23 septiembre, 2014

Microcuento (Ficción)

Los dos habían visto cómo sus padres se peleaban constantemente porque la sordera impedía que se entendieran bien. El entendimiento siempre fue difícil entre ellos pero la sordera de ambos avivó el conflicto con la edad. A los motivos normales de pelea se añadió el no saber bien qué decía el otro. Su hijo aprendió de aquello y se obligó a sí mismo y obligó a su mujer a aprender el lenguaje de signos de los sordos. Fueron un año a clases a la asociación y practicaban por las noches, cuando la hora invita al silencio.

A sus ochenta años él se quedó ciego.

Ambos conservaron un oído bastante bueno hasta su muerte.


Pero de viejos tuvieron unas peleas enormes. Como en sus mejores tiempos. 

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