17 junio, 2014

¿Educación emocional y creatividad?

En su blog, Cristina, una mujer canaria, se queja de una nueva asignatura que llega con la LOMCE a Canarias. EMOCREA, que así la han llamado, pretende la educación emocional y de la creatividad. Cristina se enfada además de que esto quite tiempo para otras materias y se quiera enfocar para la “productividad” de los trabajadores y la creatividad se relacione con la creación de empresas.

Cristina, yo he leído mucho a José Antonio Marina. Se puede decir que es lo único que he leído. Este hombre le da muchísima importancia a la inteligencia emocional que estuvo de moda hace años por el libro de Goleman y que Marina se dedicó a divulgar por España. Marina es partidario de una asignatura así, -hasta quizás sea responsable indirecto de su inclusión en el sistema educativo- y el libro de texto que escribió para Ciudadanía tiene algunos contenidos de este estilo.

Una de las ideas que maneja es que una buena gestión de las emociones es decisiva para conseguir un estudio adecuado. En relación con esto, lo primero y más básico es conocer las emociones y saber identificarlas. Uno puede sentir un malestar y estar fatal y no saber si es frustración, pena, rabia, desánimo, decepción, celos o confusión. Poner nombre a lo que te pasa es el primer paso para ponerle remedio. Antes de la terapia viene el diagnóstico. Se supone que además existen técnicas psicológicas para afrontar las diferentes emociones y bregar con ellas. Marina pretende que eso se vaya haciendo desde pequeños, porque cree que es decisivo para su educación desde el punto de vista práctico. A la larga saber gestionar sus emociones va a ayudarles en otras asignaturas. Uno de los aspectos de la inteligencia emocional es saber automotivarse y no cejar ante las dificultades sino saber ser constante y luchar por conseguir tus objetivos. Suspender matemáticas puede tener más que ver con la gestión del desánimo ante los fracasos académicos que con las matemáticas propiamente dichas.

Esta asignatura habría de ser algo práctico, y no más datos que los alumnos tengan que aprender, pero quizás podría ser algo útil si se sabe hacer y se hace bien. Cosa que no es nada fácil.

Entiendo que el lenguaje pedagógico que usan los expertos y los que hacen las leyes te eche para atrás –produce repelús a cualquiera- pero la iniciativa quizás no sea mala. Incluso aunque quite tiempo a otras materias. Si la cosa funcionara ese tiempo se recuperaría con creces.


Y de los emprendedores y la emprendiduría hablamos mañana. 

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