20 julio, 2016

Escrito de noche.

Estoy vivo, tengo 56 años aún, y soy feliz.

Y soy feliz porque he aprendido que puedo renunciar a ser feliz. (Tomad esta frase con todas las reservas que haga falta… pero dicho queda).

Soy feliz porque creo que hoy estoy mejor preparado para vivir que cuando era más joven. Soy feliz porque creo que aún puedo mejorar mucho mi vida. Aunque solo sea por el enorme cambio de aceptar que mi vida sea lo que ya es. O dicho de otro modo, y aunque resulte paradójico, la manera de mejorarla es renunciar a hacerlo y aceptarla como es.

Soy feliz porque no encuentro motivo en mi vida para maldecir.

Alguien puede preguntarme… ¿dices que no tienes motivo para maldecir? ¿y ayer porque te disgustabas tanto -por dentro- por la manera chapucera como tu mujer arreglaba ese “pequeño” desperfecto en el coche que ella misma había causado?

Cierto. Me revientan las mismas cosas que me reventaban antes. Eso no ha cambiado, ni creo que vaya a cambiar. Algunos días mi vida puede parecer la vida de alguien infeliz, pero solo en apariencia. Ya no me dejo engañar. Ayer había dormido mal –y lo sabía- y la vida se me antojó desde el primer momento llena de peligros y amenazas terribles. Pero fui consciente de que todo era un engaño, debido a mi falta de sueño. Desde el primer momento también me di cuenta de que soy un ser nuevo que sabe gestionar su vida mejor que antes y me puse manos a la obra.

Hace un tiempo, me habría empeñado en sobrellevar el mal día a pelo, sin tomar media pastilla de lorazepan, y mi falta de humildad, el no querer admitir que mi humor es muy frágil, habría obligado a mi mujer a aguantarme todo el día rezungando, lamentándome, irritado, triste, enfadado con la vida.
Pero… ¿qué me cuentas? ¿Necesitas un tranquilizante también en vacaciones?

Ay, dios mío. Si solo fuera eso lo que necesito. Soy alguien muy necesitado, pero ya sé la lección. No somos dioses así que relajémonos. Y eso hice, me relajé. Y como pensé que no sería capaz de hacerlo sin ayuda de la medicina lo hice con ella. Y mi mujer encantada y yo también.


Lo repito. Estoy vivo, la vida es maravillosa y soy un hombre feliz.

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