26 septiembre, 2014

Recuerdos.

Alguna vez me pregunto cómo será la muerte de mis padres. Siempre imagino que va a ser de noche y de repente. Una llamada de teléfono en el silencio. Por la edad, parece que lo normal es que mi padre muriera antes que mi madre pero nunca se sabe. Es tan imprevisible que hasta yo podría morir primero. Y luego pienso y ¿por qué ha de ser de repente? Lo más seguro es que la cosa comience de un modo menos dramático, teniendo que ir al hospital una tarde, por una fiebre o algún problema.
También puede ser una caída. El declive de muchos ancianos comienza con la rotura de la cadera.

Mi abuela Silveria siempre le pidió a Dios tener una muerte rápida y la tuvo. Aunque no debió ser agradable. Tenía una pulmonía o algo así y se asfixió delante de sus hijos. Después de toser un rato llegó un momento que no podía respirar. Mi padre y otra hija estaban a su lado pero no podían hacer nada, creo que mi padre le daba la mano. Cuenta que sus ojos se movieron en todas direcciones desesperados mientras se ahogaba. Mi padre tenía la pena de no haber podido hacer nada, no ya para salvarla, que parecía imposible, sino para al menos acompañarla. Posteriormente, se lamentaba de que no se le ocurriera, en los últimos +momentos, haberle dado besos o decirle que la querían. No sé si en esos minutos finales estaba en condiciones de enterarse de nada.


En todo caso, se suele decir que todo el mundo muere solo. 

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