28 marzo, 2017

Serenidad y crisis.



A veces, en tiempos de calma, creo que la meditación me da cierta serenidad. Pero en seguida la vida me muestra la verdad. 

Por ejemplo, escribo a la coordinadora de la Olimpiada Filosófica para interesarme por cómo va el proceso de selección y en su respuesta se muestra sorprendida porque no le consta que mi centro haya enviado nada este curso y si lo hicimos, quiere saber a qué dirección . ¡Dios mío! Huelo la catástrofe. ¿Será posible que lo mandara a un mail erróneo y por MI CULPA nuestros alumnos se queden sin participar este año en la Olimpiada? Me invade una sensación de pánico. ¿Acaso no puse el máximo cuidado para no equivocarme con la dirección? Sé que todo me daría igual siempre que no fuera YO el culpable. Mandaría al guano la Olimpiada con tal de no aparecer YO ante mis compañeros de Departamento como el responsable del desaguisado. Ser cogido en falta, aunque solo sea por torpeza, me llena de angustia. El descrédito ante los otros me inspira un miedo cerval. Casi preferiría morirme. 

Tranquilos, amiguitos. Lo había mandado todo correctamente a un mail que los organizadores ya no usaban, pero que aún figuraba en la página web. Lo reenvié al mail actual y el asunto se arregló.

Pero mi supuesta calma saltó por los aires y se puso de manifiesto que soy el de siempre. 

Es contradictorio. Soy capaz de afirmar que toda mi vida enseñando ha sido un fracaso y puedo reconocer en abstracto que no he sido buen profesor. Pero en el momento en que ante mis compañeros existe la posibilidad de aparecer como un metepatas o como un irresponsable me echo a temblar. Me muero de miedo. 

Y en esos momentos no me acuerdo para nada de la oración del abandono. 

“Haz de mí lo que quieras”.

23 marzo, 2017

Un humorista muy bueno.

Hace poco, he conocido un humorista muy gracioso, y con un humor distinto, que tiene un programa en la Cadena Ser. Se llama Juan Carlos Ortega.  Es un programa nocturno en el cuál Ortega hace burla de esos programas en los que llaman los oyentes. Ortega hace todas las voces,  la del locutor y las de los oyentes. Es una parodia muy divertida de ese tipo de programas.



Pero no es solo el valor que tiene la imitación de las voces. Es que las historias que se le ocurren suelen ser cosas absurdas y muy divertidas.




18 marzo, 2017

Un capitulo de "Biografía del silencio".


Capítulo 19 de Biografía del silencio, de Pablo d'Ors. Siruela.



Todo esto es muy difícil de compartir y, posiblemente, de entender, porque en Occidente vivimos en un mundo demasiado intelectualizado. Para hacer frente a este intelectualismo generalizado y exacerbado es preciso despertar al maestro interior que cada uno de nosotros llevamos dentro y, en fin, dejarle hablar. Digo esto porque en el fondo todos somos mucho más sabios de lo que creemos y porque en ese fondo todos sabemos bien qué es lo que se espera de nosotros y qué debemos hacer. El maestro interior no dice nada que no sepamos; nos recuerda lo que ya sabemos, nos pone ante la evidencia para que sonriamos. A decir verdad, sobran todos los maestros del mundo: cada cual es ya un cosmos entero de conocimiento y sabiduría.
Esa sonrisa a la que acabo de apuntar, indulgente y benévola, es infinitamente más eficaz, de cara a la propia transformación, que cualquier censura o reprimenda. El niño a quien una y otra vez se descubre en su travesura, terminará por dejar de cometerla. Los malos hábitos se derrocan en la meditación por pura observación y mediante una amable sonrisa. Mirar y sonreír, es la clave para la transformación.
Sonreír al sufrimiento puede parecer excesivo. Pero lo cierto es que también la tristeza y la desgracia están ahí para nuestro crecimiento. El mal debe aceptarse, lo que significa ser capaces de ver su lado bueno y, en definitiva, agradecerlo. Sabemos que hemos aceptado un sufrimiento cuando hemos extraído algún bien de él y, en consecuencia, hemos dado las gracias por haberlo padecido. No estoy diciendo que sonreír ante la adversidad sea lo más espontaneo; pero sin duda lo más inteligente y sensato. Y diré por qué. Reaccionar ante el dolor con animadversión es la manera de convertirlo en sufrimiento. Sonreír ante él, en cambio, es la forma de neutralizar su veneno. Nadie va a discutir que el dolor resulta desagradable, pero aceptar lo desagradable y entregarse a ello sin resistencia es el modo para que resulte menos desagradable. Lo que nos hace sufrir son nuestras resistencias a la realidad. 

