de la culpa. Es verdad, puedes ayudar a los demás por amor, por ejemplo, pero muchas veces lo hacemos para huir del castigo que recibimos si no lo hacemos. Ya sea el remordimiento de conciencia (la culpa) o la vergüenza de ser castigado por el grupo con críticas. Tengo la sensación de que la motivación para hacer las cosas bien es menor que la motivación para huir del castigo si las hacemos mal.
En una charla de TED, el autor de “La hipótesis de la felicidad” explica, de pasada, la fuerza del castigo.
En un documento que fue publicado en la revista Nature hace unos años, en el cual Ernst Fehr y Simon Gachter hicieron a la gente jugar con un dilema común. Un juego en el cual le das dinero a la gente, y entonces en cada ronda del juego, ellos pueden colocar dinero en un contenedor común, y entonces el experimentador dobla lo que hay, y es dividido entre los jugadores. Por lo tanto es una buena analogía para todo tipo de problemas medioambientales donde le estamos pidiendo a la gente que hagan un sacrificio. y ellos en si no se benefician verdaderamente de su propio sacrificio. Pero quieren que todos los demás se sacrifiquen, pero todo el mundo tiene la tentación de un paseo gratis. y lo que ocurre es que al principio, la gente comienza cooperando razonablemente -- y todo esto es jugado anonimamente -- en la primera ronda, la gente da alrededor de la mitad del dinero que pueden dar. Pero enseguida ven, "Sabes que, otros no están dando tanto. No quiero ser un bobo. No voy a cooperar." Y por consiguiente la cooperación pronto declina de razonablemente buena a casi cero.
Pero entonces -- y aquí está el truco -- Fehr y Gachter dicen -- en la séptima ronda le dijeron a la gente,"¿Saben qué? Regla nueva. Si quieren dar algo de su propio dinero para castigar a los que no están contribuyendo, pueden hacerlo." Y tan pronto como la gente supo sobre la situación de castigo, la cooperación creció con rapidez. Se dispara y continúa creciendo. Hay gran cantidad de investigación que muestra que realmente ayuda para resolver problemas de cooperación. No es suficiente sólo apelar a los buenos motivos de la gente, verdaderamente ayuda tener algún tipo de castigo. Inclusive cuando sea sólo verguenza, bochorno o chisme, necesitamos algún tipo de castigo para lograr que la gente,cuando estén en grupos grandes, cooperen. 
Pero entonces -- y aquí está el truco -- Fehr y Gachter dicen -- en la séptima ronda le dijeron a la gente,"¿Saben qué? Regla nueva. Si quieren dar algo de su propio dinero para castigar a los que no están contribuyendo, pueden hacerlo." Y tan pronto como la gente supo sobre la situación de castigo, la cooperación creció con rapidez. Se dispara y continúa creciendo. Hay gran cantidad de investigación que muestra que realmente ayuda para resolver problemas de cooperación. No es suficiente sólo apelar a los buenos motivos de la gente, verdaderamente ayuda tener algún tipo de castigo. Inclusive cuando sea sólo verguenza, bochorno o chisme, necesitamos algún tipo de castigo para lograr que la gente, cuando estén en grupos grandes, cooperen. 
Si la mayoría de mis hermanos hubieran organizado su verano para atender a mi madre es posible que me hubiera sentido cuestionado. Es posible que un sentimiento de no estar a la altura de los demás me hubiera llevado a venir más a visitarla. 


Conclusión: mi psicólogo está equivocado. 

1 comentario:

  1. Cuando vivía mi madre yo ingresaba cada mes una cantidad en su cuenta para ayudarle a pasar dicho mes. Mi único hermano lo sabía y él no lo hacía. Luego decidí pagar una parte de la asistencia a una señora que la cuidaba sin que mi hermano se viera interpelado. Pagué una cantidad después de su muerte a la mujer que la había cuidado durante mucho tiempo como agradecimiento. Mi hermano lo supo así como la mala situación económica de esta mujer precisamente por haberla atendido. No aportó nada.

    ¿Cuáles eran mis motivos? No sé si culpa o estar a la altura de las circunstancias. Me parecía justo hacerlo aunque mi relación con ella había sido terrible habiendo sido un niño maltratado en su tiempo.

    No me influyó el hecho de que él no colaborara. Nunca se lo he echado en cara, pero me hace pensar.

    La herencia del piso de mi madre (hipotecado) fue para mis hijas pero yo entendí que los hijos de mi hermano también tenían derecho a ello y lo repartimos (muy poca cosa, casi nada). Yo entendí que era actuar justamente. Él en caso contrario no lo hubiera hecho por supuesto.

    Ahora mi hermano ha cesado toda relación conmigo.

    No era miedo al castigo ni sentimiento de culpa. Era, creo, actuar honestamente.

    Allá cada uno con lo suyo.

    Yo no necesito a mi hermano ni él ya a mí. Ya no puede sacar nada.

    Asi es la vida.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...