13 noviembre, 2013

Gente inteligente que piensa distinto.

Hablando de política o de religión o de cualquier tema que suscite debate lo que no se soporta es que existan personas inteligentes que piensen diferente que uno.

Por su posición, por su formación, por todo lo que conocemos de ellas sabemos que son inteligentes pero a la hora de ponernos de acuerdo en algo sobre el asunto que se debate tienen un punto diametralmente opuesto al nuestro.

Su existencia, su sola existencia niega la supuesta evidencia de nuestras afirmaciones. Y es duro reconocer que lo que nosotros pensamos no son verdades claras como el agua ni evidencias incontrovertibles.

¿Pero en qué cabeza cabe? piensa uno.
En la de éste. Aquello que a ti te parece tan absurdo cabe en la cabeza de aquel tipo tan normal. 

Por eso la gente -en general- prefiere hablar de esos temas polémicos con aquellos que piensan como uno. Confrontar nuestros argumentos con los diferentes parece que nos obligara a concluir una de dos: o aquellos están ciegos o el ciego soy yo.

A mí me cuesta mucho pensar que los otros son imbéciles o ciegos, pero desde luego tampoco estoy dispuesto a admitir que el tonto o el ciego sea yo. De modo involuntario, lo único que se me ocurre es levantar la voz. Y la levanto bastante. Como si el otro en lugar de ciego lo que fuera es sordo.

En fin, con cincuenta y tres años ¿se puede aprender a debatir de modo civilizado o ya es imposible?

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