17 febrero, 2015

SIMILITUDES.

El lenguaje construye de algún modo la realidad. Por ejemplo, si comenzamos diciendo que un niño nace “averiado” (como decía Arcadi Espada) terminamos concluyendo que no debería existir (no recuerdo si antes de nacer o una vez nacido, Singer defendía que incluso una vez nacido).

En un libro de Stanislav Lem, no recuerdo cuál, se describe un lugar en el que se amontonan apilados e inservibles robots retirados de la circulación. Como algunos tienen aún batería se les oye repetir mensajes incoherentes o hacer movimientos automáticos y ya sin ninguna finalidad.

Mi madre, de vez en cuando, dice frases absurdas, como si quisiera mantener una conversación, pero sin terminar una sola frase, ni responder nada adecuado. Es como si aún mantuviera la inercia de conversar pero no supiera llenar de contenido lógico el mecanismo aprendido. También los niños pequeños antes de decir algo concreto parlotean como si estuvieran hablando contigo.

La visión de los ancianos en la residencia de mi madre y esto que he contado me llevaron, sin querer, al desguace de Stanislav Lem.

Las similitudes que uno establece afectan también a la construcción de la realidad, del mismo modo que el lenguaje.


Ayer leí la entrada de otro profesor cuya madre también perdió la razón. Me reconozco en muchas cosas que dice, aunque no en todas. Compara a su madre con una piedra. Y su última frase tiene trampa.

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