27 abril, 2015

La ortografía, again.

Ayer, en el blog de Pseudópodo, cometí una falta de ortografía. Otra más.

Escribí banalidad con "uve". A mí me parecía que debía tener que ver etimológicamente con vanidad, con vano, con vacuo, con vacío.


Entonces me acordé de este video de hace ya varios años. 



Como seguramente Joselu no lo ha visto se lo brindo. Este video fue grabado en el 2007. Ahora tengo 54 años. Me parece que me jubilaré poniendo alguna falta de ortografía que otra. Y ya lo siento. Pero no puedo evitarlo.

3 comentarios:

  1. ¿No será "vis cómica"? Ni a propósito.

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    1. Obviamente es una falta de ortografía bis...

      Muy bueno el vídeo, lo vi en su día pero ya no recordaba bien el tema. Es un monólogo muy cómico aunque seguramente no todo el mundo lo encuentre así. En cuanto a las faltas de ortografía, yo creo que se relacionan sobre todo con que la memoria sea más visual o más auditiva. Yo "veo" la palabra, más que oírla, y por eso es difícil que ponga faltas. Sucede igual con los nombres extranjeros, los veo muchas veces mal escritos y me sorprende porque a mí no me pasa. A cambio, tengo muy mala memoria para las anécdotas o los argumentos de las películas o las novelas. Sin ir más lejos, aquí recordaba bien la imagen del vídeo, la toma, el tono de voz, hasta el color del jersey, pero había olvidado que hablabas de ortografía.

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  2. Tu sentido del humor es extraño, pero es cierto. Cuesta pillártelo pero creo que voy haciéndolo. Tu vídeo es impagable. No me he reído puertas afuera pero por dentro me tronchaba de risa. Exponerte así ante la cámara explicando tus limitaciones como profesor y ortógrafo es algo insólito. Es una buena actitud la de reírte de ti mismo, tan serio aparentemente, pero con una vis cómica innegable. Yo no soy capaz de reírme de mí mismo. Es una carencia que arrastro. Antes, hace años, tenía un sentido del humor de tipo surreal que me hacía reír si encontraba a algún compañero que fuera cómplice conmigo. Había uno que es profe de Filosofía, pero cambiamos los dos y dejamos de reírnos juntos. Hay pocas cosas que me hagan reír. Sí, algunas, claro. Generalmente pillo los chistes tarde y no me hacen gracia. En mi casa, mi mujer y su familia son capaces de desternillarse de risa viendo cómo la gente se cae y se da mamporros. A la abuela le encanta Lina Morgan, Paco Martínez Soria y demás. Cuando era adolescente me hacía reír Álvaro de la Iglesia. La conjura de los necios que es un libro de culto de humor solo despierta en mí bostezos. Y el mismo Pepe Rubianes, al que vi en un teatro que se venía abajo con las risas, fue incapaz de hacerme sonreír ni una sola vez. Limitaciones que tiene uno. Pero lo tuyo es el humor. raro, pero humor.

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