27 mayo, 2015

Alabando un comportamiento.

Entre los consejos que daba Arcadi Espada para escribir un obituario estaba este:

Evite convertir una muerte natural en un suicidio , tipo “se fue tan discretamente como había vivido”
Creo que alude al hecho de que si la muerte es larga, corta, repentina o dilatada no depende del muerto. Por eso, parece lógico que no queramos ver en ello un mérito o un demérito.

No voy a caer yo en ese error, pero lo que sí se puede alabar es la manera con la que uno lleva una enfermedad. Mi cuñado, al que incineramos hace una semana, la llevó con una entereza que ya querría para mí. Desde el principio supo la gravedad que revestía su tipo de cáncer y sin embargo nunca quiso cargarnos con su preocupación y su tristeza.

Resulta misterioso por qué  alivia contar nuestras penas. Lamentarse, quejarse, manifestar nuestro dolor parece que fuera un modo de disminuirlo. Como si la carga que uno soporta pudiera llevarse entre dos, al ser conocida por el otro. Y de algún modo es así, porque la persona a la que se le cuenta se siente afectada y padece junto al otro, y aunque él no sufra directamente el dolor, o la enfermedad o lo que sea, sí lo hace y le desgasta, en algún sentido,  como si él sufriera también. De ahí lo que llaman el síndrome del cuidador.

Es imposible que mi cuñado no tuviera preocupación y miedo, pero nunca quiso trasmitirlo a los demás. Al menos por lo que yo sé. No hablaba mucho de su enfermedad y cuando lo hacía era para dar cuenta de cómo iba, no para lamentarse, quejarse, llorar, ni nada de eso. Supongo que la procesión iría por dentro y quizás con su mujer  se desahogara y fuera distinto. No lo sé.


Será egoísta por mi parte pero yo agradezco su comportamiento. Y me gustaría comportarme así, aunque no creo que lo haga si tengo ocasión. Soy de natural llorón y de quejarme mucho, como podéis ver en este blog. 

1 comentario:

  1. Concuerdo con tus reflexiones sobre tu cuñado y su discreción. Tal vez en esa tesitura se muestra el temple de las personas. Me gustaría parecerme a tu cuñado cuando me llegue el momento. el dolor de uno mismo hay que llevarlo sobre las propias espaldas y procurar no proyectarlo sobre las de los demás. Esa es la idea, claro, pero ...

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