16 octubre, 2011

INVITACIÓN A LEER A PINKER

Si tienes poco tiempo lee directamente a Pinker aquí.

Kant inventó una famosa distinción entre el mundo tal y como lo conocemos (al que llama fenómeno) y el mundo tal cual es (al que llama noúmeno). El primero es el objeto de la ciencia y el segundo está siempre más allá del conocimiento humano y no es posible conocerlo. De este modo protegía la creencia religiosa frente a los científicos materialistas que ya empezaban a querer negar a Dios en nombre de la ciencia. “Tuve que limitar el saber para dejar sitio a la fe”. El mundo que podemos conocer científicamente no es la realidad última de las cosas sino su realidad fenoménica, es decir, su modo de ser tal y como llega a conocerla el ser humano.


De esta manera además de la fe en Dios también queda a salvo la libertad. Podemos seguir investigando científicamente lo que motiva a los hombres y a la vez reivindicar que existe el libre albedrío. El ser humano fenoménico está sujeto a causas que la ciencia puede estudiar, pero en el campo del noúmeno no queda negada la libertad.

Martín Gardner tiene un interesante capítulo que quiero releer con más calma en “Los porqués de un escriba filósofo“ en el que se apunta a la antinomia kantiana. Esto de la antinomia es otra manera que tuvo Kant de plantear el mismo asunto. La metafísica pretende conocer más allá de los límites del conocimiento legítimo y es natural que se pierda en antinomias. No podemos ser deterministas ni indeterministas. Ambas soluciones opuestas pueden ser demostradas pero ambas son contradictorias y no hay manera de encontrar una salida intermedia. El problema no tiene solución. En eso consiste una antinomia.

El problema del libre albedrío se está volviendo a plantear en toda su crudeza en nuestros días ahora que la ciencia está encontrando explicaciones cada vez más rigurosas de la conducta humana. Si el comportamiento humano está causado ¿qué sentido tiene hablar de responsabilidad?

Los científicos que estudian la conducta humana ya han avistado el problema y quería invitaros a leer lo que he encontrado sobre el asunto en “Cómo funciona el cerebro” de Pinker. Pinker sostiene algo que a mi me recuerda la teoría de la doble verdad de Averroes. Cuando actúo como filósofo acepto que el alma es mortal como sostenía Aristóteles pero cuando voy a la mezquita y pienso como creyente sostengo la inmortalidad del alma como me indica mi fe. Dos verdades opuestas en dos ámbitos separados. No tengo por qué angustiarme por la contradicción, solo tengo que aceptar que existen las dos, una y otra dependen de en que ámbito me esté moviendo en cada momento.

Algo parecido dice Pinker en las páginas que os invito a leer. O renunciamos a los valores morales, o renunciamos a la búsqueda científica. Como no queremos prescindir de ninguno de ambos habremos de reconocerlos como dos juegos diferentes que se juegan con los mismos naipes. “La ciencia y la moralidad son ámbitos de razonamiento separados. Sólo reconociéndolos en su separación podremos disponer de ambos.”

Determinadas conductas extremas ya están siendo explicadas por tumores cerebrales (la conducta de un tipo corriente que en un momento dado de su vida se pone a jugar dinero de manera compulsiva) ¿qué sucederá cuando la neurociencia acudiendo a determinados neurotransmisores no solo explique esos comportamientos excéntricos sino también las conductas normales? ¿Podremos seguir jugando alternativamente los juegos que Pinker quiere mantener separados? ¿Vamos a seguir creyendo que somos responsables de nuestros actos y que al mismo tiempo son explicables científicamente?

¿Tendrá que cambiar nuestra manera de entender el castigo, el premio, el reconocimiento ante la bondad, la vergüenza, el remordimiento, la culpa? Así se apunta en este largo artículo que citó Espada y encontré en tercera cultura. Mi pregunta es ¿No se va a convertir una ciencia psicológica determinista en la gran excusa para hacer lo que a uno le de la gana?

2 comentarios:

  1. Quizá la responsabilidad es un grado de libertad dentro de toda la parafernalia de causas y consecuencias. Es la variable que puede determinar cosas distintas. Una raíz cuadrada, por ejemplo, tiene dos soluciones. Podría ser el camino abierto a algún tipo de evolución.
    Quizá la propia ciencia sea también capaz de justificar que a pesar de todas los condicionamientos aún queda siempre una variable independiente que pueda llamarse actitud, responsabilidad o libertad y que finalmente determina la solución final...
    En fin, es un tema peliagudo este del determinismo, ¿acaso está determinado que seamos capaces de cuestionarlo?

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  2. Cuando decimos "si creemos que no hay libre albedrío se abre la puerta para que todo el mundo haga lo que le de la gana sin consecuencias", me parece que nos estamos perdiendo algo. ¿Cómo puede alguien cambiar su conducta (para hacer lo que le de la gana sin consecuencias) si realmente cree que no es él el verdadero dueño de su conducta? Cuando esto sucede es porque todavía cree en el libre albedrío, y, en ese caso, es lógico y justificado que sigan existiendo leyes y castigos que regulen su conducta.

    Por el otro lado, si alguien descubre (mediante meditación, iluminación espontánea o como sea) que nadie es dueño de sus decisiones, también verá que no tiene demasiado sentido intentar convencer a alguien de esto para cambiar, por ejemplo, las leyes. La situación más parecida a esto que se me ocurre sería la de los niños que gritan a una marioneta para avisarle que por detrás se aproxima otra marioneta (movida por el mismo marionetero) para atacarle por la espalda.

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