30 abril, 2014

Enseñanza pública de élite.

Hoy vengo a hablar bien y mal de mis compañeros.

El otro día quería yo presumir de honrado, pero a todo hay quien gana. Una persona de mi instuto no ha faltado a clase cuando tenía derecho. Operaron a su madre, pasó la noche con ella, pero por la mañana acudió a clase porque tenía quien la sustituyera junto a la enferma. Yo me hubiera sentido plenamente justificado para faltar, pero ella consideró que era mejor no hacerlo, Chapeau.


Muchos de mis compañeros se ponen los jueves la camiseta de “Enseñanza pública de todos y para todos”. Le critican a los colegios concertados que añadan cuotas (o dineros extras), porque de esta manera seleccionan a los alumnos y los convierten en colegios de “ricos”. Se reprocha que así se excluye a los inmigrantes o a los de clase baja. Y es cierto que hay colegios que lo hacen. Aunque no todos. En el de mis hijos nunca tuvimos que pagar “extras”. El Estado debería perseguirlo. Si se paga con el dinero de todos deberían poder acceder todos. Eso no es fácil de ocultar. Solo hace falta voluntad para hacerlo.

Lo que me llama la atención es dónde llevan luego a sus hijos. Resulta que también dentro de la pública hay clases. Y resulta que existen institutos que por el lugar donde están situados o por su historia, siendo públicos, se han convertido en elitistas. En Salamanca sucede eso con “La Vaguada”. Su nivel es tan alto y su nivel de exigencia es tal que todo el mundo lo sabe, por eso los malos alumnos lo evitan y los excelentes lo buscan. De este modo, reunidos en un mismo centro muchos de los mejores alumnos de la ciudad, la pescadilla se muerde la cola y la fama se confirma pues los profesores pueden exigir más y ellos dar más. En ese instituto mandan a “diversificación” a alumnos que en otro instituto serían normales. Y en ese instituto muchos estudiantes tienen buen nivel de inglés, porque sus familias los mandan en el verano al extranjero.


“Enseñanza pública de todos y para todos” que ya me encargaré yo de que mi hijo no se junte con todos y disfrute de unos compañeros selectos, aunque no sea por el mismo procedimiento que utilizan en los colegios concertados “de pago”. 

6 comentarios:

  1. Anónimo1/5/14 0:34


    No acabo de entender la crítica. Que no somos iguales es un hecho. Considero más justa una “segregación” por méritos y esfuerzo que por dinero.

    M.A.

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  2. Lo que se reprocha a los colegios privados es que segregan. Se deja a los inmigrantes y malos alumnos en los públicos y la clase media de esos colegios evita juntarse con las clases más bajas.
    Lo que reprocho es que esa segregación se da en la escuela pública. Con independencia de cuál sea su origen histórico existen institutos selectos. Y no estoy hablando de una cosa que llaman “Bachillerato de la excelencia”, que se crean voluntariamente y a conciencia. Estoy hablando de institutos “normales” desde el punto de vista legal. El nivel de exigencia en esos institutos es altísimo. Y a esos institutos es a los que llevan sus hijos aquellos que abogan por “educación igual para todos”. Es decir, una mentira. Esos profesores que abogan por una escuela de todos y para todos a la hora de buscar colegio para sus hijos, se las apañan para que sus hijos no se junten con todos, sino solo con los buenos. Es decir que han encontrado un mecanismo “público” y presentable para hacer lo que reprochan hacer a los privados.
    En los institutos existe una ley no escrita –hasta donde yo sé- que impide agrupar a los alumnos por sus notas. Es decir, no se pueden hacer grupos buenos y grupos malos. Sin embargo en mi ciudad, supongo que igual en otras, hay institutos de “buenos alumnos” e institutos de “malos alumnos”. Dices que es diferente que la selección sea por mérito o por dinero. Pero el lema dice “una educación pública de todos y para todos”. No es eso lo que quieren cuando buscan colegio para sus hijos.

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  3. Una vez leí un artículo de Rubert de Ventós que decía que era muy difícil ser de izquierdas y tener hijos. Por un lado dices que quieres igualdad. Y por otro te esfuerzas para que tus hijos se coloquen bien en la pirámide social.

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  4. Lo que llamamos elitismo en España es simple segregación: la clase media aquí, la chusma allá. Tú mismo lo has dicho: en ese instituto muchos estudiantes tienen buen nivel de inglés porque sus familias los mandan en el verano al extranjero, o sea, no porque los profesores enseñen mejor, ni tampoco porque los chicos estén mejor dotados para los idiomas. Es decir, es elitismo económico (de medio pelo, porque los nietos de Botín irán a otros tipo de escuelas).

