14 agosto, 2013

LO QUE VISTE UN RELOJ.

El ejemplo paradigmático (en el que se aprecia el valor social de un bien) son los relojes de pulsera. Todos dan la hora, sea el más caro o el más barato. La utilidad de dar la hora es su valor objetivo y su aspecto ornamental –marca, precio- es el disfrute social. Todos los bienes -como ya he insistido en varias entradas- tienen un valor objetivo y además nos visten socialmente. Y ese componente social es el que a mí me trae de cabeza porque solemos pasarlo por alto y solemos engañarnos pensando que es irrelevante -al menos en nosotros- y que el principal es el otro. ¡¡Mentira!!

El que compra un Omega o un Rolex no paga su elevado precio por un reloj, sino por lo que ese reloj viste.

El valor social de algo tiene mucho que ver con el qué dirán. Y nadie quiere reconocer la importancia del qué dirán en nuestras vidas. Todo el mundo se quiere sentir libre del juicio de los demás. Nadie desea que los demás consideran valioso influye en nuestros gustos para también considerarlo valioso. Nadie acepta que lleva un Rolex para estar en consonancia con la clase social a la que pertenece. Lleva un Rolex porque le gusta, y punto. Cuando los sociólogos estudian la moda y la explican aluden mucho a este deseo de diferenciarse o identificarse socialmente -y a nadie le parece mal-, pero cuando cada uno de nosotros pensamos sobre nuestros gustos no damos nunca esta explicación porque eso nos haría aparecer como dependientes de los otros y huimos de eso. Por eso todo el mundo quiere pensar que los bienes son como los coches. Los coches también visten mucho pero es muy fácil enmascarar ese componente social porque hay un montón de razones -absolutamente ciertas- que justifican los diferentes precios -potencia, seguridad, espacio, comodidad ...

Quien se compra un Mercedes puede pensar que el componente social no importa porque en su relación directa con el coche ve las muchas ventajas objetivas que ese bien tiene sobre otros. Se cree que en su relación con el coche solo están el coche y él. Cuando todos sabemos lo que viste un Mercedes.



Por cierto, yo tengo un Honda 4x4, que también viste un montonazo. Es de segunda mano, pero eso no se dice, hombre.

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