21 abril, 2015

Las uvas de la ira, el sufrimiento de los otros.

Ayer vi Las uvas de la ira de J. Ford por primera vez. Sorprende que mantenga una vigencia tan enorme. Mutatis mutandis. La aparición de la maquinaria agrícola desaloja  de sus tierras en Oklahoma a una familia, como a otras, que emigra a California en busca de trabajo y un futuro mejor. En el viaje, lleno de penalidades, mueren el abuelo, también la abuela, y poco a poco van perdiendo la esperanza de encontrar de nuevo su lugar en el mundo.

Es horroroso pensar que hoy en día suceden cosas parecidas, a las que doy la espalda. Mi mujer y yo contribuimos con un cierto dinero a unas cuantas ONGs pero no queremos saber nada más. Podía ser peor, podríamos no acordarnos de los pobres ni para eso. Pero como decía Pascal quien no ama demasiado no ama suficiente.

Es algo parecido al sufrimiento de mi madre. Estoy dispuesto a entregar una hora al día. No me pidas más. Estoy dispuesto a gastar un pequeño porcentaje de mi sueldo para aliviar la pobreza y la necesidad de otros, pero por favor: apartadlos de mi vista. Dejad que me entretenga viendo series, estudiando inglés, saliendo con mi mujer y la caravana, haciendo chistes con los compañeros, escribiendo mi blog, leyendo lo que me gusta. Dejad que haga mi vida. No me agobiéis con el sufrimiento del mundo. 

Hace ya unos años, mi padre decidió ver solo películas amables. Fuera tortura, pobreza, guerras, injusticias y atrocidades. En ocasiones comienza a pasarme lo mismo. Ayer disfruté de la película, me emocioné y sufrí también. Pero me doy cuenta de que no quiero ser muy consciente de cómo vive mucha gente en el mundo.


No me siento orgulloso de mi conducta, lo he dicho otras veces, pero es la que es. Contándola aquí, reconociéndola aquí como pecadora, quizás me sienta –de algún modo- un poco perdonado.

1 comentario:

  1. A nadie atrae la fealdad del mundo, es normal no querer verlo y vivir tranquilamente la propia vida. Yo lo hago también. Supongo que es un signo de sanidad y del egoísmo sano que nos debe nutrir. Por eso me interesan esas personas que no eligen esto que hacemos tú y yo sino que se van a luchar contra el ébola o las enfermedades infecciosas en su origen, contra la pobreza, etc. Son de una dimensión que no cabe en mi estrecha mente conformista. Pero gracias a ellos que están en primera línea y a nosotros que colaboramos en tercera línea con algunas ONG's el mundo es menos feo, o igualmente lo es, no sé.

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