08 febrero, 2016

Leyendo vidas de santos.

Me ha gustado mucho El olvido de sí. 

Son muy interesantes las reflexiones sobre la experiencia religiosa. A veces no sabe uno si las ideas son de Foucauld y conoce su experiencia por la extensa correspondencia del biografiado o por el contrario pone su propia experiencia religiosa en boca del personaje. Seguramente hay algo de ambas cosas. Al fin y al cabo, la experiencia mística dicen que es similar y común a todos los que la logran.

Comienza diciendo que va a escribir sus memorias, pero que se trata de un libro sobre el ayuno y el silencio. Del ayuno no recuerdo que hable con detenimiento.

En una ocasión cuenta que se mortifica la espalda con unas correas, como látigo. No sé qué importancia tendría eso en la vida de Foucauld. D'Ors pasa de puntillas y no le presta atención. Seguramente porque no coincide con la sensibilidad actual.

Pero el libro merece la pena. Ya lo releeré y pondré aquí algún fragmento.




1 comentario:

  1. Cada cierto número de años hago un ayuno de unos diez días en que no como nada, e ingiero solamente un brebaje hecho con sirope de arce y palma con zumo de limón. Al principio sientes dolor de cabeza (a las 24-36 horas de no comer), flatulencia y gases malolientes son expelidos con fruición. En esas ocasiones estoy solo en casa. Lo hago en verano y mi familia está de vacaciones. Al cabo de cinco o seis días ya no percibo la sensación de hambre y de alguna manera me siento más ligero, más espiritual. Pienso en la comida pero no me aflige su falta. Más bien el problema está en que las comidas nos ordenan la vida. Todo es antes o después de comer y nos sirve como referencia. Al faltar esto, el día fluye de otra manera. Suelo leer bastante en estas ocasiones y me entra la literatura de modo distinto. Una de las novelas que leí en una de estas ocasiones fue Nada de Carmen Laforest. En ella, Andrea, la protagonista, también pasa mucho hambre en su piso de la calle Aribau. Podía entender mucho mejor la sensación que me expresaba la novela. No lo hago por un propósito espiritual, sino por experimentar. Alguien lo hace para depurar el organismo que también. En todo caso, puedo entender que el ayuno sea una circunstancia que ayude a promover estados de espiritualidad y misticismo. Es verdad que te sientes menos apegado a la tierra, más etéreo, menos contaminado, menos culpable tal vez. En esa renuncia hay una apuesta importante.

    Hay un relato de Franz Kafka que se titula El artista del hambre en que el protagonista, un ayunador profesional, se muestra dentro de una jaula practicando el ayuno durante varias semanas. Él se siente un artista y lamenta que le público que lo mira como un espécimen de feria no se dé cuenta de la dimensión de lo que hace. Kafka comía muy poco. Los últimos siete años de su vida (murió a los cuarenta) apenas comía. Medía uno ochenta y pesaba cincuenta y cinco kilos. Al final sufría mucho al ingerir alimentos por la tuberculosis de laringe que padecía. Es en esta época cuando escribe este relato que he pasado a mis alumnos.

    Esta experiencia te falta, Loiayirga, y sé que te va a interesar. Pero tienes que estar solo porque uno se vuelve menos sociable esos días en que esta inmerso en esa situación. Hacer meditación a los cinco días de un ayuno es un acto potente e inolvidable.

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