25 septiembre, 2007

CARTA DE AMOR

Hace dos o tres años en un progama de radio había un concurso de cartas de amor. Al principio se me ocurrió que podía escribir una carta ficticia con algunos personajes (él y ella) poco comunes.
Al final terminé escribiendo una carta a mi esposa. En mi ingenuidad aún creí que podía ganar el premio del mes o de la semana o de lo que fuera. No gané nada. Ahora cuando la leo me parece que no es demasiado buena. Con todo, para bien o para mal, refleja bastante lo que siento.
Como siempre me harto de contaros lo mucho que deseo a otras mujeres (sólo de lo negado canta el hombre...) se me ha ocurrido colgar aquí esta carta para ilustrar otra faceta de mi realidad.
Te quiero. Te quiero desde que tenías veinte años. Te quiero con un amor tranquilo. No con esa locura romántica del joven que ama y que muchas veces no se diferencia del puro deseo.
Te quiero con un amor tranquilo, cotidiano. No es la pasión del amante fortuito. Ni el sentimentalismo voluble que se siente hoy pero no se sentirá mañana. Te amo con una profundidad que no es sólo fruto de mi corazón sino también de mi cerebro, de mi voluntad. Te quiero con todo mi cuerpo.
Te quiero con un amor tranquilo. Humilde. Sin aspavientos. Con ese amor de las aguas profundas, que pesan oscuras, a muchos metros, en lo más hondo. Te quiero con ese amor sólido, quieto, que tienen las piedras al terreno en el que están, y que nadie percibe cuando pasa a su lado.
Te quiero con un amor tranquilo, diario, con un amor de compañero y cómplice. El de quien sabe, con seguridad, que quiere vivir el resto de su vida a tu lado. El del que camina a tu vera y ya ni quiere ni puede imaginar una compañía diferente.
No es que esté dispuesto a darlo todo por ti, hoy. Es que estoy seguro que quiero darte mi vida mañana. Y pasado mañana. Y siempre. Y eso lo sé desde hace tiempo, lo sabe todo mi ser.
Pero sé que no soy desinteresado. Sé que recibo más de lo que doy. Y que si el mío es firme el tuyo es mayor si cabe. Y nunca dudo de él y sé que es inconmovible, como las montañas.Y te quiero, sobre todo, porque ambos queremos algo más allá de nosotros mismos. Porque de nuestro amor ha nacido, como su culminación, un bien aún más preciado que nuestra propia felicidad. Aquello por lo que luchamos juntos cada día: nuestros hijos.

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Alguien decía que a las palabras de amor les sienta bien un poquito de exageración. No le vas a decir a tu novia que la quieres bastante.

3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con lo de la exageración. Por eso me gusta un chiste de Forges donde dos amantes contra un crepúsculo se dicen:
    -¿Me querrás siempre?
    - No.

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  2. Buen chiste.

    Pero también es verdad que la idea que tenemos sobre el amor influye en cómo será el nuestro.

    Si ya de partida aceptamos que el amor es siempre pasajero y se acabará (como hace ahora la gente) estamos marcándole al futuro un camino que yo no le quiero marcar al mio.

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  3. En la película "Manual de Amore" lo presenta como algo cíclico.

    Enamoramiento, aburrimiento y crisis, infidelidad o padecimiento de la infidelidad y nuevo enamoramiento.

    Pues muy bien, pero pa ellos.

    Eso sí, la película es graciosa

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