04 noviembre, 2015

A vueltas con el yo y la dignidad. (Conversaciones con Joselu)

Joselu insiste en respuesta a mi post de ayer que el yo es lo único valioso que tenemos.


Nuestro problema, el problema del ser humano, es que es “un pobre viejo”, con dinero y sin él, joven o viejo. El problema es que el hombre es un ser desvalido, un incapaz y una inanidad. Y cuanto antes se dé cuenta de esto mejor para él. La dignidad del hombre no es algo que él se haya fabricado sino algo que recibe de otro. "Si el Señor no construye la casa en vano trabajan los albañiles". Cuanto antes se dé cuenta de que los intentos del yo por ser alguien son tan inútiles como los esfuerzos de un niño que se pone de puntillas para alcanzar la luna antes conocerá su condición y podrá vivir en la verdad.

Si la mirada del taxista puede quitarle la dignidad a mi padre... triste dignidad la suya. 

Joselu, que tu vejez no sea humillante, como tú dices, no dependerá de ti. Ninguno sabemos cómo nos tratará la vida al final. Lo que si puede estar en tus manos es lo que sepas de la vida para entonces. Me gustaría llegar a la vejez sabiendo que el valor de una persona no depende de cómo lo miran los demás. Algo que con el corazón aún no se. 









Por otro lado, supongo que ya sabes cómo se suicida un bloguero: se arroja desde lo alto de su ego. Que tú o yo quisiéramos presumir de no preocuparnos por nuestro ego sería como querer cuadrar el círculo. 

2 comentarios:

  1. La mirada del taxista no puede darle o quitarle la dignidad a tu padre, pero nos hacemos en relación a los demás y a cómo sentimos nosotros esa relación. Sin duda, yo necesito como profesor ser respetado, y me gusta ser querido y sentir el afecto de mis alumnos. Puede que yo tuviera la misma dignidad si los alumnos no me respetaran o sintiera su desprecio o su burla. Puede que la tuviera pero yo lo viviría mal. Y me haría cuestionarme todo y es probable que eso originara una espiral de pensamientos negativos que desembocaran en una depresión. Lo he vivido así que no teorizo. Puede que la dignidad nos venga de serie por el hecho de ser humanos y que seamos todos poco más que nada, pura inanidad, pero esto no funciona así, Loiayirga. Necesitamos sentirnos sólidos en nuestra posición y respetados lo que muchas veces se consigue mediante pequeños actos de deferencia que recibimos. Pagar al taxista pudiera que a tu padre le diera una pequeña sensación de encuentro con el taxista, cruce de miradas, una muestra de respeto al que paga como cliente. Pero eso no le está permitido. Es viejo. Y a los viejos se les retira todo porque son viejos y chochos. Y, el hijo, el buen hijo que necesita sentirse justificado en su posición respecto a su padre, desenfunda frases bíblicas y un pseudobudismo para apoyarse a sí mismo y reforzar la teoría montada respecto a sus padres. Sus padres no dejan de ser un latazo a los que mira con una mezcla de condescendencia y hartazgo. Pero necesita sentirse bueno y necesita que los lectores de este blog sintamos empatía por su peripecia vital. Si no, no sé que espera cuando nos cuenta sus reacciones al ir a visitar a su madre o sus consideraciones respecto a su padre. Su padre es como si no existiera. Es una molestia comprensible para su estilo de vida. Visitas pesadas y anodinas. Es la clásica molestia de los viejos que lo único que tienen que hacer es lo que todos imaginamos. Y llegará. Pero Loiayirga necesita perdonarse a sí mismo y hacernos partícipes de ese perdón (Si no, ¿por qué nos lo cuenta?). Dice que su padre debe acostumbrarse a vivir en el grado cero, lo que es, nada, inanidad pura. No tiene derecho a pagar el taxi porque no es nada ni nadie. Y debe saberlo y aceptarlo. Y amplía a la vida -para justificarse a sí mismo, reitero- y a él mismo esa falta de noumeno o entidad. No somos nada, como dice la copla. Pues su padre tiene que saberlo y si se rebela contra ello será inútil. No se puede ceder ante los caprichos de un viejo que lo único que puede hacer es eso. Y aguantarse. La vida es irse acostumbrando a esa verdad que es que la vejez es acercarse a la nada para llegar a la nada definitiva.

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  2. A todo esto, me gustaría oír la versión de tu padre, pero tu padre no tiene blog aunque ha habido mujeres de 97 años al que un nieto le había creado un blog y dicha mujer, sí mujer, expresaba su sentir acerca del mundo. Vivió hasta los 99 años pero esos dos años en la red fueron geniales para doña Amelia. ¿No has pensado en proponer a tu padre la creación de un blog para que exprese eso que siente todavía? Tú serías su transcriptor, y tal vez descubrirías cosas que tal vez ignoras de la vida y de tu padre.

    Este blog no deja de ser una confesión en circuito abierto de modo anónimo para que los lectores perdonen a Loiayirga. Tal vez Loiayirga necesitaría oír que tiene razón, que está én lo justo, que es muy bueno y generoso. Loiayirga se siente fatal consigo mismo y necesita nuestro perdón. Pero ¿acaso no afirma que la dignidad viene de Dios? ¿Por qué necesita nuestro perdón? ¿Por qué se expone públicamente a modo de desnudamiento interior -lleno de racionalizaciones para autojustificarse- ante nosotros?

    Y sí, ciertamente, los blogueros tenemos mucho ego. Yo soy bastante narcisista. Me costó aceptarlo, pero una exalumna con TLP, me confesó que ella también era narcisista y compartimos mutuamente nuestro narcisismo. Y entonces descubrí que los narcisistas, no todos pero sí algunos, son gente más de fiar que muchos que se encogen y se golpean en el pecho, diciendo Yo pecador, me confieso a Dios todopoderoso ... Creo que era así.

    jajajajajajajajajaja

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