    Creo que hay un problema gordísimo en considerar que la dignidad del trabajador (lo que cobra y el prestigio que tiene) depende de la titulación conseguida. Esto lleva a muchos estudiantes poco dotados y poco interesados en aprender, a seguir una carrera académica. Y como dice la canción, no hay cama pa'tanta gente, así que los que tienen posibilidad de influir en el sistema educativo se las apañan para conseguir las ventajas que sean. Recuerdo que escribiste aquí una vez que te extrañó que tu hija decidiera estudiar periodismo porque jamás leía prensa ni le gustaba leer en general (quizás ahora sí, no sé) y no tenía demasiado interés por el mundo contemporáneo. ¿Para que se mete en eso entonces? Porque de la hija de unos universitarios se espera que vaya a la universidad. Todos entendemos que tú, como padre, no le aconsejes que se ponga a trabajar de -digamos- camarera, porque te parece -nos parece- que ese trabajo la desmerece, que va a pasarlo mal, que va a cobrar poco y va a tener que aguantar abusos de jefes y clientes. Así que dices, si ella lo puede evitar, que se esfuerce un poco y lo evite. La manera de evitarlo es, claro, la universidad (cada vez menos, aunque ese es otro tema). Pero ese trabajo, penoso y mal pagado, va a seguir ahí y va a tener que hacerlo otro. Y ese otro será, casi con total seguridad, alguien con menos oportunidades que los chicos que van al instituto ese de "élite" o tu hija (perdona que la use, que seguro que es una muchacha estupenda, es solo el ejemplo). Esto en la sociedad real. En una sociedad meritocrática (de la que estamos a años luz) el "otro" será alguien menos capacitado, ya sea por carecer de inteligencia o de voluntad. A lo mejor nos da menos pena, pero si lo pensamos bien, también es triste que alguien, por muy cafre que sea, tenga que trabajar diez horas al día para llevar a casa 600 euros con los que malvivir. ¿La solución? No debería existir ningún trabajo penoso o mal pagado. Antes de la llamada crisis la gente se escandalizaba porque un fontanero ganase más que un maestro, que en España no ganan mal, por ejemplo. Y digo yo, ¿a qué tanto escándalo? ¿qué les ofendía exactamente? El modelo económico de entonces, que es el mismo que el de ahora, era absurdo, sí, pero desde luego no hay nada de malo en que un trabajador manual cobre tanto o más que otro de cuello blanco. Así nos aseguramos de que i) todas las personas vivan dignamente independientemente de su origen y capacidades, ii) que cada uno pueda realizarse con su trabajo… o que pueda no realizarse en absoluto si es lo que quiere y iii) que quien asuma responsabilidades en la sociedad sea gente realmente válida, motivada y preparada, no gente que llegó ahí porque "le tocaba". Y entonces, sí, escuela pública de todos y para todos como derecho humano fundamental y como centro de formación para esos profesionales de élite (ahora sin comillas) que tanto necesitamos.

    Esto es la izquierda para mí. Tú me dirás que es una utopía y que no hay recursos… Bueno, hoy es Primero de Mayo. Hace un siglo se pensaba que las jornada de ocho horas, dos días de descanso y vacaciones pagadas eran también utopías. Que estemos yendo hacia atrás no significa que no podamos ir hacia delante.

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  5. Anónimo2/5/14 1:00

    Suecia empieza la prueba con jornadas laborales de 6 horas.

    Sigo sin entender la crítica de Loia. Cada vez entiendo menos a los conservadores.

    Que en ese colegio los niños tengan mejor nivel de inglés porque sus familias puedan enviarlos a Inglaterra no invalida que, en términos generales, en ese instituto haya unos mejores profesores. Si el nivel de exigencia es altísimo será por algo. Estudié en la pública: tuve algunos profesores buenísimos que exigían muchísimo. ¿Y?
    No me parece que esos padres envíen a sus hijos ahí “para que solo se junten con los buenos”, por elitismo, por clasismo, sino porque quieren la mejor educación para ellos. Si encima es pública, perfecto.

    M.A.

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  6. Suscribo el comentario de Cristina. Cuando empecé a trabajar como Ingeniero Técnico me llamó la atención que un peón cobrara menos que yo cuando la dureza de su trabajo era mayor. Entiendo que hay puestos de más responsabilidad pero de todas formas las diferencias salariales deberían ser menores.
    El acceso a la cultura y la educación deberían estar también fuera de la universidad, ¿pero cómo es posible eso después de jornadas demasiado largas y justo cuando cierran las bibliotecas...?
    Además, la única manera que tenemos de atacar el problema del paro es reduciendo las jornadas laborales, no hay otra solución con una tecnología que cada día disminuye la mano de obra necesaria. Y no me explico como este no es el punto fundamental de cualquier debate político.
    Tener una titulación universitaria no ayuda a ser feliz más que saber construir un mueble con tus manos, o podar un seto ("si quieres ser feliz hazte jardinero"). El problema es que el carpintero, el jardinero, e incluso el universitario se tienen que enfrentar a un mercado laboral dónde no hay sitio para todos y tienen que aceptar condiciones que no ayudan mucho para ser feliz... Es cierto que el trabajo siempre implica una cuota de sacrificio e incomodidad, pero eso no quita para que recordemos que no se debe utilizar a las personas sólo como medios... (si no me equivoco esto se derivaba del imperativo categórico kantiano...)

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