19 febrero, 2014

Muerte prosaica.

Mi mujer está leyendo “El maestro Juan Martínez que estaba allí”. Es un libro de Chaves Nogales en el que se cuenta la revolución rusa del 17 contada por un bailarín de flamenco al que los hechos pillaron en Rusia entonces.
No es una novela. Chaves Nogales cuenta lo a él le contó Juan Martínez. A mí me encantó. A mi mujer no le está gustando. Dice que ella necesita planteamiento, nudo y desenlace. La vida no lo tiene y este libro tampoco. Cuenta las distintas penalidades que este hombre va viviendo pero no responde al clásico esquema de una obra de ficción.

Habría muchos textos memorables. Y alguno más copiaré aquí. Pero me impresionó –especialmente- lo que cuenta sobre la indiferencia y la falta de solemnidad con la que morían en las checas. (p.185, libros del Asteroide)
“Cada verdugo mataba a su manera, porque no había ceremonial alguno para las ejecuciones. Se trataba sencillamente de liquidar a unos cuantos millares de indeseables de la manera más rápida y cómoda. Nada de liturgias: puro y simple materialismo. (…)
En las prisiones de la Checa se moría así, sin ninguna prosopopeya, como la cosa más natural del mundo. ¿No han visto nunca cómo se mata un pollo en la cocina? Pues así. El chequista sacaba del calabozo a su víctima y se lo llevaba a un patizuelo cualquiera, el que más se le acomodaba; desenfundaba la pistola y decía:
-Anda desnúdate. Deja la ropa en ese rincón.
Y mientras el reo se desabrochaba las botas como un autómata y se sacaba la camisa por la cabeza, sin que se le ocurriera siquiera iniciar una protesta -¿para qué?-, el chequista encendía un cigarrillo y esperaba echando bocanadas de humo.
-          ¿Qué? ¿Estás ya?
Al llegar a este punto el reo no tenía ya fuerzas para responder. Doblaba la cabeza sobre el pecho y así, resignadamente, entraba en la eternidad de un pistoletazo.
Uno cree que esto de morir es más complicado y difícil. Se imagina las ejecuciones como algo terrible y solemne. No hay tal cosa. Los bolcheviques mataban, sencillamente porque creían que había que matar, sin concederle ninguna importancia. Les aseguro a ustedes que yo ahora, al recordarlo y contarlo, me emociono mucho más que entonces, cuando lo estaba viviendo.”
Una parte del pago del verdugo era la ropa del ejecutado. Los mandaban desnudar antes para no mancharla y porque es muy costoso desnudar a un cadáver.  

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