16 julio, 2015

Murió mi suegra

Hoy he tomado conciencia de una cosa. Estoy muchísimo más pasota que hace unos meses. 

Recuerdo mis sentimientos al comienzo del curso. Cada día era una aventura. Me levantaba superenergético. Como si lo que tuviera que hacer fuera importantísimo y estuviese lleno de peligro. Cada cosa era relevante, decisiva, gravísima. Leía un texto y me parecía crucial. Una conversación con un compañero estaba llena de jugo, cuando me reía lo hacía  con muchas ganas. Todo era divertido y apasionante, al tiempo que estaba lleno de riesgos, aunque no sabría decir cuáles.
Estoy en un estado muy distinto. La vida es gris y monótona. No presenta las subidas y bajadas con las que la vivía hace unos meses. Supongo que esa es la función de antidepresivo y el ansiolítico.
Cuando me he dado cuenta he añorado  la emoción del comienzo de curso. La vida era tremenda y maravillosa a la vez. Comenzaba una clase y lo que contaba o debatía con mis alumnos me parecía lo más importante del mundo. Leía por entonces Flow y me parecía que en clase entraba en estado de trance. A veces, me involucraba tanto en el asunto que al terminar me tenía que preguntar ¿qué clase toca ahora? ¿Es la segunda, la tercera, la cuarta?

Nada de eso sucede ahora. Pero no es por no tener clase. Es la vida la que ha entrado en una placidez un poco insulsa. Muchos días no escribo aquí, porque no se me ocurre nada de interés. Pero no es mi vida, soy yo el que ahora mira la vida como algo monótono.




……………….

A todo esto atribuyo la poca conmoción que me ha producido la muerte de mi suegra, que se produjo anoche. Es como si mi corazón fuera de piedra. Quizás mi hijo es el más afectado. Parece más afectado que mi propia mujer , su hija. 

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