La ultima frase me parece fundamental para entender nuestra vida. Es la misma idea que aparecía en el libro de Jalics y que comenté aquí. 

15 marzo, 2017

Meditar para ...



Sigo meditando diariamente y sigo acudiendo a hacerlo los jueves con un grupo de quince o veinte personas en una iglesia enfrente de donde antes estaba Cervantes. 

Los que vamos no nos conocemos de nada y apenas hablamos nada ni a la entrada ni a la salida. Hola y adiós. El jueves pasado, cosa algo absolutamente excepcional,  me quedé unos minutos comentando algo con la  monja que lo organiza y me contó que hizo hace bastante tiempo ejercicios espirituales con Jalics y que está en contacto con Javier Melloni, que es otro maestro cristiano-budista como dOrs, ambos discípulos de Jalics. 

Lo que más me llamó la atención es algo que dijo al final de la charla que duró cinco minutos, no creo que más. 

“En la meditación silenciosa de lo que se trata es de que aflore el subconsciente”. (O dijo “el inconsciente”, no recuerdo exactamente porque nunca los he diferenciado bien).

Aquí tendría que poner un emoticono de esos que tiene cara de sorpresa. Y otro igual, y otro, y otro.
Y más sorpresa. Y aún sigo sorprendido. Según ella, lo dice Jalics

Y MÁS SORPRESA.





………………………
En este vídeo TED sobre meditación y estrés, el doctor Daniel López Rosseti, que ignoro cuanta autoridad tiene, explica que en la meditación se trata de silenciar el hemisferio analítico para que el otro hemisferio tenga una especie de éxtasis o algo así. (Minuto 12:23)


08 marzo, 2017

Disfrutar en la ducha.



Cuando como, como; cuando duermo, duermo

Me lamentaba hoy con un compañero de no poder vivir en el ahora. Y le ponía un ejemplo, de ayer mismo. “Me ducho y en lugar de disfrutar del agua y el jabón, estoy pensando en los alumnos de mi tutoría que son muy malos estudiantes y dejan mucho que desear.”

El compañero me respondió que lo que tenía que decirles era: “¿Qué hacéis aquí dentro? ¿No veis que me estoy duchando? Fuera de aquí todos.”

07 marzo, 2017

Lágrimas ambiguas.



A mi hijo no le dieron el trabajo en aquella entrevista. ¿Os acordáis? La de la frase mágica. 

Sin embargo, sigue con mi padre la mujer de la que yo aprendí la frase.
Es una joven brasileña, con un niño de cuatro años y un marido también brasileño, y se ocupa solo de las treinta y seis horas que la mujer interna descansa los sábados y domingos. 

Es muy dulce, muy dispuesta y parece muy buena persona. (Sí, claro, no la cogí solo por la frase) Habla mucho. Muchísimo, si le das pié. Y sorprende porque si no le das ocasión se muestra muy prudente.

L. , que así se llama, además de a mi padre había encontrado otro anciano al que cuidar durante la semana. Se llamaba Ginés y se había quemado el pecho y el cuello echándose aceite por encima. Los días que estuvo ingresado en el hospital L. estuvo con él y luego lo acompañó también diariamente unas horas cuando volvió a casa. 

Hace unas semanas le diagnosticaron un cáncer –me dijo- y el domingo había muerto. L., la pobre, lamentaba su muerte y lamentaba –claro- quedarse sin trabajo. Me contó que Ginés le había dicho que no tenía miedo a morir, pero que lo que no quería era sufrir. L. por un lado veía su muerte como un alivio para él, porque así no había tenido que sufrir el cáncer. “¡No es cosa de que tenga que estar él sufriendo para que yo tenga trabajo!” Y en algunos momentos se le saltaban las lágrimas y se le enrojecía la naríz. “Me da pena” decía entonces, como para excusarse. “Me había encariñado”. Y aunque no dudo de su buen corazón, yo, que soy escéptico y miserable, creo que de las dos lágrimas que salieron de sus ojos, la del derecho era por él, pero la del izquierdo, era por lo que perdió ella.

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