16 junio, 2007

MY SON AND MY SONG

Es sábado por la mañana y estoy en mi despacho escuchando la música que me apetece.

Esto, que a cualquier persona parece algo normal, no lo es tanto. Y os explico la razón. Esta habitación es el “aula de ordenadores” y tenemos dos: el de mi hijo y el mío. Mi hija chatea durante mi siesta y por la noche otro rato en el que yo utilizo. En las familias actuales cada persona tiene su propia pantalla desde la que conectarse al mundo. La de mi mujer es principalmente la de la TV.

A lo que iba. ¿Por qué es poco usual que yo escuche mi propia música? Porque sufro la dictadura musical de mi hijo. Desde su PC es el dueño absoluto del espacio acústico. Pero esto se ha acabado. Excepto los domingos todas la mañanas trabaja ahora en un supermercado de reponedor. Cayó la tiranía. Al menos hasta las cinco que llegue a casa.

A mí hijo le han quedado tres en segundo de bachillerato y las estudiará en el verano.

Como en junio estaba libre pensamos su madre y yo que le venía bien trabajar para que supiera lo que es una jornada de curro físico y cogiera con más gana el estudio en julio y agosto.
Mi hijo ha sido un niño bastante enmadrado. Al contrario que mi niña, muy resuelta e independiente, él siempre ha sido tímido con los extraños. Le cuesta pedir algo en un bar o en una tienda. Creo que este mes lo va a hacer madurar bastante. Se levanta a las siete y vuelve a casa al comienzo de la tarde. Yo nunca hice algo parecido a su edad y estoy muy orgulloso de él. Está contento y no se queja nunca. De esta manera saca dinero para pagarse el verano que nos espera en Arenas de S. Pedro, que para él, como sucede con esos sitios a los que sólo va uno de vacaciones, es el paraíso en la tierra.

Aviso a padres primerizos. Si en el coche, con los niños, vais siempre escuchando música infatil mucho cuidado. Es sólo el principio de una invasión imparable. Resistiros. Comprarle auriculares, cascos, lo que sea. Si “vuestra vida” es ya para siempre “su vida”, no dejéis que también dominen las ondas.

Me voy a tender la ropa. Es algo que hacía mi hijo pero de lo que lo hemos relevado en vista de su larga jornada de trabajo.

4 comentarios:

  1. A mi me tocó una época muy dura con la mi niña: la de las spice girls y los backestris boys. Tremenda. Acabé por aprenderme los bailes...Sufrí varias fiestas de pijamas y de aquellos tiempos aún conservamos costumbres como los maratones (primero de Friends, ahora de Perdidos)Mi casa sigue siendo la sede de esa panda brujas. Y yo estoy encantada, que conste

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  2. pipurrax, se me olvidaba. El texto es este

    "En una revista que tengo delante hay un chiste gráfico en el que se ve que un tipo muy grande y con cara de bestia ha hundido un hacha en la mitad de la cabeza de otro bastante más bajito. El propio asesino, después de haber cometido semejante barbaridad, dice: “Debí tener una infancia muy traumática, porque si no, tanta violencia no se explica". Hay que echarle morro. Haces algo malo, pero te quitas la responsabilidad culpando a la vida que te tocó vivir."

    ¿Lo recuerdas? ¿Lo conservas?

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  3. No lo conservo, pero sí lo recuerdo. Ese tipo de personas suelen decir cosas como: "no soy un santo", un truco para, poniendo el listón muy alto, estar más acompañado debajo.

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  4. Me parece muy inteligente el comentario al "no soy un santo". Si me lo llegas a decir antes, también lo meto in the book.

    ¿Dibujas algo aún?

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