20 agosto, 2015

Yo, motero.

                     EL HECHO: Al comienzo del verano, en el camping del Regio, en Salamanca, había unos cuantos moteros con sus tiendas, sus motos y sus tatuajes. Todos entrados en años. El motero siempre tiene ya una edad. Los veía sentados tomando cerveza cuando pasaba a su lado camino de la piscina. Alguno con sus botas puestas. Verlos me producían una cierta pena. No me parecía que “ser motero” fuera un modo de ser que hiciera feliz y realizara a la persona. Me parecía una servidumbre, una especie de uniforme que se veían obligados a llevar porque habían elegido ese modo de vida. Los veía esclavos de sus tatuajes y la identidad que se habían fabricado.


                    LA INTERPRETACIÓN: Todos nos fabricamos un personaje. Más o menos corriente o diferente, pero siempre una imagen personal que constituye nuestro yo y con la que nos identificamos. Por ejemplo, yo me creo un intelectual, un profesor de filosofía que sé más que una persona corriente, con un modo de pensar y unas creencias. Me creo un tipo más ingenioso que la media, en algunas cosas friki y original, aunque sé que en otras soy completamente convencional y vulgar. Estas son solo unas pinceladas, pero tengo claro que poseo un yo que tengo que conservar y proteger frente los demás. Como los moteros, una servidumbre.

1 comentario:

  1. Da tantas vueltas mi ego. Cuando he creído comprenderlo, ha dado giros inesperados que me han dejado turulato. Yo no sé vivir apegado a un ego. No sé si es una debilidad o una suerte. Soy frágil y quebradizo porque no tengo algo a que aferrarme, una imagen mental de mí mismo. A veces lo echo en falta. Me ha causado mucho dolor carecer de ella. Sin embargo, intuyo que sentir así es un prodigio que te hace estar abierto a todo, a ser capaz de evolucionar y no quedarte preso de dicha imagen.

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