02 julio, 2012

La ley y lo que hacemos.

Uno de los problemas del mundo actual es el divorcio entre teoría y práctica. Yo lo vivo en la educación. Una cosa es lo que se dice en los papeles y otra lo que se hace en la práctica. Se escribe en las programaciones y en los documentos organizativo-didácticos del centro lo que haya que poner y luego cada uno trabaja como quiere o como ha trabajado siempre.


Una de las mamarrachadas más grandes es eso del Proyecto Educativo de Centro. Cada centro tiene uno pero ¿alguien cree que cuando un profesor llega a un sitio nuevo se lo lee? Te enteras de algunas cosas concretas del régimen disciplinario, o algún proyecto concreto en el que el Instituto participa… por lo demás da lo mismo lo que diga el Proyecto Educativo de Centro.

Hoy quería hablar de la evaluación de las competencias en 4º de la ESO.

Al terminar la ESO la ley obliga a que el grupo de profesores, además de evaluar cada asignatura, califique las competencias básicas y entregue un papel a cada alumno con su calificación de alto, medio o bajo. Se supone que esto es para hacer más completa la evaluación y se hace además del boletín de notas tradicional que es el que los padres esperan y el que se toman en serio.

Espero que el papel de las competencias no se lo tomen muy en serio los padres porque desde luego los profesores lo rellenan en un rato sin ningún tipo de rigor.
En el instituto en el que estaba anteriormente inventamos un sistema por el cual la calificación de las competencias salía automáticamente de las notas. Ponderando unas asignaturas más que otras dependiendo de qué competencias se desarrollaran más en cada una se había articulado una fórmula para cada competencia y el ordenador sacaba una calificación automática en función del conjunto de notas. Este sistema no daba trabajo añadido a los profesores que una vez puestas las notas de la asignatura se despreocupaban de un asunto que consideraban inútil. Era un engaño como otro cualquiera, pero al menos el procedimiento tenía una cierta coherencia y objetividad.

En el Instituto en el que estoy ahora se hace de otra manera. A veces el tutor lo lleva ya preparado. En función de las notas de las asignaturas y un poco por intuición pone una calificación aproximada. El día de la evaluación lee lo que él ha considerado delante de los demás profesores para agilizar la tarea e invita a quien lo crea conveniente a rectificar su criterio. Siempre hay algún profesor que en algún momento rectifica alguna. “En la competencia artística en lugar de medio ponle alto”.

En los casos de los tutores más improvisadores, el día de la evaluación, van leyendo el nombre de cada competencia en voz alta y los profesores que se consideran con más criterio o creen que su asignatura está más implicada en esa competencia van cantando: medio, alto, bajo… Y él anota.

Como ven, una mentira, como hay tantas. Los legisladores-pedagogos ordenan que las cosas se hagan de una determinada manera. Los profesores se dedican a fingir que cumplen. Así de sencillas y de tristes son las cosas.

Por cierto las competencias que tenemos que evaluar son estas.

Competencia en comunicación lingüística.


Competencia matemática.

Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico.

Tratamiento de la información y competencia digital.

Competencia social y ciudadana.

Competencia cultural y artística.

Competencia para aprender a aprender.

Autonomía e iniciativa personal.





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Vimos en DVD la película "Mapa de los sonidos de Tokio". Me pareció un birria. Aunque me gustó una de las canciones.

2 comentarios:

  1. Entonces quizá el problema es que se legisla o normaliza demasiado y se acaba cayendo en situaciones vacías de contenido. La norma deja de ser un medio y se convierte en un fín. Este exceso de normativa también puede derivar en una baja productividad porque se gasta tiempo en alimentar una norma poco eficiente. Sin embargo para algunos alimentar esa norma si es productividad. En la administración suele caese en este error. Hacemos cosas porque "doctores tiene la iglesia" a sabiendas de que son francamente mejorables. Creo que una forma de solucionar esto es que quien haga normas tenga un conocimiento real, práctico de lo que hace, que no se dedique exclusivamente a legislar.

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  2. Isaac, toda la razón del mundo llevas cuando dices eso de que el que legisla tiene que conocer aquello sobre lo que legisla.
    Y además tiene que ser realista. Tiene que hacer leyes que se vayan a cumplir. No se puede querer imponer un sistema "ideal" a golpe de boletín si sabes que en la práctica los que tienen que aplicar la ley no lo van a hacer. Y tú no vas a poder fiscalizar si lo hacen o no. En este asunto de la educación de las competencia, por ejemplo, si quieres que la educación gire en torno a las competencias no es suficientes con que digas: en las programaciones figurará el modo como se van a educar las competencias. Eso es lo que produce una división entre teoría y práctica. En los papeles se pone todo lo que te piden y luego la práctica va por otro lado.

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