16 diciembre, 2017

Aprovecha el tiempo.



Otro día más cuelgo aquí una conferencia de Pablo d'Ors. La he escuchado haciendo una cadeneta de ganchillo. He aprendido a hacer la cadeneta (solo eso) porque dicen que relaja.

D'Ors es un poco como Gila, repite casi siempre lo mismo pero cada vez descubro algo nuevo.
En este caso se trata de un consejo de su padre:  "Aprovecha el tiempo". D'Ors  tardó tiempo en darse cuenta de que su padre estaba equivocado. El tiempo no hay que aprovecharlo, hay que vivirlo. Creo entender qué significa.

Aprovechar el tiempo supone un criterio previo, una regla que determina qué es tiempo perdido o aprovechado. Hay un deseo anterior que  juzga aquello a que dedicamos nuestra vida como valioso o no. D'Ors quiere vivir la vida. Sin juzgarla, con todo lo que esta traiga. ¿Cuántas veces la vida nos obliga a dedicar tiempo a tareas que no querríamos hacer, a tareas que nos parecen poco valiosas? No se trata de afanarse por acumular minutos aprovechados y despreciar los minutos perdidos. Se trata de vivirlos todos.



 (Hablé en otro post de algo que puede tener que ver con esto. No se trata de resolver los problemas para poder vivir después. ¡Se trata de vivir! De vivir los problemas, porque eso también es la vida. La vida no es solo lo que nosotros consideramos tal.

02 diciembre, 2017

Al hilo de un comentario de Antonio hace días.



 Decía Antonio "Otra cosa ante la que soy bastante escéptico es que las actividades que no nos gustan se conviertan en placenteras por el mero hecho del prestarles atención."

¿Todas las actividades de la vida son interesantes y todos los presentes dignos de ser vividos?

Quizás lo que vemos de la vida es solo una pequeña parte.  La forma que toma la vida en este "ahora" no es de nuestro gusto porque no coincide con nuestro deseos y nos aburrimos y nos quejamos. ¿No será que nos parece insulsa o desagradable porque solo reparamos en la punta del iceberg? ¿Sería igual si disfrutáramos de la vida misma -de que estamos vivos- en lugar de la forma concreta que ahora presenta?

A lo mejor a lo que invita la meditación (ese simple estar concentrado en tu propia respiración) es a ser consciente de que estás vivo (y eso es grandioso) hasta en la actividad más humilde y sencilla, como respirar. Porque es mucho más importante y digno de disfrute eso que el aspecto que en este momento tenga. 

Pero lo parádojico es que precisamente atendiendo a esta agua concreta es como disfruto del océano. Hay que educar la mirada para poder ver en la prosa de esta agua la poesía del océano. 

En todo caso, muchas gracias Antonio, por hacerme pensar.

29 noviembre, 2017

Un poema de un primo de Pablo d'Ors. Un poema sobre el aquí y el ahora. Un poema de Miguel d'Ors.



Siguiendo la senda de Pablo d'Ors he descubierto a Miguel d'Ors,  creo que es un primo, no me hagáis mucho caso:

A través de José Luís García Martín, poeta, crítico de poesía y escritor de diarios, me llega noticia de Manzanas robadas, un libro de Miguel d'Ors que me ha encantado. Se lo pasé a mi padre al que también le gustó.

Y tras Manzanas robadas, el último libro de Miguel, he sacado de la biblioteca El misterio de la felicidad, un antología de su obra poética. Dejadme que un momento os compare ambos libros, o mejor que compare a quienes los escribieron, la misma persona en distintas estapas de su vida. Miguel d'Ors ha mejorado con los años. No sé si como poeta, pero desde luego sí como persona. Manzanas robadas es mucho más feliz y mucho mejor que la antología de lo anterior. Quizás algún día os diré por qué. Quizás si alguien me lo pide.

Lo que hago hoy es colgar un poema sobre una de las obsesiones de esta etapa de mi vida. Es de Sol de Noviembre, uno de los libros de Miguel d'Ors recogido en El misterio de la felicidad. Si tuviera paciencia buscaría el texto de Biografía del silencio en el que explica que la meditación habla de estar aquí y ahora. "No otro tiempo, no otro lugar" creo que dice literalmente.

