12 diciembre, 2013

Compartir la comida.

En el grupo parroquial al que yo iba de adolescente, hacíamos excursiones para pasar el día en el campo. Para enseñarnos a compartir, a la hora de comer, todos poníamos los bocadillos que traíamos de casa en un montón y luego cada uno cogía el que quería. A mí no me gustaba aquello. Si podía cogía el mío otra vez.

Han pasado 40 años de aquello pero sigo igual. Cuando nos reunimos con la gente de las caravanas también hacemos con frecuencia comidas todos juntos. Si el tiempo lo permite, ponemos seguidas un montón de mesas, cada uno lleva lo suyo y comemos charlando amigablemente. Hay gente que ofrece cosas supuestamente exquisitas y muchas veces es verdad. Direis que soy un soso pero yo no tengo ningún interés por comer lo de nadie, me gusta llevarme mi propia comida y comérmela sin más. A mí me da reparo ofrecer de lo mío, al menos insistir, porque nunca es un plato especialmente bien elaborado. Es algo cocinado de un modo bastante sencillo, que a mí me gusta, pero que nunca está para ganar un premio de cocina. A mí me gusta lo que como, pero temo que a los demás pueda no gustarles y lo coman por compromiso.

Hay gente a la que disfruta probando de todo. No es mi caso. La novedad me sobra. Supongo que este estilo mío es empobrecedor pero soy feliz con lo mío. No necesito nada más.

Si esto es así… ¿Por qué tengo mala conciencia? ¿Por qué creo, en el fondo, que este modo de ser mío es empobrecedor? Pero al mismo tiempo me pregunto ¿por qué habría de gustarme más comer la comida que otros ofrecen y repartir entre los demás la mía?

1 comentario:

  1. hola,
    Debo admitir quue hasta haсe poco no me interesaba mucho elblog, pero ultimamente
    estoy siguiendolo regularmente y me ha empezado
    a gustar.
    Un saludo!

    Para vеr mas puede vіsiar - Lopez

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