06 diciembre, 2016

El novio del mundo.

Sigo leyendo a Felipe Benitez Reyes. Estoy ahora con El novio del mundo. Tan divertida como –El azar y viceversa.

La creencia de fondo de este autor es que la vida está gobernada por el azar. No hay sentido, no hay providencia, todo es absurdo. El azar ciego aparece por doquier explícitamente. No participo de esa creencia, pero el autor cuenta las cosas con tanta gracia que cautiva. La palabra que mejor lo define creo que es “ingenioso”. El ingenio son serpentinas y fuegos artificiales. En seguida se convierten en nada, pero entretienen el tiempo. 

Creo que Peter Berger en Rumor de ángeles defiende que el humor es un signo de la trascendencia. Poderse reirse, poder mirar las desgracias humanas con humor es un modo de mostrar que ese dolor puede ser trascendido. Que la muerte no es la última palabra.

La gracia que exhibe Benítez Reyes constantemente de algún modo no reconcilia con los males que narra. Supongo que todo esto es una justificación que me busco para seguirlo leyendo pero lo paso muy bien y me parece que merece la pena.

Me llama la atención que esta novela, El novio del mundo, que mereció el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura sea más ácida que El azar y viceversa. Parece que con los años el autor (nació en 1960, un año después que yo) se hubiera dulcificado y hecho más amable. La pasión de la juventud, extremada, da paso a una visión menos amarga de la existencia.


Ambas novelas merecen la pena ser leídas. . 

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