19 febrero, 2015

Un librero de viejo.

Los seres humanos necesitan vivir para algo. Y cuando no saben para qué se vuelven coleccionistas. Estuve hace unos días comiendo en casa de un librero de viejo retirado que al menos reconocía que el coleccionismo era algo irracional. Le conté lo que sabía de ese mundo por Trapiello y sin hacer mucho caso él me explicó que de Trapiello tenía varios libros, uno sobre tipografía.


Me repitió aquello de que un librero de viejo es una persona que comienza con un millón de pesetas y un libro y termina con un millón de libros y una peseta.

Dicen que la pedantería es el homenaje que ´la ignorancia rinde a la sabiduría. Algo así creo que le sucede al que colecciona libros. Sabe que la cultura es importante y termina confundiendo el continente con el contenido. Y aquí es dónde esta entrada conecta con la de ayer. Confunden a la divinidad con su representación. Adoran la estatua y se olvidan de Dios. Me enseñó un montón de clásicos griegos publicados en Gredos. Ni él ni yo vamos a dedicarnos a leerlos pero él los tiene y yo no. Para lo que cuenta de verdad, es una diferencia irrelevante.

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