31 mayo, 2015

Retazo sin publicar.

Sigo visitando cuando puedo a mi madre en su residencia. Las últimas veces estaba tranquila, paseamos de la mano, y ahora, con buen tiempo salimos a un pequeño jardín de la residencia. No es que esté deseando que lleguen esos ratos, pero supongo que algún día los echaré de menos. 

Esto lo escribí hace meses y creo que no lo colgué. 

Esta tarde, estando en su casa, donde aún vive mi padre, entré, hacía tiempo que no entraba, en la habitación en la que ella solía ver la TV. La soledad del sitio y su sillón vacío me hicieron sentir su ausencia. Ya nunca más se sentará allí. O, desde luego, nunca más lo hará estando cuerda. Y sentí pena, pero a la vez una tranquila aceptación: Un “asíeslavida” y un “quéselevaahacer”.

1 comentario:

  1. Supongo que es una actitud sana la tuya. La vida es inexorable y el tiempo todo lo deshace. Tu madre fue fuerte y sólida en otro tiempo, y ahora es frágil y dependiente, aquejada de alzhéimer. Ya no es la que tu conociste. Está en otro lado. Algo así nos pasará a nosotros y podemos anhelar que haya un hijo que vaya a pasear con nosotros y darnos la mano como haces tú.

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