18 diciembre, 2013

El yo, un caballo de Troya del grupo.

En un libro de un tal Lieberman se explica que “el yo”, aunque nos parezca lo más propio e íntimo, es en realidad, una construcción social que trabaja para el grupo.

Lo he encontrado en este blog,  

“Nietzsche creía que nuestro sentido del yo no era algo interno a nosotros, un núcleo verdadero dentro de nosotros al que vamos ganando acceso a lo largo de nuestra vida. Para él el sentido del yo es algo construido primariamente por las personas de nuestra vida, y que el yo es un agente secreto trabajando más para ellos que para nosotros”

El “yo” es, de este modo, como un caballo de Troya.

“Experimentamos la autoconciencia como un proceso privado interno pero según psicólogos como George Herbert Mead, Charles Cooley o Matt Lieberman, la autoconciencia es en realidad un proceso altamente social durante el cual se nos recuerda lo que la sociedad espera de nosotros y entonces nos empujamos a nosotros  mismos en esa dirección".
Me parece una buena explicación de lo que me sucede en relación con mis padres.

Cuando los cuido no lo hago por ellos. Estoy siendo fiel a “mi yo”. Lo protejo. Con independencia de que mis padres me importen mucho o poco, necesito creer que no soy un mal hijo. Solo puedo aceptarme a mí mismo como un buen hijo. Es lo que todos esperan de mí (lo que yo espero de mí mismo) y no podría traicionarme a mí mismo.

Me sucede lo mismo cuando trabajo. No se trata de que me importen mis alumnos. YO quiero ser un buen profesor. Al menos no serlo excesivamente malo. Hago un esfuerzo, pero lo hago por mí.
O como lo plantea Lieberman, sirviendo a mi yo estoy sirviendo al grupo. 

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