18 agosto, 2014

Mi madre en la boda.

Los que se fijaran en mi madre, el día de la boda de su nieta, imagino que haría dos tipos de comentarios:
-       - El primero podría ser:   ¡Caramba con la vieja! ¡Cómo se había emperifollado la señora!
-       - El segundo sería de otro tenor: ¡pobre vieja! 
E      El primero lo harían los que la vieron en la ceremonia religiosa, porque la mujer que la cuida se había              encargado de llevarla a la peluquería y de vestirla con una ropa muy elegante.

El segundo es posible que lo hiciera alguien que, no habiendo reparado en ella durante la misa, vio luego su aspecto durante el banquete.
Lo que había sucedido entre una cosa y otra es que mi hermano y su mujer la llevaron un rato a casa a descansar y en ese tiempo atendieron a sus peticiones. Parece que la ropa de la misa le daba mucho calor y para ir al banquete se quiso poner algo mucho más fresco. También le cambiaron el calzado, los zapatos nuevos le habían hecho rozadura. No me fijé en el calzado que la gente llevaba pero pongo la mano en el fuego que las sandalias de mi madre eran, con diferencia, el calzado más gastado en todo aquel salón.


En sus primeros años en la Sanidad a mi hermano lo llamaban el médico hippie, porque mantuvo un tiempo, siendo ya médico, una coleta que tenía de joven. A la boda de su sobrina no acudió con una ropa que pudiéramos llamar de boda y siguiendo el criterio que usó para sí, dejó que mi madre se vistiera para el banquete . Desde luego, si mi madre hubiera estado en sus cabales, no hubiera ido al convite vestida de trapillo. Pero supongo que mi hermano no reparó en eso cuando dejó que se cambiara. 

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