17 agosto, 2016

Gatos abandonados 1.

Daenerys es ahora la gata de mi cuñado, el hermano más pequeño de mi mujer. Pero no siempre fue así. Hace unas semanas, cuando a principios de julio llegamos a Arenas, era una gata diminuta que vivía en la calle pasando hambre. Tres mañanas, no recuerdo si consecutivas, apareció debajo de nuestro coche aparcado a la puerta de casa, maullando suave. Algunos vecinos dijeron que llevaba días rondando por fuera de la urbanización y estaba claro que no tenía dueño, pero tanto mi mujer como yo dijimos que no podíamos tener un tercer gato y que lo que le sucediera no era nuestro problema.

Daba grima verla. Estaba sucia, tenía cosas pegadas a las pezuñas, las orejas estaban llenas de ácaros (según nos diría después el veterinario) y nadie hubiera dado un duro por su vida.
Cuando por fin decidimos protegerla en el garaje y darle comida, nuestros gatos sentían un enorme temor en su presencia. Si ella pretendía acercarse a Zepán con inocencia infantil, él bufaba como pocas veces le hemos visto hacerlo, lo que hacía que ella se detuviera en seco.


Convivieron muy pocos días y siempre a distancia y cuando volvimos a Salamanca aquella a la que nosotros habíamos puesto Khaleesi pasó a llamarse Daenerys y ser la gata de mi cuñado. 

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