05 diciembre, 2007

AUTOANÁLISIS: AUTO DESPRECIO

Huyendo del vicio de la vanidad me he entregado muchas veces al auto desprecio.

No hay que confundir la humildad con el auto desprecio.
Humilde es aquél que conoce sus limitaciones y carencias. Santa Teresa decía que “vivir en humildad” es “vivir en verdad”. No se trata de menospreciarse, fingiendo valer menos de lo que uno cree valer, sino de ser consciente de cuales son tus defectos.

¿Por qué en mi vida he llegado al auto desprecio?

1, Por un afán de ser humilde y una manera equivocada de entender la humildad. Ya os dije que de jovencillo quería ser santo. La frase de Santa Teresa, por desgracia, la aprendí siendo mucho más mayor.

2. Por una deseo de ser sincero conmigo mismo. Desde muy joven me di cuenta de que todos somos proclives a ser comprensivos y tolerante con los vicios propios. Cuando nos juzgamos a nosotros mismos tendemos a ser benévolos y a hacer un autorretrato complaciente. En esto también tiene la culpa Freud. El concepto de “mecanismo de defensa” y el hecho de que éste sea inconsciente jugó un papel fundamental. Además en todo esto influyó que a los 18 años estudié crítica bíblica en la Universidad Pontificia.
¿Qué hacen los expertos cuando al analizar los evangelios quieren saber, con toda fiabilidad, qué palabras son de Jesús? ¿Qué procedimiento utilizan para distinguir con seguridad las frases que fueron pronunciadas por el Jesús histórico de aquellas otras que la tradición oral en la que nacen los evangelios le fue atribuyendo?
Supongo que habrá varios (de aquellos estudios apenas si recuerdo algo), pero hay uno que se me quedó grabado. De la imagen que los evangelios dan de Jesús son auténticas aquellas palabras que parecen ir contra Jesús. Me explico. El ejemplo más claro son las pronunciadas en la cruz: “Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. ¿No era incoherente por un lado decir que Jesús era El Mesías y al tiempo decir que se había sentido abandonado por Dios en el momento de su muerte? ¿Iban a inventar sus seguidores unas palabras tan difíciles de conciliar con el resto de las ideas que se defendían sobre Jesús? Conclusión: Esas palabras son suyas, con seguridad.

3. También he caído en el auto desprecio por un tremendo deseo de convencer. Mis padres dicen que de pequeño me gustaba argumentar, debatir, presentar razones y más razones para defender una posición. Pensaron que podía llegar a ser abogado ¿Qué meta ansía una abogado por encima de todo? ¿A qué aspira un abogado? Convencer y que su discurso sea reconocido como verdadero.
Leí “El animal social” de Aronson siendo ya mayor, pero sin necesidad de conocer los
experimentos que se cuentan allí, desde muy pequeño supe, por instinto, que alguien resulta fiable si defiende posiciones aparentemente opuestas a su propio interés. Cuando hablas contra ti mismo todo el mundo te cree. “Es tan sumamente cierto que hasta él mismo lo reconoce...”

Resumiendo:
1. Yo creía que el que se autodespreciaba era humilde.
2. Sabía que si decía cosas negativas sobre mí estaba libre de mecanismos de defensa contra la verdad.
3. Yo deseaba sobre todo ser creído. Nadie es más fiable que aquel que dice cosas que parecen ir contra si mismo.

Humildad, verdad, ganas de convencer.
Para otras cosas no valdré pero en el autoanálisis soy inigualable.




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Por cierto, ¿no es paradójico desear que a humilde no te gane nadie? :-)

6 comentarios:

  1. Pero es que Santa Teresa vivía sin vivir en ella y muy humilde no era, porque decía tener a Dios por prisionero.
    Nos han quedado sus yemas, riquísimas.

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  2. Pues anda que de mayor! No te gusta a ti ni nada argumentar, debatir, provocar...ni que fueras de filosofía, querido

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  3. Tienes una lógica implacable en el autoanálisis. No obstante, lo único de lo que no encuentro muestras en tu post es de tu supuesto autodesprecio. Vamos, que no te lo crees ni tú.
    Tu falta de sentido del ridículo y la afilada autocrítica que practicas implican, creo yo, que eres una persona muy segura de tu precio. Como decía Carmen Maura, nene tu vales mucho.

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  4. Devisita, puede parecer lo que dices. Pero creo que no.
    En realidad soy irregular. Sin llegar a lo patológico tengo algo de bipolar. En ocasiones estoy eufórico y me siento muy valioso y en general me menosprecio.
    En realidad esa autocrítica despiadada tiene algo de odio hacia mí mismo. ¿no?
    Lo malo que tiene es que voy extendiéndolo a lo cercano. Mi mujer se queja. Si yo no valgo tampoco puede valer aquello que de algún modo se identifica conmigo (mi mujer, mis hijos...)

    En todo caso yo hago un esfuerzo por no caer en este vicio. Ese autoanálisis se supone que me va a servir para ello.

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  5. Loia: puede que tu asignatura pendiente sea
    "la autoestima". Un poco de práctica y sobre todo teoría. No te puedes analizar siempre desde la óptica de la filosofía.

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  6. Loia, tú vales un potosí.

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