20 abril, 2015

El y la ausencia de ella.

Mi hermana piensa que mi padre es un autista emocional y que nunca se ha preocupado de nadie. Sin duda es una exageración, aunque tenga un punto de verdad.

Todos observamos expectantes su reacción ante la ausencia de mi madre. Aunque por las mañanas telefonea a la residencia para preguntar, es evidente que puede vivir sin ella. Incluso que puede vivir feliz.


Mi padre y yo nunca hemos hablado de sentimientos. Hoy cumple 94 y a solas con mi cuñado, con quien tiene más confianza que conmigo, le explicaba que estaba triste porque se sentía muy viejo y mi madre ya nunca volvería. “Alguna vez, me he levantado con intención de decirle lo mucho que me molestan los ojos y de pronto me doy cuenta de que ya no está aquí”.  

1 comentario:

  1. ¡Qué desasosegantes son estas reflexiones sobre tus padres, su vejez, su enfermedad, su autismo emocional, su desasimiento ya de las cosas! Uno querría creer que hacerse viejo fuera crecer en sabiduría y conocimiento pero parece que no. Mis padres no me lo muestran así. Tal vez mi padre. No sé si mi madre. La vejez es la última prueba, no sé si la más dura, pero, en todo caso, abrumadora, terrible, durísima, aunque se vele por la inconsciencia, el embotamiento emocional, la indiferencia...

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