18 septiembre, 2014

Soy un friki.

Este verano mis amigos me dijeron, completamente en serio, que soy un friki. Esto no lo dicen como un insulto. Lo que quieren decir es que tengo muchas rarezas, que hago cosas que me sacan de lo “normal”. Lo cierto es que esa calificación me agrada. Fue mi padre el que a través del arte me enseñó a valorar la originalidad. El “raro” tiene peculiaridades que nacen de sí mismo, no las ha tomado de la masa amorfa, se le han ocurrido a él, han tenido su origen en él. Esto es lo que significa ser “original”.

Tengo rarezas y a veces las exagero precisamente para huir de lo común y porque la gente me ríe las gracias y mira con simpatía a quien se sale de lo trillado. No es que busque ser distinto, es que en ocasiones se me ocurren cosas diferentes que al resto y cuando los otros me lo hacen notar en lugar de avergonzarme y acomodarme al grupo saco pecho y me reafirmo en “el disparate”.

Hay cosas que cuando se me ocurren no me parecen raras. Es solo cuando las miro desde fuera, cuando imagino a uno de mis compañeros de trabajo haciendo lo mismo, cuando pienso: “estás como una cabra”.

Tengo un amigo/compañero con el que salía a correr habitualmente los viernes, que teníamos unas horas libres juntos en el horario. Nos cambiábamos en el Departamento, corríamos cuarenta y cinco minutos, luego nos duchábamos en el gimnasio y tras eso dábamos las últimas clases. En determinado momento del curso dejé de correr con él, pero él seguía aprovechando aquel tiempo para hacer ejercicio y no dejó de salir nunca. Un día me lo encontré justo en la puerta, cuando, con su chándal, se disponía a empezar. De repente, me entraron muchas ganas de pasar el rato con él, no de correr, pero sí de charlar, sí de repetir uno de aquellos buenos ratos que habíamos pasado juntos corriendo en los primeros tiempos del curso. No me lo pensé dos veces. Yo no tenía allí ropa de deporte para cambiarme pero dejé el abrigo colgado en conserjería, y tal como estaba, vestido de calle y con zapatos, me fui a hacer el recorrido con él.


Hoy, charlando en el bar, le dije que mis amigos de Arenas dicen que soy un friki. Lo suscribía y  me recordó este episodio. 

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