Y como no hay que ser sectario citaré un chiste genial de Forges, un tipo al que le tengo muy poca simpatía. El chiste decía más o menos: "Qué gana tengo de que sea verano para estar deseando que llegue el invierno."







21 noviembre, 2017

Recuerdo.



Uno de mis recuerdos más antiguos es de un verano en Ávila, en Las Navas del Marqués. Yo tendría ocho o diez años. No puedo saberlo con exactitud. Quizás menos. ¿Cuando se aprende a montar en bicicleta? Yo aprendí allí. Pasé con mis padres unos días en una residencia de tiempo libre entre pinos, robles y eucaliptos.

Los niños, por las mañanas, sin nuestros padres, creo que por primera vez en mi vida sin ellos, salíamos al bosque con unos monitores a recoger hojas de árboles. Recuerdo la hoja del roble, sinuosa. Recuerdo los cuadernos en los que las pegábamos al volver, cuadernos de hojas de papel cuarteadas por la humedad de la cola o el pegamento. Me recuerdo a mí mismo paseando sin mis padres por lo que a mí me parecía un bosque enorme. Escuchando el sonido que hacen las  hojas en el suelo al ser pisadas. Miraba con sorpresa unos pequeños recipientes de barro, como macetas, que pegados a los pinos recogían la resina que sudaba por un alargado corte hecho en el tronco. Resina a veces sucia, con alguna hormiga dentro, resina pegajosa.
Y luego por las tardes recuerdo la exploración que el grupo de niños hacíamos del ala vacía del edificio de la residencia en el primer piso. Nos arriesgabamos a investigar aquel ala que parecía estar siempre sin gente y aquello nos parecía una aventura peligrosa. Quizás fuera a la hora de las siesta. En mi recuerdo hay muchas salas diferentes, y una da paso a otra. En una hay una mesa de ping-pong vacía, en otra unas tablas de la plancha. No puedo recordar más, pero tras una sala, una puerta daba paso a la siguiente y luego otra igual a la anterior, pero todas con cosas diferentes. El desconocimiento de lo que ibamos a encontrar, en los primeros viajes, el silencio en el que estaba el lugar, y la curiosidad de la infancia hacían el viaje muy emocionante.  Repetimos varias veces aquel trayecto en días sucesivos. 
Entonces no sabía que tras mis cinco años en Arenas de San Pedro mi vida quedaría ligada para siempre a aquellos árboles de Ávila, aunque en otra zona diferente. 

17 noviembre, 2017

Es mejor decir "sí".



Hace años leía yo a Pseudópodo defender una teoría pragmática de la verdad y no me convencía nada. No me parecía serio eso de que algo es verdadero (simplificando mucho) porque funciona y me conviene. Parece que hubiera una falsedad. Algo así como "ya sé que no es cierto pero me interesa creermelo".
Hoy en día cada vez me convence más esa actitud.
¿Qué sentido tiene creer como verdadero algo que te hace sufrir?
¿No es más lógico aceptar aquellas ideas que nos harán la vida más feliz?
No lo sé, tengo dudas.
Últimamente he tenido algunos problemas que para mí eran grandes.Eran grandes.
He rezado la oración del abandono muchas veces.
"Haz de mí lo que quieras, lo que hagas de mí te lo agradezco. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo."
Hay que estar muy loco para aceptar lo que te venga. Ya os conté que era una oración que daba miedo rezar. Pero por otro lado, si lo piensas, racionalmente, no existe actitud mejor. ¿Acaso serviría de algo resistirse?
Frank Jalics habla de ese dolor que a cada uno nos toca en la vida. La parte de dolor que te ha correspondido en suerte. Parece muy difícil y muy duro aceptarlo, pero ¿acaso podemos evitarlo renegando de él? Es costoso, cuando algo nos duele, aceptar que eso sea "bueno". Parece absurdo decir "sí" también al dolor. Sin embargo es precisamente la respuesta que menos daño nos hace. Parece muy duro ser Job, (es cierto, ¡qué difícil!) pero es muchísimo peor ser un Job envenenado, un Job que maldice. Eso sí que es horrible.

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